miércoles, 31 de marzo de 2010

SEMANA SANTA, ¿LA VIVES SANTAMENTE O COMO PAGANO?


¿Semana de vacaciones o de luto?

Queridos católicos:

El Jueves Santo, el Viernes Santo y el Sábado Santo forman el Triduo Sacro. Son los días de la Semana Santa, de la semana más importante de la historia de la humanidad. Porque de nada hubiera servido la Creación si no hubiera habido la Salvación.

La Semana Santa es la semana de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Pasión significa sufrimientos, muerte de Cristo en la Cruz. La Pasión, la Redención, la Salvación y la vida eterna para nosotros están vinculadas. Sin los sufrimientos, sin la Cruz y sin la muerte de Cristo no hay Salvación para ti.

Cristo se hizo nuestro cordero que carga con nuestros pecados. Cristo quiere “morir a fin de satisfacer en nuestro lugar la justicia de Dios, por su propia muerte”, dice Santo Tomás de Aquino en su Suma Teológica (III, 66, 4).

Cristo acepta ser maltratado para que tú no lo seas eternamente; Cristo acepta ser flagelado para que tú no seas flagelado por los demonios y el fuego en el infierno.

Cristo acepta gustar la tremenda sed de la Crucifixión y la muerte amarga de la Cruz, para que tú no padezcas la sed eterna de felicidad. Cristo acepta ser deshonrado en la Cruz para que tú no seas deshonrado y confundido en el día del Juicio final.

Y tú, hijo, ¿qué haces en esos días de la Semana Santa, mientras que tu Señor está muriendo en tu lugar para salvarte? ¿Cómo los empleas? ¿A dónde vas? ¿Por qué los profanas?

Si en esos días tu patrón te dispensa de trabajar porque es Semana Santa, semana de luto, semana de la muerte del Hijo de Dios, tú deberías saber muy bien que esos días santos no son días de vacaciones, ni de disipación, ni de playa. Son días de penitencia, de oración y de lágrimas.

El Hijo de Dios hecho hombre está luchando contra el demonio y la justicia divina para librarte. Sí, para librarte a ti y a tu familia del más grande peligro que pueda existir: el de la perdición eterna. Sábelo, incúlcalo en tus hijos, para que sean agradecidos con su Salvador.

Es Dios mismo quien te lo dice: “Sin efusión de sangre no hay remisión de pecados.” (Hebreos 9, 22). Y esa sangre que borra tus pecados es la de tu Bienhechor: Nuestro Señor Jesucristo. Sobre todo no digas que no has pecado y que no necesitas del perdón. Si lo dijeras manifestarías tu gran ceguedad e ignorancia.

Ningún hombre puede conseguir por sí mismo el perdón de sus pecados. Debe buscarlo en otra parte: ¿dónde? en la Sangre del Hijo de Dios, que murió en la Cruz el Viernes Santo. San Pablo dice: “En Él, por su Sangre tenemos la redención, el perdón de los pecados...” (Efesios 1,7).

El hombre no puede ofrecer sacrificio propiciatorio por sus pecados. Nuestro Señor Jesucristo se hizo propiciación por nuestros pecados. Él se ofrece el Viernes Santo en sacrificio propiciatorio por ti. Sólo mediante la sangre de Cristo puedes purificarte, puedes liberarte de las cadenas del pecado y de la tiranía del demonio.

Y en estos días, durante los cuales Cristo está en los tormentos de la Cruz para merecerte la Salvación, tú, pecador necesitado, tú te vas a la playa, a pasearte, a divertirte, quizás a acumular más pecados a los que ya hayas cometido. ¡Despierta, hermano mío, despierta de tu letargo! ¡Sé agradecido con tu Bienhechor! ¡Actúa como católico verdadero!

Ve al templo a ver y a escuchar lo que en tu lugar está padeciendo Cristo. Sábelo que la ingratitud atrae el castigo de Dios, más que Su misericordia. No seas, pues, ingrato, sino agradecido.

La gratitud cristiana consagra el Triduo Santo para conocer más lo que hizo Nuestro Señor Jesucristo por nosotros e incitarnos a la penitencia, a la sincera conversión y enmienda de nuestra vida tibia y mediocre.

El Jueves Santo es el día en el que el Señor Jesús, antes de ir a Su Pasión, te dejó el Memorial de Su muerte, la renovación incruenta del sacrificio del Calvario. Para aplicar los frutos de Su Pasión a tu alma, instituyó el sacramento de su amor, que es la Santa Eucaristía, y el sacerdocio para consagrarla. Él dijo: “haced esto en memoria mía”, para recordarnos lo que padeció por puro amor hacia los ingratos que somos; para comunicar a nuestras almas la santidad y el remedio contra el pecado, mediante la digna recepción de su Cuerpo. Y tú ¡irías a divertirte en ese día! No sabes que Cristo dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y Yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre está en Mí y Yo en él” (San Juan 6, 54-56). Y tú que pretendes ser discípulo de Cristo ¿por qué te privas del Pan celestial que sana, purifica, santifica y pacifica tu alma y tu hogar? Si por tu propia culpa no aprovechas el remedio que Cristo te ofrece, ¿por qué te quejas de tener problemas en tu vida, en tu familia y en tu trabajo?

El Viernes Santo es para que implores con la Iglesia, y en ella, misericordia para ti mismo y para todo el género humano. El Viernes Santo es para que participes en las exequias de Cristo, escuchando el Evangelio de la Pasión y las Siete Palabras, que son las últimas recomendaciones de Cristo, Nuestro Redentor.

Aprovecha el Viernes Santo para confesar con lágrimas tus iniquidades, para lavar tu alma de la lepra del pecado con la Sangre de Cristo, para participar en la Pasión de tu Salvador, para tener parte con Él en Su victoria.

El Viernes Santo sufrió Cristo para merecerte el ser librado del pecado, que es el más horrible cáncer que pueda existir, y del infierno, que es la más grande de las desgracias. Y tú, ¿irías de vacaciones con tantos neopaganos, quizás para morirte en el camino de la ingratitud?

El Viernes Santo es para que reces el Vía Crucis, medites lo que hizo y padeció por ti tu Señor; para darte cuenta de lo que merece el pecado. Lee los últimos capítulos de los Evangelios de San Mateo, de San Marcos, de San Lucas y de San Juan, o ve la película La Pasión de Cristo, de Mel Gibson, para que te des cuenta del precio que Cristo pagó para librarte del poder del pecado y del demonio, para hacerte hijo de Dios y heredero de la vida eterna. Puedes también leer y meditar los libros Reflexiones sobre la Pasión de Jesucristo, de San Alfonso María de Ligorio y La Pasión del Señor, de Fray Luis de Granada, o Las Siete Palabras de Cristo, de Antonio Royo Marín.

El Viernes Santo es día de ayuno y de penitencia, de silencio y de lágrimas, y no día de playa y placeres.

El Sábado Santo es día de luto. Hombres y mujeres deberían vestirse con ropa de luto, para acompañar a la Santísima Madre de los Dolores. El Sábado Santo debería servir para meditar con espanto lo que merece el pecado, porque si al Justo que cargó con nuestros crímenes así se le castiga, ¿qué será del culpable si muere con sus pecados?

En resumen, hermano mío, escucha a Dios mismo que dice a cada uno de nosotros: “No tardes en convertirte al Señor, ni lo difieras de un día para otro; porque de repente sobreviene su ira, y en el día de venganza acabará contigo.” (Eclesiástico, 5, 8).

Católico, aprovecha la Semana Santa para convertirte al Señor, porque la sincera conversión y el verdadero arrepentimiento aseguran el perdón de los pecados, dan paz al alma y, finalmente, la vida eterna que pedimos para ti.

Un Sacerdote Católico
Blog Catolicidad

martes, 30 de marzo de 2010

CREDO DEL CRISTO MUTILADO

Soy creyente, español, bravo soldado;
tengo un Dios, una Patria y una herida:
tres luceros del cielo de mi vida
tres hogueras de un pecho enamorado.

Creo en Dios hecho Cristo Mutilado
y en la Patria: una España florecida
como rosa de mayo, protegida
entre espinas que yo le he cultivado.

Voy de noche en la vida, pero veo
con luces que en mi cruz prendió el amor
en la lucha al caer ganó el trofeo.

De vencido, que me hizo vencedor
soy feliz, aún sufriendo, porque creo
en mi Dios, en mi Patria, en mi dolor.


Historia del Santísimo Cristo Mutilado de Málaga

lunes, 29 de marzo de 2010

ESCANDALIZARSE SIN MORAL

El relativismo moral, la moral que desprecia la moral y que entroniza la tolerancia, juzga con inusitada dureza y subjetividad impúdica, los delitos de unos pocos sacerdotes con el fin de atacar con prejuicio a la Iglesia y demonizar el celibato, ocultando la gravedad de un serio problema como la pederastia, drama que sufre nuestra sociedad y afecta a notables profesiones e incluso a los mismos padres.

Cuando los medios de comunicación se alteran alterando, responden a dos estrategias: una es la dirección previamente escogida sobre contra quién hemos decidido emitir un juicio público, con los tiempos previamente escogidos, para ir dilatando y rentabilizando la “noticia escándalo”, y así dañar en los tiempos y espacios escogidos, y ser así contra noticia. Y la segunda estrategia es, la de conseguir rentabilidad con el escándalo en mesura de audiencias, a través del conocido “Todo vale por la audiencia”.

Para proceder así, es necesaria una cultura que niega la esencia de la moral y transcurre en un moralismo, que solo es emoción y sentimiento según dicta aquel o aquellos que dominan el juicio público. De este modo, el relativismo, negando el sentido objetivo de los hechos, y vaciando la pregunta por el bien, la verdad y lo justo, consigue que todo quede al arbitrio y capricho del que domina “el Gran Hermano de turno”.

