jueves, 8 de diciembre de 2011

ESPAÑA ES LA INMACULADA


Escribía hace un siglo Donoso Cortés: "El español es un pueblo épico; cuando apartamos los ojos, humedecidos con lágrimas de su miseria presente y los fijamos en los tiempos de su pasada grandeza, un santo y respetuoso pavor se pone en nuestros corazones y humillando nuestras frentes al verle pasar, decimos: Aquel que pasa por allí, dejando atrás un surco luminoso, es el Pueblo de quien nosotros venimos, es el noble Pueblo Español, tan famoso por sus pasadas glorias como sus infortunios".

Bajo los efectos cada vez más implacables de una como venganza bíblica, contra el Pueblo que llevó el Evangelio a más de la mitad del orbe, y por el que hoy todavía más de la mitad de la Iglesia debe su fe a la sangre y la predicación española, día tras día España va dejando de ser España. La Revolución anticristiana no se contenta, como en otras partes, con poner la nación entera al servicio de la misma Revolución. Para el caso de España, el infierno ha decretado desde hace siglos, la liquidación física de España. El padre de la mentira es asesino. Asesino de almas y asesino de cuerpos. Primero mata las ideas, los principios, las verdades de las que viven las almas. Luego hace que se asesinen los hombres. Somos testigos de los últimos esfuerzos por arrancar el alma a España. Desde el odio a su bandera, hasta la supresión de las fiestas religiosas. La muerte a diario, el asesinato cobarde, de hijos de España, han jalonado todos los meses de este año de infortunios de 1980 que hubiera convertido la pluma de Donoso Cortés en un trasunto de la inspiración del profeta Jeremías.

Peor hay un grito que nos llena de esperanza: ¡España es la Inmaculada!. La Generalidad pre marxista instalada sobre las ruinas de la auténtica Cataluña hispánica, con el consentimiento de los obispos de Cataluña, ha suprimido la fiesta de la Inmaculada. El gobierno de España, con la posición oportunista también de muchos obispos, se frota las manos ante la próxima aprobación de una ley del divorcio, golpe mortal para la familia española resquebrajada en su espíritu cristiano. No hemos llegado aún a apurar el cáliz de los males que va a permitir el Señor, para purificarnos de muchos pecados como hemos cometido. Pero no temáis, que la virgen Inmaculada vencerá en esta batalla, que no se riñe con armas de acero, sino con oraciones, sacrificios y deber

José María Alba Cereceda, S.J.
1980

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