martes, 16 de febrero de 2010

EL VALLE DE LOS CAÍDOS ESTÁ BIEN CUSTODIADO


Como un silencio largo y vigilante
son pluma y bronce en la aridez del muro,
para negar cualquier designio oscuro
y dar eternidad a cada instante.

De la nube a la piedra en vuelo amante,
desde la gloria al pensamiento puro,
cristalizado en éxtasis. Conjuro
de nube y flor en un trenzar triunfante.

Ala de viento y sombra levantada.
Cuatro manos de amor sobre la espada,
velándole a la muerte su reposo.

Guarda de Dios que espera conmovida
un nuevo retornar hacia la vida
de este polvo de España luminoso.

Julio Alfredo Egea

El Templo del Señor de los Ejércitos no puede ser profanado.

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