Digo todo esto al recibir el alud de noticias sobre hechos delictivos sexuales cometidos por algunos sacerdotes, (en algunos casos son hechos muy antiguos o ya juzgados, otros están pendientes de juicio y en ellos hay que tener presente la presunción de inocencia y otros pocos los hechos ya contrastados). En este torbellino mediático, veo la intencionalidad oscura antes expresada.

Queda del todo diáfana y clara la postura de la Iglesia, que en palabra decidida y rigurosa del Papa, ha pedido todo esfuerzo para aclarar los hechos, colaborar con la justicia, resarcir a las victimas, especialmente por ser menores. Al tiempo que ha expresado el profundo dolor de la Iglesia, proponiendo un tiempo de conversión y pureza, que nos lleve a una renovada fidelidad.

También es obvio que los hechos están narrados desde el lodazal de una estrategia para nada inocente, que sistemáticamente silencia los otros casos de abusos a menores cometidos por profesionales de otras vocaciones de gran relevancia e importancia social, como la de los maestros, profesores, asistentes sociales, médicos, ministros religiosos de otras confesiones, entre otros. Y en el peor de los casos, los propios padres; y todos estos casos en notabilísimo mayor número que el que afecta a los sacerdotes católicos. Con lo cual queda meridianamente claro, que nos enfrentamos a un gravísimo problema social, que en lugar de ser tratado con el rigor y gravedad que merece, se utiliza para otro fin, el criticismo exacerbado contra la Iglesia.

Por último sorprende que la respuesta valiente y clara del Papa Benedicto, reciba como respuesta, más dureza contra la Iglesia; y que la cultura que entroniza la tolerancia sea injusta y amoral, con los modos de actuar de nuestros obispos, que alejados de todo relativismo, son severos contra pecados tan graves como el de abusar sexualmente de menores, pero que también ejercen como pastores de un pueblo de fieles y como pastores de sus sacerdotes, procurando desde la caridad el bien en mayúsculas.

Calimerus Magrus
Germinans Germinabit

viernes, 26 de marzo de 2010

MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE: REAPERTURA DEL VALLE DE LOS CAÍDOS

Hoy se ha vuelto a abrir el Valle de los Caídos. Se ha impuesto la Cruz pero no podemos bajar la guardia.

¿GUERRA CIVIL? (PERSECUCIÓN AYER, CRUZADA AYER. PERSECUCIÓN HOY, ...

¿GUERRA CIVIL?

La guerra que sigue asolando gran parte de España y destruyendo magníficas ciudades no es, en lo que tiene de popular y nacional, una contienda de carácter político en el sentido estricto de la palabra. No se lucha por la República, aunque así lo quieran los partidarios de cierta clase de República. Ni ha sido móvil de la guerra la solución de una cuestión dinástica, porque hoy ha quedado relegada a último plano hasta la cuestión misma de la forma de gobierno. Ni se ventilan con las armas problemas inter-regionales en el seno de la gran patria, bien que en el período de lucha, y complicándola gravemente, se hayan levantado banderas que concretan anhelos de reivindicaciones más o menos provincialistas.

Esta cruentísima guerra es, en el fondo, una guerra de principios, de doctrinas, de un concepto de la vida y del hecho social contra otro, de una civilización contra otra. Es la guerra que sostiene el espíritu cristiano y español contra este otro espíritu, si espíritu puede llamarse, que quisiera fundir todo lo humano, desde las cumbres del pensamiento a la pequeñez del vivir cotidiano, en el molde del materialismo marxista. De una parte, combatientes de toda ideología que represente, parcial o integralmente, la vieja tradición e historia de España; de otra, un informe conglomerado de combatientes cuyo empeño principal es, más que vencer al enemigo, o, si se quiere, por el triunfo sobre el enemigo, destruir todos los valores de nuestra vieja civilización.

Ignoramos cómo y con qué fines se produjo la insurrección militar de Julio: los suponemos levantadísimos. El curso posterior de los hechos ha demostrado que lo determinó, y lo ha informado posteriormente, un profundo sentido de amor a la patria. Estaba España ya casi en el fondo del abismo, y se la quiso salvar por la fuerza de la espada. Quizás no había ya otro remedio.
Lo que sí podemos afirmar, porque somos testigos de ello, es que, al pronunciarse una parte del ejército contra el viejo estado de cosas, el alma nacional se sintió profundamente percutida y se incorporó, en corriente profunda y vasta, al movimiento militar; primero, con la simpatía y el anhelo con que se ve surgir una esperanza de salvación, y luego, con la aportación de entusiastas milicias nacionales, de toda tendencia política, que ofrecieron, sin tasa ni pactos, su concurso al ejército, dando generosamente vidas y haciendas, para que el movimiento inicial no fracasara. Y no fracasó –lo hemos oído de militares prestigiosos– precisamente por el concurso armado de las milicias nacionales.

Es preciso haber vivido aquellos días de la primera quincena de Agosto en esta Navarra que, con una población de 320.000 habitantes, puso en pie de guerra más de 40.000 voluntarios, casi la totalidad de los hombres útiles para las armas, que dejando las parvas en sus eras y que mujeres y niños levantaran las cosechas, partieron para los frentes de batalla sin más ideal que la defensa de su religión y de la patria. Fueron, primero, a guerrear por Dios; y hará un gran bien a España quien recoja, como en antología heróica, los episodios múltiples del alistamiento en esta Navarra que, como fue en otros tiempos madre de reinos, ha sido hoy el corazón de donde ha irradiado a toda nuestra tierra la emoción y la fuerza de los momentos trascendentales de la historia.

Al compás de Navarra se ha levantado potente el espíritu español en las demás regiones no sometidas de primer golpe a los ejércitos gubernamentales. Aragón, Castilla la Vieja, León y Andalucía han aportado grandes contingentes de milicias que, bajo las diversas denominaciones de las viejas organizaciones políticas, se han solidarizado, en un todo compacto, con el ejército nacional. Y en todos los frentes se ha visto alzarse la Hostia Divina en el santo sacrificio, y se han purificado las conciencias por la confesión de millares de jóvenes soldados, y mientras callaban las armas resonaba en los campamentos la plegaria colectiva del Santo Rosario. En ciudades y aldeas se ha podido observar una profunda reacción religiosa de la que no hemos visto ejemplo igual.

Es que la Religión y la Patria –arae et foci– estaban en gravísimo peligro, llevadas al borde del abismo por una política totalmente en pugna con el sentir nacional y con nuestra historia. Por esto la reacción fue más viva donde mejor se conservaba el espíritu de religión y de patria. Y por esto logró este movimiento el matiz religioso que se ha manifestado en los campamentos de nuestras milicias, en las insignias sagradas que ostentan los combatientes y en la explosión del entusiasmo religioso de las multitudes de retaguardia.

Quítese, si no, la fuerza del sentido religioso, y la guerra actual queda enervada. Cierto que el espíritu de patria ha sido el gran resorte que ha movilizado las masas de combatientes; pero nadie ignora que el resorte de la religión, actuando en las regiones donde está más enraizada, ha dado el mayor contingente inicial y la máxima bravura a nuestros soldados. Más; estamos convencidos de que la guerra se hubiese perdido para los insurgentes sin el estímulo divino que ha hecho vibrara el alma del pueblo cristiano que se alistó en la guerra o que sostuvo con su aliento, fuera de los frentes, a los que guerreaban. Prescindimos de toda otra consideración de carácter sobrenatural.

Quede, pues, por esta parte como cosa inconcusa que si la contienda actual aparece como guerra puramente civil, porque es en el suelo español y por los mismos españoles donde se sostiene la lucha, en el fondo debe reconocerse en ella un espíritu de verdadera cruzada en pro de la religión católica, cuya savia ha vivificado durante siglos la historia de España y ha constituido como la médula de su organización y de su vida.

Este fenómeno –que otros llamarán explosión de fanatismo religioso, pero que no es más que el gesto, concienzudo y heroico, de un pueblo herido en sus más vivos amores por leyes y prácticas bastardas y que suma su esfuerzo al de las armas que pueden redimirle– nos ofrece la firme esperanza de que vendrán días de paz para las conciencias y de que en la organización del futuro Estado español habrán de tener Dios y su Iglesia a lo menos los derechos de ciudadanía que tienen en todos los pueblos civilizados y aquella libertad y protección que se merece lo que hasta hace pocos años había sido el primer factor de la vida espiritual de nuestro pueblo, el soporte de nuestra historia y la llave única para interpretarla. Los efectos siguen a las causas. ¿Cómo no germinaría en católico la semilla echada en los campos de España en el surco abierto a punta de espada por el esfuerzo de católicos y regada con su sangre?

Deshagamos, con todo, una prevención que podría ser funestísima para los tiempos futuros. Guerra contra el comunismo marxista como es la actual, no lo es contra el proletariado, corrompido en gran parte por las predicaciones marxistas. Sería una calumnia y un crimen, germen de una futura guerra de clases en la que forzosamente se vería envuelta la religión, atribuir a ésta un consorcio, con la espada para humillar a la clase trabajadora, o siquiera para amparar viejos abusos que no debían haber perdurado hasta ahora.

No teman los obreros, sean quienes fueren y hállense afiliados a cualquiera de los grupos o sindicatos que persiguen el fin de mejorar la clase. Ni la espada ni la religión son sus adversarios: la espada, porque se ocupa en el esfuerzo heroico de pacificar a España, sin lo que es imposible el trabajo tranquilo y remunerador; la religión, porque siempre fue el amparo del desvalido y el factor definitivo de la caridad y de la justicia social. Si está de Dios que el ejército nacional triunfe, estén seguros los obreros que, dejando el lastre de una doctrina y de unos procedimientos que son por su misma esencia destructores del orden social, habrán entrado definitivamente en camino de lograr sus justas reivindicaciones.

