viernes, 30 de enero de 2009

OBJECIÓN EpC

Seguimos dando vueltas a la controvertida asignatura de Educación para la Ciudadanía. Y creo que va para largo y será al final cuando podamos sacar conclusiones de verdad.

El problema tiene dos vertientes: individual y colectiva. Pero la concepción del mismo, desde la óptica militante del que quiere resolverlo, sólo puede ser tomada en sus causas. Se equivocan, y luchan en balde, aquellas buenas gentes que frente a este tipo de trances intentan sofocar a toda costa las consecuencias y se olvidan del origen. Porque la metástasis sólo se combate localizando el cáncer y acabando radicalmente con él. Si logramos la objeción con Educación para la Ciudadanía, ¿algo habrá cambiado en los colegios? ¿Serán mejores y más libres nuestros hijos? ¿Saldremos de los porcentajes abrumadores en fracaso escolar? ¿Tendrán una formación integral, basada en los valores y principios inmutables?

El sistema. Todo el sistema, sus cimientos y raíces, es el origen y la causa primera. El entramado que legitima, si así lo decide la mayoría, una guerra injusta en Irak, un genocidio permanente de niños o costear con dinero de todos a los maricones, sus fiestas y sus amputaciones.

La milicia católica no está llamada a reponer los parches repugnantes de un sistema horrendo sino a combatirlo hasta derribarlo para construir una nueva civilización, del ayer y del mañana, basada en el sacrificio y el amor, el trabajo y la justicia, la Verdad, la Patria y la Fe.

Hay que objetar. Por supuesto. Pero no sólo a EpC, sino al sistema entero. Hoy más que nunca, necesitamos el doble filo de la espada. A diestro y siniestro.

Miguel Menéndez Piñar

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