Por lo que toca a la Iglesia, y como representante que somos de ella, aseguramos nuestro concurso, en el orden doctrinal y en la vida social, a toda empresa que tenga por fin la dignificación de la clase obrera y el establecimiento de un reinado de equidad y justicia que ate a todos los españoles con los vínculos de una fraternidad que no se hallarán fuera de ella.

Y que no se diga más que una guerra que ha tenido su principal resorte en el espíritu cristiano de España haya tenido por objeto anquilosar nuestra vida económico-social. Es guerra de sistemas o de civilizaciones; jamás podrá ser llamada guerra de clases. Lo demuestra el sentido de religión y de patria que han levantado a España contra la Anti-España.

Isidro Gomá Tomas
Cardenal Arzobispo de Toledo

Extracto de "El caso de España: Instrucción a sus diocesanos y respuesta a unas consultas sobre la guerra actual"
Diciembre 1936

jueves, 25 de marzo de 2010

BENDICIÓN Y ALEGRÍA DEL PAPA ANTE LA VICTORIA DE LOS CATÓLICOS ESPAÑOLES QUE SE ALZARON EN ARMAS POR LA FE Y POR LA PATRIA

Con inmenso gozo, hijos queridísimos de la católica España, nos dirigimos para expresar nuestra paternal congratulación por el don de la paz y de la victoria con que Dios se ha dignado coronar el heroísmo cristiano de vuestra fe y caridad, probados en tantos y tan generosos sentimientos. Anhelante y confiado esperaba nuestro predecesor esta paz providencial, fruto, sin duda, de aquella fecunda bendición que en los albores mismos de la contienda enviaba a cuantos se habían propuesto la difícil tarea de defender y restaurar los derechos de Dios y de la Religión. Y no dudamos de que esta paz ha de ser la que él mismo desde entonces auguraba, anuncio de un porvenir de tranquilidad en el orden y de honor en la prosperidad.

Los designios de la Providencia, amadísimos hijos, se han vuelto a manifestar una vez más sobre la heroica España. La nación elegida por Dios como principal instrumento de evangelización del Nuevo Mundo y como baluarte inexpugnable de la fe acaba de dar a los prosélitos del ateísmo materialista de nuestro siglo la prueba más excelsa de que por encima de todo están los valores eternos de la Religión y del espíritu. La propaganda intensa y los esfuerzos constantes de los enemigos de Jesucristo parece que han querido hacer en España un experimento supremo de las fuerzas disolventes que tienen a su disposición por todo el mundo… Persuadido de esta verdad el sano pueblo español, con las dos notas características de su nobilísimo espíritu que son la generosidad y la franqueza, se alzó dedicido en defensa de los ideales de la fe y de la civilización cristiana, profundamente arraigados en el fecundo pueblo de España; y ayudado de Dios… supo resistir el empuje de los que, engañados con lo que creían un ideal humanitario de exaltación del humilde, en realidad, no luchaban sino en provecho del ateísmo.

Este primordial significado de vuestra victoria nos hace concebir las más halagüeñas esperanzas de que Dios se dignará conducir a España por el camino seguro de su tradicional y católica grandeza, la cual ha de ser el norte y oriente a todos los españoles, amantes de su Religión y de su Patria, en el esfuerzo de organizar la vida de la nación en perfecta consonancia con su nobilísima historia de fe, piedad y civilización católicas… Y la garantía de nuestra firme esperanza son los nobilísimos y cristianos sentimientos de que han dado pruebas inequívocas del Jefe de Estado y tantos caballeros, sus fieles colaboradores en la legal protección que han dispensado a los supremos intereses religiosos y sociales, conforme a las enseñanzas de la Sede Apostólica… Y ahora ante el recuerdo de las ruinas acumuladas en la guerra civil más sangrienta que recuerdan los tiempos modernos. Nos, con piadoso impulso, inclinamos ante todo nuestra frente a la santa memoria de los obispos, sacerdotes, religiosos de uno y otro sexo, y fieles de todas las edades y condiciones que en tan elevado número han sellado con sangre su fe en Jesucristo y su amor a la Religión católica… Reconocemos también nuestro deber de gratitud hacia todos aquellos que han sabido sacrificarse hasta el heroísmo en defensa de los derechos inalienables de Dios y de la Religión, sea en los campos de batalla, ya bien consagrados en los sublimes oficios de caridad cristiana en cárceles y hospitales…

A vosotros toca, hermanos en el Episcopado, aconsejar a unos y a los otros que en su política de pacificación todos sigan los principios inculcados por la Iglesia y proclamados con tanta nobleza por el Generalísimo de justicia para el crimen y de benévola generosidad para con los equivocados… Hacemos descender sobre vosotros, nuestros queridos hijos de la católica España, sobre el Jefe del Estado y su ilustre gobierno… sobre los heroicos combatientes y sobre todos los fieles nuestra bendición apostólica»

S.S. Pío XII
16 de Abril de 1939

Primer Radiomensaje del Papa al mundo después de haber sido elegido Pontífice de la Iglesia Católica.

miércoles, 24 de marzo de 2010

PERSECUCIÓN RELIGIOSA: LA GUARDIA CIVIL CONTRA LOS CATÓLICOS (denuncia y respuesta)







RÉPLICA DEL DENUNCIADO

A quien corresponda:

1º/ A la Comandancia de Madrid de la Guardia Civil le pregunto ¿CÓMO PODEIS TENER TAN POCA VERGÜENZA Y SER TAN MENTIROSOS? Ese día y en ese lugar aunque parezca increíble nadie, repito N A D I E, grito allí nada. Y no se hizo porque los allí congregados éramos dos padres de familia con tres hijos, tres matrimonios y cuatro niños. El resto de la “multitud” (que la había) eran guardias civiles de paisano, agentes del servicio de información y varios agentes del CNI (QUE SON DE LO MAS INÚTILES Y DE LO MÁS MORTADELO Y FILEMÓN QUE SE HAYA VISTO JAMÁS.

¿Cómo habéis llegado hasta esta miseria moral? Cuando al finalizar el día os acostáis en la cama y cerráis los ojos ¿qué sentís? Lo que estáis haciendo es asqueroso y produce lástima ver como se puede destrozar un cuerpo con 150 años de historia. De verdad que me hago cruces de ver como se puede falsear de esta manera un documento público.

2º/A la delegación del gobierno en Madrid le pregunto ¿Decirle a un guardia civil que cumple órdenes ilegales es una alteración del orden público? NO. SIMPLEMENTE ES O VERDAD O MENTIRA. PUNTO. Pero claro de vosotros, raza de víboras, qué podemos esperar.

3º/ Relato verdadero de los hechos

El día de autos y a la hora que se indica accedíamos a la Basílica dos padres de familia con tres hijos. Mientras subíamos la escalinata que antecede al interior del templo vimos a los tres matrimonios con sus hijos en una discusión con otras personas de paisano. Movidos por la curiosidad y sospechando ya lo peor nos acercamos al grupo. La discusión que tenían venía motivada porque no les dejaban entrar tres ramos de flores que llevaban una cinta con los colores nacionales. Ante esa situación una de las señoras les decía reiteradamente que aquello era una ofensa y que la estaban vejando. La insistencia de la señora sobre que se sentía humillada y vejada, acercó lo que parecía un mando que le dijo a la señora que estaban cumpliendo no se qué artículo de la ley de memoria histórica. Además le espetó a la señora que aquello no era para sentirse ni vejado ni humillado.

Visto el tono que tal tiparraco utilizaba con lo que se veía era una simple mujer, madre de familia que se sentía impotente por semejante injusticia decidí actuar. ¿Y CUAL FUE MI CRIMEN? Pues me acerqué a menos de un metro del sujeto en cuestión me bajé la cremallera del tabardo que llevaba: Y LE ENSEÑÉ MI TORSO D E S N U D O PORQUE OTROS GUARDIAS CIVILES QUE HABÍA EN LA PUERTA ME HABÍAN HECHO QUITAR LO QUE LLEVABA DEBAJO PARA PODER ACCEDER A LA BASÍLICA. LE DIJE: Y ESTO ¿ES O NO ES UNA VEJACIÓN Y UNA HUMILLACION HACERLE A UN HOMBRE DE 44 AÑOS SEMIDESNUDARSE?

Llegados a este punto, ya se abalanzaron sobre mí varios guardias me llevaron a la zona de las columnas a solas para pedirme la documentación (si fuera como vosotros o como los que os gustan a vosotros ahora diría que sufrí torturas y agresiones por parte del agente que procedió a mi identificación, puesto que al no verlo nadie sería su palabra contra la mía. Pero prefiero dormir a gusto sin necesidad de “tranquilizantes ni ansiolíticos”). ¿Cuál fue el alboroto? Pues que las señoras al verme (noviembre en Cuelgamuros) con el torso al aire se echaron las manos a la cabeza y empezaron a sacar fotografías, puesto que aquello parecía increíble.
Cuando finalizó la Santa Misa y procedíamos a incorporarnos a la explanada: ¿CUÁNTOS, 50, 100, 150 ANTIDISTURBIOS DE LA GUARDIA CIVIL PARA TRES MATRIMONIOS, DOS PADRES Y 7 CRIOS? VER GON ZO SO

4º/Consideraciones finales: y si hubiera dicho Viva Franco, ¿qué cojones pasa? El 20N delante de su tumba , ¿no se puede decir Viva Franco? Pero qué narices pasa aquí, joder. Todo el mundo puede decir lo que le venga en gana, hacer lo que se le pase por el forro, pero ¡ah no! Viva Franco, puag. Se puede quemar fotos del rey, decir que es un vago, un borracho. Se puede gritar contra España ,dar mítines independentistas, partidos y alocuciones pro terroristas. Se puede ser comunista, coño ¡COMUNISTA! Se puede hacer y decir de todo pero ¡ay! Decir Viva FRANCO , y delante de su tumba. Eso no eso nunca. Madre mía cuanto miedo se le tiene pero claro si es que cualquiera con el q ue se le compare sale perdiendo. Miserables, eso es lo que sois. Pura basura humana, y que Dios me perdone por esta falta de caridad.

Y a ti rey, ¿Cómo duermes tú, a parte de harto de vino?. Él, que te trató siempre como el hijo que no tuvo. Que estás ahí por él, que se preocupó de tu formación. Se ocupó de ti, desagradecido. ¿Qué madre te engendró para ser tan vil y rastrero?
Gentuza , eso es lo que sois. En vuestra conciencia lo lleváis, asquerosos. Y este pueblo, ¿hasta dónde y hasta cuándo va a aguantar toda esta mierda que nos está inundando? Puterío, golferío, mariconismo, todo eso a tope. Pero franquista, eso jamás, nunca.

Así que por todo lo anteriormente expuesto, a quien corresponda:

VAYASÉ USTED A LA MIERDA

FDO.: Un hombre herido

PD: tengo pruebas gráficas de todo lo explicado. Muy bien “guardadas”. Pero siempre estará el material de ese señor de abrigo negro paseando arriba y abajo con el “maletín” enfocando hacia nosotros. Tanto dentro de la Basílica como en el exterior. Nosotros también te tenemos “grabado”.

A los monjes benedictinos: quien siembra vientos recoge tempestades. El que tenga oídos para oír que oiga.

martes, 23 de marzo de 2010

ORACIÓN Y ACCIÓN

La cuaresma que comienza nos llama a la penitencia y a la oración. Vamos a meditar tres minutos en ello. Dejando a un lado los juicios de valor, de los sucesos vividos los pasados días por la acción militar sobre el Parlamento y el Gobierno de la nación, todos vosotros, los jóvenes, os habéis admirdo y os ha seducido la decisión valiente y arriesgada del teniente Coronel Tejero, que impávido y fiel a su ideal, arrostró todas las consecuencias de una acción que a lo largo de todo su proceso no tendría titubeos ni vuelta atrás. De los labios de todos los jóvenes se ha escuchado la expresión unánime: ¡Qué tío! ¡Ése si que es un hombre de una pieza!

Pues bien, sin disminuir un ápice su categoría humana, militar y patriotica, y la admiración que levanta entre los jóvenes toda acción dificulosa y ardua al servicio de un ideal, me gustaría que reflexionarais en estas palabras de Donoso Cortés escritas al hablar de las soluciones fundamentales de los problemas políticos y sociales: "Si pudiéramos penetrar los secretos de Dios y de la Historia, nos habíamos de asombrar al ver los prodigiosos efectos de la oración, aún en las cosas humanas. Para que la sociedad humana esté en reposo es necesario cierto equilibrio entre las oraciones y las acciones, entre la vida contemplativa y la activa. La clave de los grandes trastornos que padecemos, está quizá en el rompimiento de este equilibrio. Mi convicción en este punto es tan firme, que creo que si hubiera una sola hora de un solo día en que la tierra no enviara al cielo oración alguna, ese día y esa hora serían el último día y la última hora del Universo".

Hay que estar preparados para la acción. Hay que estar dispuestos para la entrega total. Pero no hay que olvidar que la luz y la fuerza de toda acción vienen en la oración. Orar por España. Orar por la Iglesia. Orar por la salvación de todos los hombres. Ser hombres de oración. Y recordar en la acción, antes de toda acción y en la preparación de toda actividad exterior lo que nos enseña el Salmo: "Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la contruyen". Lo que refriéndose a Espana dijo taxativamente la Madre Maravillas: "España se salvará por la oración". Vivamos así toda la Cuaresma que ha de culminar en la Semana Santa y en los Ejercicios Espirituales. Hacernos hombre de oración para ser de verdad hombre de acción por la causa de Dios.

P. José María Alba Cereceda, S.J
1981

lunes, 22 de marzo de 2010

ESPAÑA: LA LANZADERA DUERME EN EL TELAR


Que si Monarquía, que si República, que si revolución, que si España es así, que si España es de otro modo. Y eso por todas partes. Reunidos tres españoles, no se habla de otra cosa que de política, de política, de política.

Quien lo ve, se pregunta. ¿Pero es que aquí, en España, nadie tiene otra cosa que hacer? Parece como si nos hubiera acometido una fiebre colectiva. Todos nos sentimos médicos para diagnosticar el mal de España, y ninguno repara en que él mismo es una parte de ese mal. Mucho más útil que escribir cien artículos es ponerse a hacer bien "algo"; lo más modesto, aunque sea remendar zapatos, dar cuerda a los relojes, limpiar los carriles del tranvía...

Pudiera resucitar para gobernarnos el más maravilloso de los gobernantes, y España no sanaría. No puede sanar mientras los carpinteros no sean mejores carpinteros, los matemáticos mejores matemáticos y los filósofos mejores filósofos.

En vez de procurarlo, todos nos hemos salido de nuestras faenas para volcarnos en la misma actividad: la política. Mientras vociferamos unos contra otros, aguardan arrumbados, en ociosidad que debiera sacudirnos como un remordimiento, los estudios que no se siguen y los trabajos que no se acaban. Mientras nos pelearnos entre nosotros -como dijo Ramón y Cajal, el glorioso maestro de la perseverancia-, la lanzadera duerme en el telar.

Ninguna palabra pudiera decir lo respetuosamente desconsolador que es este espectáculo para quien, apartado un momento de la locura colectiva, lo contempla con ojos de Historia. ¡Un pueblo entero, en cada uno de sus individuos, se resiste a cumplir con el deber! Y ese pueblo es España; justamente el pueblo en que todos los esfuerzos de una generación serían pocos para recuperar el retraso de lustros que debemos a antiguas perezas. Así, mientras nuestras Universidades no producen sino eminencias aisladas y muchedumbres de productos raquíticos, los universitarios (profesores y alumnos) se desgastan en el más díscolo pugilato de derechas e izquierdas. Y mientras en la bibliografía jurídica del mundo apenas se abre un hueco de segunda fila para tal cual nombre español, los juristas españoles cierran los libros de ciencia y redactan proclamas políticas.

Pero lo peor es ver así envenenada, frenética y desquiciada, a la juventud. En tanto que los muchachos de la izquierda (ya hasta los niños se dividen en derechas e izquierdas) escriben periódicos revolucionarios y los de la derecha organizan mítines monárquicos y suman firmas para documentos de protesta, ninguno se recoge, a pesar de que están por hacer innumerables cosas, y que las horas, los minutos que se desperdicien, al no hacerlas nunca, nunca se podrán recuperar.

Por este camino, lo mismo da la Monarquía que la República que la revolución. Con el régimen presente o con otro seguirá España inficionada de su malestar. No hay otro remedio que aplicarse, cada cual en lo suyo, a la dulce esclavitud del trabajo. Sea nuestra oración de todas las mañanas: "Te ofrezco, España, la labor que voy a hacer durante el día; para que te pongas en camino de ser perfecta; yo no regatearé fatiga a mi tarea hasta acabarla con perfección." Si no hacemos eso, no lograremos nada. Todo lo que llegue nacerá traspasado de muerte con ese frío del telar en que duermen las lanzaderas.

JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA
Unión Monárquica, núm. 102, 15 de diciembre de 1930.

sábado, 20 de marzo de 2010

JUAN CARLOS I, INFANTICIDA


Don Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, quien en la "coronada" democracia atea se llama y es llamado "Juan Carlos Primero", como el Jefe de Estado constitucional, firmó el 5 de marzo del presente año (con fecha del 3 de marzo) una nueva ley del aborto promovida por el gobierno socialista, que aún más que hasta ahora amplía las posibilidades de matar los niños no nacidos en el seno materno.

Con esta decisión D. Juan Carlos (quien aún no intentó resistir ante esa terrible ley, aunque la Constitución de España no le obliga unívocamente a firmar cada ley aprobada por el parlamento) particularmente "adornó" una serie de traiciones, las que ha cometido desde cuando --tras la muerte del General Francisco Franco-- por su voluntad fue proclamado por las Cortes el Rey de España. Recordemos brevemente las más significativas:

- Violación del juramento de fidelidad (hecho como el Príncipe de España designado para tomar el poder) a Las Leyes Orgánicas del estado católico y los Principios del Movimiento Nacional, por el permiso a la transición hasta la monarquía parlamentaria y firma de la Constitución atea en 1978;
- Firma de la ley del divorcio;
- Firma de la primera ley del aborto;
- Firma de la ley de los "matrimonios" entre aberrosexuales;
- Firma de las leyes de educación que han convertido a los colegios e institutos españoles en antros de perversión.

A pesar de todos los delitos contra la Fe, contra la moral, contra el derecho natural, contra los intereses de España y de los españoles, el Jefe de Estado actual todavía utiliza, entre otros títulos que pertenecen a los reyes de España, el título de Rey Católico. En realidad mancha el trono de España y suprime el patrimonio de los reyes verdaderamente católicos, como Recaredo, Pelayo, Alfonso VII, Fernando III El Santo, Alfonso X El Sabio, Isabel la Católica, Carlos I y Felipe II. Con su permiso repetido al mal menosprecia en público la advertencia de la autoridad más grande de la tradición cristiana monárquica, del Doctor de la Iglesia Santo Tomás de Aquino: Hoc igitur officium rex suscepisse cognoscat, ut sit in regno sicut in corpore anima et sicut Deus in mundo, y dum considerat ad hoc se positum ut loco Dei iudicium regno exerceat (De regno, 13.4).
Mientras que a él, quien no se dirige por el derecho divino y la justicia, no se le debe llamar "el rey", sino "el tirano". Ya que los reyes (reges) --como esribió San Isidoro de Sevilla-- "toman su nombre del buen comportamiento (recte agendo), entonces el título de los reyes pertenece a los que hacen bien y no a los pecadores" (Sententiae, III, XLVIII, 7); y el tirano --dice el Aquinate-- es como una bestia, quia homo absque ratione secundum animae suae libidinem praesidens nihil differt a bestia (De regno, 4.12).

Los tiranos anteriores, como el asesino de los Inocentes Herodes o Nerón, se distinguen de los modernos, como Juan Carlos Infanticida, por una cosa: la tiranía de aquellos, los que gobernaron verdaderamente, resultaba de su vanidad; la tiranía de "los reyes títeres" en la democracia resulta de su cobardía. El impulso a las indignidades que aceptan es el miedo, que la oligarquía partidista que gobierna en el nombre del "pueblo soberano" no les quite de los restos de su función simbólica y representativa, que hasta ahora benévolamente les deja.

Tampoco podemos no expresar nuestra extrañeza por la actitud de la Conferencia Episcopal Española, que --por boca de su portavoz, Juan Antonio Martínez Camino-- se apresuró con garantías, que D. Juan Carlos, al contrario de los políticos que votaron a favor de la ley del aborto, no está excomulgado, ya que los reyes no están sometidos a las mismas valoraciones morales. Hay que decir claramente, que la opinión, que expresó el obispo Martínez, no es cristiana, sino que es una visión enteramente pagana de un "rey-dios", quien está presuntamente por encima del bien y del mal. En realidad es totalmente al revés: los reyes no sólo están sometidos, como todos los mortales, a las mismas normas morales y los mismos códigos de derecho canónico, sino que llevan aún una responsabilidad más grande, por causa de su dignidad. "A quien se le encomienda más, más se le exige" (San Isidoro, Sententiae, III, L, 5); ya que la Sagrada Escritura dice: "A los fuertes espera un castigo fuerte" (Sabiduría 6, 6). Firmando la ley que permite matar a sus inocentes, potenciales súbditos, el Jefe de Estado constitucional indubitablemente ha incurrido en una excomunión latae sententiae, y su recepción de la comunión sería un sacrilegio y depravación horrible.

En el mismo orden de la legitimidad de origen dinástica, los derechos de D. Juan Carlos al trono no fueron demasiado fuertes; su entronización agradeció más a la voluntad del General Franco y su equivocación trágica, que el designado no se manifestaría como liberal. Ahora, tras la mencionada serie de traiciones contra las obligaciones del Rey Católico, especialmente en la última participación en el crimen legislativo del infanticidio, debe ser claro, que no tiene moral derecho en el orden de la legitimidad de ejercicio. El único socorro para España sería la concentración de todos los españoles honestos en torno al Príncipe, que no es sólo el depositario del legitimismo monárquico y el Abanderado de la Tradición, sino que continuamente demuestra por su vida, que es el verdadero Príncipe Católico, que seguro no promulgaría la ley infanticida: Don Sixto Enrique de Borbón y Borbón Busset, Duque de Aranjuez, Infante de España, el Regente de la Comunión Tradicionalista.

¡Abajo el Usurpador, Juan Carlos!
¡Viva el Rey legítimo, Sixto Enrique!



El Presidente del Club Conservador de Lodz, Dr. hab. Jacek Bartyzel
El Presidente de la Organización de los Monárquicos de Polonia, Adrian Nikiel


Lodz - Breslavia, el 6 de marzo A.D. 2010

miércoles, 17 de marzo de 2010

EL MEJOR ORADOR DE EUROPA: BLAS PIÑAR

Blas Piñar en la sesión de investidura de Calvo Sotelo en el Congreso de los Diputados.

UNA VOZ CATÓLICA SOBRE EL ABORTO


La mayor de las persecuciones romanas contra los cristianos fue la del emperador Galerio a partir del año 305. Mandó que todos los ciudadanos del imperio ofrecieran un sacrificio a los dioses de Roma, bajo la amenaza de que quien nos sacrificara sería ejecutado. Nuestros hermanos cristianos prefirieron morir antes que adorar a los falsos dioses. Miles de fieles subieron al Cielo con sus palmas del martirio. Otros católicos fueron atormentados y murieron mártires porque no quisieron reconocer la divinidad de los emperadores romanos. “A sólo Dios adorarás a Él sólo servirás”.

Nuestros mártires eran excelentes ciudadanos y daban al César lo que era del César, como mandó nuestro Señor Jesucristo; pero no podían dar al César lo que no era del César. No podían adorar ni a el emperador ni a sus falsos dioses, porque sólo podemos adorar al único Dios verdadero, Creador y Señor de todas las cosas hecho hombre en las purísimas entrañas de la Virgen Santísima y presente perpetuamente en la Eucaristía.

Hoy tampoco se puede dar al César lo que no es del César. No se puede votar a los partidos políticos abortistas porque la vida es un don de Dios y sólo Él tiene poder sobre ella. No se puede votar a ningún partido del actual arco parlamentario español, porque todos ellos son corresponsables del crimen abominable del aborto y de otras leyes anticristianas. No se puede rendir culto a esta democracia agnóstica y atea que está descristianizando los pueblos con leyes y costumbres perversas. No existe un “catolicismo a la carta” como decía Juan Pablo II, o eres cristiano o no lo eres. No se pueden votar a partidos políticos cuyos programas y líderes contradicen al Magisterio de la Iglesia. La Congregación para la Doctrina de la Fe enseñar que “La conciencia bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contenga propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral”.

¿Cómo se puede decir que un líder político es católico y mantener con una mayoría absoluta la ley del aborto? En los ocho años de gobierno de José María Aznar se asesinaron, amparados en la ley del aborto, a 511.429 niños y niñas inocentes. En los once años de gobierno de Felipe González se asesinaron por aborto a 359.624 personas inocentes. Los obispos norteamericanos niegan la comunión a los católicos abortistas. Miren los señores obispos españoles si ha llegado de ese momento para los políticos abortistas españoles. Monseñor Guerra Campos afirmó que todos los que colaboraron directamente en la elaboración de la ley del aborto eran pecadores públicos y no se les podía administrar los sacramentos.

Y el Derecho Canónico vigente excomulga a todos los que colaboran directamente en el crimen abominable del aborto. Hoy, como nunca, el pueblo fiel, incluidos sacerdotes, religiosos y monjas, necesita saber por qué los obispos norteamericanos niegan la comunión a los aborteros y porque no se puede votar a partidos políticos abortistas.
Necesitamos urgentemente una catequesis general e intensa de la Doctrina Social de la Iglesia, fundamentada en los últimos documentos de la Conferencia Episcopal Española y en el Magisterio pontifico.

P. Manuel Martínez Cano mCR

martes, 16 de marzo de 2010

EL CATOLICISMO EN NUESTRA HISTORIA


Ese vínculo que une nuestra vida con la vida de la Patria nos obliga a mucho. A lo primero que nos obliga es a conocerla, y no se puede amar lo que se ignora. De aquí voy a deducir una consecuencia: que si es necesario conocer a la nación para amarla, hay que conocer su vida íntima, hay que conocer la directriz de su historia, el principio vital que ha informado su ser y todas las manifestaciones de su genio, y para conocer eso, cuando se trata de España, hay que conocer la Religión Católica.

Pero ¿es verdad que la Religión Católica constituye el elemento predominante y directivo de la Patria y de la nación española? Para negarlo, a fin de eludir la consecuencia de la enseñanza religiosa obligatoria, hay que negar su historia, es decir, negar a España, no tengo más que trazar ante vosotros las líneas más grandes y más generales de esa historia para demostraros que la Religión Católica es la inspiradora de España, la informadora de toda su vida, la que le ha dado el ser, y que sin ella no hay alma, ni carácter, ni espíritu nacional.

Salimos de la unidad externa y poderosa de Roma, que tendió su mano por España, cerca de seis siglos, pero ni con su inmensa red administrativa y militar, ni con la transfusión de su lengua y de su derecho, no con terribles hecatombes que dejaron pavesas y escombros en lo lugares que fueron ciudades heroicas, pudo salvar las diferencias de las razas iberoceltas y de las colonizadoras fenicias y helénicas, que, apoyadas en la diversidad geográfica, latían bajo su yugo, recibiendo su poderosa influencia, pero también devolviéndola y comunicándola en la literatura y en el Imperio. Fué necesaria una unidad más fuerte y más íntima que llegase hasta las conciencias y aunase en un dogma, en una moral y en un culto de almas, y las iluminase con la palabra de los Apóstoles, y las ungiese con sangre de mártires, y las limpiase de la ley pagana en los circos y en los concilios, estrechándolas con una solidaridad interna, que, por ministerio de la Iglesia y del tiempo, se convertirá en alma colectiva. Por eso, cuando el caudillaje militar de los bárbaros se repartió los girones de la púrpura imperial sobre el cadáver de Roma, la Iglesia se interpuso entre el godo, arriano y rudo, y el hispanorromano, católico y culto, y venció a los vencedores, infundiéndoles la fe y el saber de los vencidos.

Cegó en los Concilios Toledanos el abismo que los separaba, formando aquel Código singular, el mejor de su época, el Fuero Juzgo, donde brotaba ya, rompiendo la corteza absolutista, el germen de la Monarquía cristiana, con la diferencia del Rey y del tirano, y se armonizaban los tres grande elementos de la civilización que empezaba: el romanismo, el germanismo y el cristianismo, superior y más poderoso que los dos. Suprimió la ley de castas y la separación familiar, sembrando la semilla de la nacionalidad en un surco tan hondo que podrá crecer y prosperar bajo las olas de la invasión musulmana. Y cuando esa invasión se desborda y las legiones sarracenas se apoderan de las islas y de las grandes ciudades del Mediterráneo, y saltan el Pirineo y hacen temblar a Europa, ¿quien salva la civilización de una catástrofe, organizando la lucha secular de la Reconquista? ¿quién la dirige? ¿de dónde salen los grandes ejércitos que van a pelear desde las montañas hasta las llanuras y de las llanuras hasta el mar? Salen de las cuevas de los eremitas y tienen su base de operaciones en los monasterios de las montañas. Esa reconquista, que es la cruzada de Occidente, no es una serie de guerras como las cruzadas de Oriente, es una sola campaña, un inmenso campo de batalla, donde se dan cita las generaciones y los siglos, guiados por el mismo plan que va trazando la Iglesia con la Cruz en el suelo peninsular. El ejército central sale de la cueva del Auseva; el de la izquierda, baja de los Santuarios de la Burunda y de San Juan de la Peña; el de la extrema izquierda recibe un impulso de los que se extienden por la Marca Hispánica y acampa en Ripoll, y el de la derecha aparecerá en la frontera de Portugal más tarde, sembrando los templos de etapas de su jornada. ¿Y que sucede cuándo los ejércitos avanzan? Alfonso II, apoyándose en algunos núcleos de resistencia que han quedado intactos en Galicia, llevará un día sus fronteras hasta el Miño; Ramiro II, las llevará, después de la memorable batalla de Simancas, hasta el Duero; Alfonso VI, las llevará hasta el Tajo, y Alfonso el Batallador, hasta las Riberas del Ebro, desde Tudela a Zaragoza; y las huestes que recorren la orilla del Mediterráneo, que tendrá que agitarse debajo de sus garras, llegarán con Berenguer IV hasta la desembocadura del Ebro, arrojando a los dominadores más allá de la Rivera de Tortosa; y las que siguen la línea del Atlántico llegaron con Alfonso Enríquez a la desembocadura del Tajo, que los lanzará a la desoladora llanura del Alemtejo. Y cuando una nueva invasión, que parece que trae el desierto y la traslada por encima del estrecho, nos ataca, todos los reyes avanzarán unánimes, porque Alfonso IX de León entrega parte de sus guerreros y se queda de reserva con los demás, y entonces será la Iglesia la que extienda sus mantos de los caballeros de sus órdenes militares para que cubran la tierra empapada con su sangre en el Centro peninsular y puedan pasar sobre ella los reyes confederados alrededor de la Cruz y llevarla en triunfo por el paso del Muradal hasta las colinas de las Navas, y descender después, con un santo que esconde el sayal del armiño, hasta el Guadalquivir, y llegar más tarde a la vega de Granada, y ponerla en sus adarves. Y no se parará allí a dormir el sueño de la victoria realizada, bajo pabellones de laurel; se asomará al mar para cautivarle y educarle con su fe y su genio, y se detendrá un momento a descansar en el pórtico de la Rábida para convertirle en pórtico de un Nuevo Mundo, y, por medio de un sublime terciario, Colón, que anda buscando dinero para una nueva cruzada, protegido por tres frailes, Fray Juan Pérez, fray Antonio de Marchena y fray Diego de Deza, y por una reina que lleva por apellido el de la Iglesia, cruzará por rumbos desconocidos el Océano y podrá el nombre de la Virgen. ofreciéndole su empresa a la carabela que dirige; el de San Salvador a la primera isla que descubre, el de Santa Cruz a la primera nave que construye en la Isabela; y al desembarcar en Cádiz, después del segundo viaje, cubrirá su cuerpo con el sayal del franciscano. Y será entonces cuando los guerreros emularán la fe de la legión de misioneros más heroicos que el mundo ha conocido; y, con el ardor del P. Olmedo o el P. Zumárraga, y Anchieta y Montoya, el gran Cortés, apenas pasado Tabasco, pondrá el nombre de Veracruz a la primera ciudad que levante el continente mejicano. Y cuando aquel glorioso aventurero, cuyo centenario vamos a celebrar, Vasco Núñez de Balboa, saliendo de Santa María de Darién con un puñado de españoles, y dominando tribus indias que le secundan o se dispersan, atraviesa, ante los mismos naturales consternados, ríos que se desbordan, pantanos que tienen la muerte en la superficie y en el aire, y selvas jamás cruzadas, itinerario que produce espanto en el ánimo de los viajeros modernos, cuando, después de exceder las fuerzas humanas, ve tenderse ante sus ojos el inmenso mar del Sur como un espejo que quiere reflejar tanto heroísmo, antes de penetrar en él con la espada en la mano o tomar posesión de sus aguas en nombre de los monarcas españoles, caerá de rodillas al lado de su Capellán Andrés de Vera, y entonará aquel Te Deum que con ellos entonará toda nuestra raza, acompañados por el murmullo solemne de las olas del Océano, que pronto va a quedar cautivo entre los brazos de nuestra costa y estrechado por nuestros genio.

Por la Iglesia fuimos con el P. Urdaneta y Elcano a dar la vuelta la planeta, y con San Francisco Javier a evangelizar millones de hombres más allá de las fronteras donde pasaron las victorias de Alejandro.

Por la Religión fuimos a pelear en los pantanos de Flandes, para contrabalancear el poder de la protesta, que hubiera sucumbido sin la hora trágica en que se hundió la Invencible; por ella hicimos la última cruzada de Lepanto; fué nuestra nació, como se ha dicho muy bien, la amazona que salvó a la raza latina de la servidumbre protestante, y la libertad y la moral del servo arbitrio, de la fe sin obras, de la predestinación necesaria, con los teólogos de Trento y con los tercios que pelearon en todos los campos de batalla de Europa; y nosotros fuimos los que todavía, al comenzar el siglo XIX, en las luchas napoleónicas, salvamos a Europa de la tiranía revolucionaria del Cesar, como se ha reconocido, pues fué un francés, Chateaubriand, quien dijo con razón que los cañones de Bailén habían hecho temblar todos los gabinetes europeos.

Y en las contiendas de los siglos XIX y XX, ¿no es verdad que todo gira alrededor de la Cruz? Nuestras luchas civiles, nuestras contiendas políticas, o por afirmaciones o por negaciones, todas se refieren a la Iglesia; y nuestros enemigos de hoy mismo, si se suprimiera el Catolicismo en España, se quedarían asombrados, se quedarían absortos mirándose unos a otros, al encontrarse sin programa. El grado de odio y de opresión a la Iglesia, lo que se ha de cercenar de sus derechos, lo que se han de limitar sus facultades, ese es el programa de los que se llaman anticlericales, de modo que aún como negaciones viven en esa afirmación soberana, que es el soporte espiritual de la Patria.

Juan Vázquez de Mella
(Discurso en la Real Academia de Jurisprudencia, 17 de mayo de 1913)

martes, 9 de marzo de 2010

BLAS PIÑAR: EL DERECHO A VIVIR



Ponemos a disposición de los lectores la conferencia magistral que bajo el título de "El Derecho a vivir" dictó Blas Piñar en Tenerife el 10 de Noviembre de 1988.

Palabras en plena vigencia por gentileza de Producciones Armada

lunes, 8 de marzo de 2010

CARTA DE DON JOSÉ MIGUEL GAMBRA

Estimado amigo:

Recientemente he sido nombrado Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista. Desearía, en semejante tesitura, ponerme a tu disposición para cuanto redunde en beneficio de nuestra causa que, como sabrás, se resume en el lema Dios, Patria, Fueros y Rey. Como esa causa resulta, para muchos, desconocida y, cuando se conoce, es frecuente tener de ella una visión distorsionada, quisiera aprovechar esta ocasión para hacerte unas breves consideraciones.

Pocas doctrinas políticas habrán sido tan denostadas como el carlismo, en los tiempos que corren. Muchos no ven en él más que una supervivencia atávica de recuerdos obsoletos, cuando no lo identifican con meras cuestiones de preferencias dinásticas; otros, fieles a los manuales de la historia oficial, lo confunden con una caricatura del absolutismo derrocado por el liberalismo y la democracia. No faltan los que mezclan el carlismo con los orígenes del separatismo, ni quienes lo asimilan a doctrinas fascistas, más o menos pasadas por agua; y los hay --o ha habido-- que se dicen carlistas por socialistas autogestionarios o porque confunden el carlismo con cierto clericalismo, de larvadas inclinaciones demócrata-cristianas.

Denostado por tantos y de manera tan contradictoria, ¿no se te ha ocurrido pensar que, precisamente por ello, el carlismo tiene virtudes insoportables para nuestra decadente sociedad? Amañado por tantos otros, y en direcciones tan dispares ¿no te sugiere eso que la doctrina carlista oculta tesoros de sabiduría, de prestigio y arraigo social que merecen ser instrumentalizadas? Y es que el pensamiento carlista no coincide con ninguna de esas doctrinas que vulgarmente se le achacan, aunque de todas tenga un poco.

El carlismo no es fruto de una invención transeúnte de una escuela filosófica, que la haya elaborado para resolver los problemas sociales o políticos de un momento dado. Al contrario, es el resultado de toda la sabiduría política, recogida y depurada por el cristianismo a lo largo de muchos siglos. Sabiduría ya presente en filósofos paganos, como Aristóteles, decantada y perfeccionada por los padres de la Iglesia, como San Agustín, por filósofos, como Santo Tomás y los grandes pensadores de la escolástica española. Decaída y medio olvidada, tras las necedades prerrevolucionarias del s. XVIII y las subsiguientes perversidades revolucionarias, fue lentamente reconstruida y acomodada a las nuevas circunstancias por los pensadores tradicionalistas españoles, en perfecta consonancia con las encíclicas pontificias del s. XIX y principios del s. XX. En otras palabras, el pensamiento carlista no es sino la que se llamaba "doctrina social de la Iglesia", hasta los tiempos en que casi ha logrado destruirla el modernismo eclesiástico. Doctrina social universal e imperecedera, de la que el carlismo constituye su aplicación a las costumbres y tradiciones de nuestra patria, y que sólo la dinastía carlista ha mantenido incólume hasta hoy, sin tolerar en sus miembros que la legitimidad de origen prevalezca sobre la de ejercicio.

Esta egregia doctrina --dije antes-- algo tiene de cuanto le achacan. ¿Absolutista? Algo, pero bien escaso, porque no admite ni la intromisión del poder real en las prerrogativas eclesiásticas, ni forma alguna de despotismo; pero sí reconoce al REY un ámbito de poder exclusivo, limitado, sin embargo, por el poder de las sociedades inferiores y sometido a los dictados de la ley natural y de la Iglesia. ¿Separatista? No en cuanto proponga secesión alguna, pero sí en cuanto reconoce, frente al uniformismo racionalista, las peculiaridades de los reinos, regiones y municipios, cuyos FUEROS debe jurar el rey legítimo. ¿Socialista? No, desde luego porque defienda forma alguna de totalitarismo, pero sí es lo que Mella llamaba "sociedalista": más sociedad y menos estado. ¿Fascista? Misma respuesta en lo que al estatismo se refiere, pero además coincide con él en su declarado amor a nuestra PATRIA, sin necesidad de divinizarla o hipostatizarla, como hace algún falangismo. Más aún, el carlismo comulga con los anteriores en el odio al capitalismo, nacido de la destrucción de los estamentos del antiguo régimen y fuente de innumerables males e injusticias, contra el cual propone no una revolución, sino una restauración ¿Demócrata cristiano? Católico, sin duda; demócrata también, pero no a la manera en que estamos acostumbrados, con elecciones de partidos obsequiosos en los programas y tiránicos en el poder, sino a la manera de las cortes, cuyos miembros son elegidos por estamentos, entre personas conocidas que, a modo de compromisarios, defienden los intereses de municipios, gremios, regiones y reinos, y no los del partido.

Algo de cada cosa tiene, pero no es un amasijo ecléctico de todo ello. Al contrario, son esas doctrinas, erradas por parciales y desmesuradas, las que, desgajadas del tronco lleno de savia y vitalidad del pensamiento social clásico, se han convertido en nocivas ramas muertas, sólo de lejos parecidas a las del árbol. El todo de esta doctrina es infinitamente superior a la suma de sus partes, pues cada pieza se unifica con las otras y se vivifica porque todas han de tender al bien común de la sociedad y, en última instancia, al bien común del hombre que sólo en DIOS reside.

De suyo esta doctrina es imperecedera, porque hunde sus raíces en la naturaleza social del hombre y ha sido refrendada por el magisterio eclesiástico, que no puede cambiar ni corromperse. Pero sí puede desdibujarse en la conciencia humana y desaparecer por completo en una sociedad. El carlismo, derrotado en tres guerras mantuvo, sin embargo, una admirable vitalidad. Paradójicamente, tras su victoria en la Cruzada del 36, su situación ha terminado por serle mucho más desfavorable, en parte por el maltrato que sufrió durante el régimen franquista, pero, sobre todo, por la defección de los eclesiásticos progresistas que, desde la década de los sesenta, han desautorizado sistemáticamente la concepción del estado confesional, han propugnado la libertad de cultos y han tergiversado la doctrina de la realeza social de Nuestro Señor Jesucristo. Ante este desconcertante hecho, que atenta contra el principio fundamental en que confluye todo el pensamiento social de la Iglesia y del tradicionalismo, cada carlista tiró hacia donde se le ocurrió y surgieron así esos absurdos "carlismos" socialistas, separatistas o demócrata-cristianos de que antes hablé.

Hoy, sólo la Comunión Tradicionalista, con su Abanderado, Don Sixto Enrique de Borbón, al frente, mantiene en su integridad la doctrina carlista; sólo desde sus filas se estudia y se propaga, sin rehuir la acción política. De unos años a esta parte, su reduplicada actividad se ha plasmado en innumerables actuaciones de las que hallarás un elenco en la hoja adjunta. También podrás informarte de nuestras próximas convocatorias, empezando por la Misa que se celebrará el próximo 10 de marzo, en la festividad de los Mártires de la Tradición.

Te ofrezco estas simples consideraciones para invitarte a que te unas a nosotros. La Comunión Tradicionalista necesita apoyo, trabajo y todo tipo de ayudas. Y la necesita tanto como a ella la necesitas tú, católico que asqueado tiras al suelo el periódico y estragado apagas el televisor cuando dan las noticias. Porque somos naturalmente sociables y no podemos mantenernos en la verdadera doctrina ni a solas, ni son el solo apoyo del entorno familiar.

Atentamente:


José Miguel Gambra
Jefe de la Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón

martes, 23 de febrero de 2010

23-F: EL HONOR FRENTE A LA TRAICIÓN


El 23 de Febrero es el día de aquellos hombres que, cumpliendo con el juramento a la bandera, actuando con honor, ofrecieron cuanto tenían a España y los españoles. También recordamos a los que quisieron aniquilar cualquier resistencia, armada o no, engañando y traicionando sin escrúpulo.

Aquella fecha de 1981 fue la consecuencia de unos precedentes históricos que convulsionaron a España espiritual, social y políticamente. Espiritualmente en decadencia, España sufría los nefastos frutos del Concilio Vaticano II que había dado pie a la proliferación de toda clase de sectas, a la secularización de sacerdotes, a la protección oficial de la inmoralidad y a la marxistización de la Iglesia con el Primado Cardenal Tarancón y sus secuaces. Sacudida España socialmente por los movimientos estudiantiles, las revueltas universitarias y las reivindicaciones de los sindicatos bermellones, la fragmentación del pueblo era una crónica diaria. Y políticamente España era un barco que se hundía por las grietas del nacionalismo, los asesinatos de las bandas terroristas y un parlamento donde se sentaban desde Carrillo a Fraga, los nuevos amigos del consenso bastardo.

La situación era insostenible. Los pocos militares que hacían servir los galones al juramento, y no al revés, dieron un paso al frente. Con todas las consecuencias estaban dispuestos a intervenir para cambiar el rumbo a la deriva del pueblo español. Unos, por España, al servicio de ella. Otros sólo actuarían a las órdenes del Jefe de las Fuerzas Armadas: Juan Carlos de Borbón.

Se gestó, precipitadamente, la irrupción en el Congreso de Diputados del Ejército. Después, una vez tomado el hemiciclo, la autoridad militar se haría cargo de los destinos de España. Esa autoridad militar contaría con el apoyo total y absoluto del inquilino de la Zarzuela. El General Armada sería la cabeza visible del golpe de estado haciéndose cargo del poder. Detrás de él, las diversas Capitanías Generales, secundarían, a las órdenes de Juan Carlos, un gobierno de concentración con izquierdas y derechas, liberales y comunistas.

El Teniente Coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero Molina, movido por su amor inquebrantable a España, fue el elegido para entrar en el Congreso. Un hombre íntegro, profundamente patriota, que contaba con el respeto y la admiración de sus subordinados. Después de cumplir su misión dejaría paso al General Armada. Nada sabía el Teniente Coronel de los apaños sucios que habían acordado desde Zarzuela.

Tejero, todo por la Patria. Todo, su carrera, su sueldo, sus galones… años y años de servicio. No lo había ofrecido todo para mayor gloria de Armada, Juan Carlos o cualquiera de los parásitos que ya se estaban repartiendo cargos, ministerios y capitanías. Tejero es un hombre de honor. Y el honor fue su divisa cuando paró el golpe de la Zarzuela y cargando con la responsabilidad de sus hombres los despidió uno a uno a las puertas del Congreso. El golpe quedó parado. No era España lo que allí se defendía. El General Armada le había traicionado mientras en Valencia el General Milans del Bosch regresaba al cuartel con sus tanques dando cumplimiento al deseo y las órdenes de Zarzuela. Si don Jaime Milans del Bosch (gran militar, héroe del Alcázar toledano y juancarlista hasta aquel día) no hubiera dado marcha atrás otro gallo estaría cantando ahora mismo.

El consuelo de Tejero es el deber cumplido. La integridad de una vida. El sacrificio por la Patria y la austeridad y soledad de la celda tras los fríos barrotes.

Alguien estaba a su lado. Alguien que no sabía de traición, sino de lealtad. De amistad y nunca de interés. Alguien que, aquella noche oscura y tenebrosa, lució la claridad y pureza del blanco uniforme de la Armada. Y que llevó al Teniente Coronel Tejero el abrazo de un amigo y la cercanía de un camarada. Era el Capitán de Navío Camilo Menéndez Vives, inmolando sus galones, su carrera, su familia y su vida por un patriota traicionado. Porque “por encima de la disciplina, está el honor”.

Aquel día quedó cortada en el ejército cualquier posibilidad de reacción. Y sin embargo el Valor y el Honor se abrieron paso.

Miguel Menéndez Piñar

lunes, 22 de febrero de 2010

MENSAJE ESPIRITUAL DESDE EL VALLE DE LOS CAÍDOS

Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Acabamos de oír en el Evangelio de San Lucas que, después de su encuentro con Jesús, Pedro y los hijos del Zebedeo “dejándolo todo, lo siguieron”.

¡Con cuánta fuerza han resonado estas palabras en el corazón de quienes hemos recibido la vocación religiosa y/o sacerdotal! Ellas han sido capaces de remover interiormente a gran número de hombres y mujeres, hasta el punto de dejarlo todo para seguir a Cristo.

Jesucristo es capaz, hoy como hace dos mil años, de suscitar entregas absolutas a Él. Ningún hombre puede lograr esto con una actualidad permanente como Él, porque además de Hombre verdadero, es Dios verdadero. Los líderes humanos mueren, los gobiernos caen, los sistemas políticos y económicos sucumben, las ideologías se desvanecen como quimeras que sólo fueron capaces de engendrar utopías teóricas que, las más de las veces, terminaron y terminarán en la frustración y no raramente en la tragedia y el genocidio. Sólo Cristo permanece, con Él su Santa Iglesia, y con ella el sacerdocio y la vida religiosa.

El mayor peligro para los sacerdotes y los religiosos no es la persecución, la muerte violenta, la expulsión y el cierre de sus iglesias, de sus centros de formación y de sus casas de comunidad, porque en todo ello se han enfervorizado más y han resurgido en múltiples ocasiones a lo largo de la Historia. El mayor peligro para los sacerdotes y los religiosos puede venir de que nosotros mismos perdamos la ilusión por nuestra vocación y nos adaptemos a las costumbres del mundo: es decir, la secularización, hasta el punto de abandonar por completo nuestra vocación. Fuera de esto, el Demonio poco puede conseguir con éxito.

En una ocasión, haciendo alarde de la capacidad militar del Ejército soviético, Stalin preguntó con cierta sorna: “¿De cuántas divisiones dispone el Papa?” En el silencio que se hizo, hubo alguien que pensó, sin querer decirlo para evitar mayores persecuciones: “Las divisiones del Papa son los religiosos” [i]. Y es verdad: si los sacerdotes y los religiosos son fieles a su vocación, la Iglesia avanza con fruto en su labor apostólica de anunciar la Resurrección de Cristo, como nos señala San Pablo en la segunda lectura.

Y por eso el Espíritu Santo sigue suscitando vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, como lo hiciera ya con el profeta Isaías, según hemos visto en la primera lectura. El encuentro profundo con la persona de Cristo remueve las entrañas más profundas del hombre.

Dios desea almas que se consagren a Él por completo en la vida religiosa; las anhela, clama por ellas, las llama por su nombre para que se entreguen de lleno a su servicio amoroso y para hacerlas participar de su Amor infinito. Eso es la vocación religiosa: una llamada interior de Dios a una persona para que le dé toda su vida mediante la profesión de unos votos, por los que se liga a Él de manera especial. Por lo tanto, es una llamada que espera una respuesta. La libertad del ser humano para amar es interpelada por un Dios que es Amor.

Y ese Dios llama porque desea otorgar el don de la vocación religiosa. Las almas consagradas a Él se convierten en almas de reparación, dedicadas a desagraviar tantas ofensas e ingratitudes cometidas contra su Amor. Almas volcadas por entero al servicio de Dios en la alabanza, en la adoración, en el espíritu de caridad comunitaria, en la atención a los necesitados, en la educación de los niños… Almas que, siendo sólo de Dios, viven para todos con un amor universal. Almas que participan de la obra redentora de Cristo, con quien se configuran como su Modelo y Maestro. Almas que gozan contemplando su rostro y escuchando en silencio sus palabras, y almas que se abrazan a Él en la Cruz aliviando los dolores ajenos. Almas que han descubierto en la renuncia incluso de muchos deseos lícitos la más seria afirmación de su personalidad y la raíz más profunda de su felicidad. Almas a las que se ha prometido el ciento por uno en esta vida y además la vida eterna.

¡Dios tiene sed de amor, de almas consagradas, de almas de reparación, de almas entregadas a Él de un modo absoluto, que le correspondan en el amor no correspondido por tantos hombres, almas que le amen por los que no le aman, almas sobre las que Él deje derramar todo su Amor para así misteriosamente derramarlo sobre todos esos hombres que no le aman! ¡Almas de Dios por entero, fieles a su vocación religiosa, para quienes Dios tenga en todo la primacía en sus vidas! ¡Almas de Dios y para Dios!

Que María, Modelo de toda vocación religiosa, alcance de Dios el que muchos jóvenes abran sus corazones al Señor y dejen escuchar en su interior si acaso su voz les susurra amorosamente o si incluso clama con fuerza, solicitando su total entrega y consagración a Él.


P. Santiago Cantera Montenegro, OSB (Santa Cruz del Valle de los Caídos).
HOMILÍA – V DOMINGO DE T. O. (CICLO C)

[i] También se cuenta que, al conocer Pío XII esta pregunta de Stalin, contestó: “Dígale a mi hijo José [Stalin] que el Papa podría pedir al Cielo que le enviaran numerosas legiones de ángeles”.

jueves, 18 de febrero de 2010

ANTE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA DE HOY LA PROTECCIÓN A LA IGLESIA AYER

Como abundan los casos actuales de persecución religiosa, en este sistema liberal que sufrimos, traemos otros ejemplos antagónicos que cumplieron con la obligación de tributar honor público a la Verdad. Lean.

“En nombre de la Muy Santísima Trinidad, Considerando:

Que la Santa Sede e Italia han reconocido que convenía eliminar toda causa de discrepancia existente entre ambos y llegar a un arreglo definitivo de sus relaciones recíprocas que sea conforme a la justicia y a la dignidad de las dos Altas Partes y que, asegurando a la Santa Sede, de una manera estable, una situación de hecho y de derecho que le garantice la independencia absoluta para el cumplimiento de su alta misión en el mundo, permita a esta misma Santa Sede reconocer resuelta de modo definitivo e irrevocable la "Cuestión Romana", surgida en 1870 por la anexión de Roma al reino de Italia bajo la casa de Saboya; que es necesario para asegurar a la Santa Sede la independencia absoluta y evidente, garantizarle una soberanía indiscutible, incluso en el terreno internacional, y que, como consecuencia, es manifiesta la necesidad de constituir con modalidades particulares la "Ciudad del Vaticano" reconociéndose a la Santa Sede, sobre este territorio, plena propiedad, poder exclusivo y absoluto y jurisdicción soberana; Su Santidad el Soberano Pontífice Pío XI y Su Majestad Víctor Manuel III, rey de Italia, han resuelto estipular un tratado, nombrando a este efecto dos plenipotenciarios, los cuales han acordado los siguientes artículos:

Artículo 1.° Italia reconoce y reafirma el principio consagrado en el artículo 1° del Estatuto del reino, de fecha de 4 de marzo de 1848, en virtud del cual la religión católica, apostólica y romana es la única religión del Estado.

Art. 2.° Italia reconoce la soberanía de la Santa Sede en el campo internacional como un atributo inherente a su naturaleza, de conformidad con su tradición y con las exigencias de su misión en el mundo.

Art. 3.º Italia reconoce a la Santa Sede la plena propiedad, el poder exclusivo y absoluto de la jurisdicción soberana sobre el Vaticano, cómo está constituido actualmente, con todas sus dependencias y dotaciones, estableciendo esta suerte de Ciudad del Vaticano para los fines especiales y con las modalidades que contiene el presente tratado (...).

Art. 4.º La soberanía y la jurisdicción exclusiva que Italia reconoce a la Santa Sede sobre la Ciudad del Vaticano implica esta consecuencia: que ninguna injerencia por parte del Gobierno italiano podrá manifestarse allí y que no habrá otra autoridad allí que la Santa Sede (...).

Art. 8º ltalia considera como sagrada e inviolable la persona del Soberano Pontífice, declara punible el atentado contra ella y la provocación al atentado, bajo amenaza de las mismas penas establecidas para el atentado o provocación al atentado contra el Rey. Las ofensas e injurias cometidas en territorio italiano contra la persona del Soberano Pontífice, en discursos, actos o en escritos serán castigados como las ofensas e injurias contra la persona del Rey (...).
Art. 12º Italia reconoce a la Santa Sede el derecho de legación activa y pasiva según las normas del derecho internacional (...).

Art. 18º Los tesoros de arte y de ciencia que existen en la Ciudad del Vaticano y en el palacio de Letrán permanecerán visibles a los estudiosos y a los visitantes, reservándose a la Santa Sede, sin embargo, plena libertad de reglamentar la entrada del público.

Art. 20º Las mercancías que provengan del exterior y enviadas a la Ciudad del Vaticano se les permitirán siempre pasar por el territorio italiano con plena exención de derecho de aduana y de consumos.

Art. 24º La Ciudad del Vaticano será siempre y en todos los casos considerada como un territorio neutral e inviolable.

Roma, 11 de febrero de 1929.

Pietro, cardenal Gasparri.
Benito Mussolini."

Pacto de Letrán.
11 de Febrero de 1929
Extractos de la primera parte correspondinete a las cláusulas políticas.

martes, 16 de febrero de 2010

EL VALLE DE LOS CAÍDOS ESTÁ BIEN CUSTODIADO


Como un silencio largo y vigilante
son pluma y bronce en la aridez del muro,
para negar cualquier designio oscuro
y dar eternidad a cada instante.

De la nube a la piedra en vuelo amante,
desde la gloria al pensamiento puro,
cristalizado en éxtasis. Conjuro
de nube y flor en un trenzar triunfante.

Ala de viento y sombra levantada.
Cuatro manos de amor sobre la espada,
velándole a la muerte su reposo.

Guarda de Dios que espera conmovida
un nuevo retornar hacia la vida
de este polvo de España luminoso.

Julio Alfredo Egea

El Templo del Señor de los Ejércitos no puede ser profanado.

lunes, 15 de febrero de 2010

20 DE FEBRERO: AL VALLE DE LOS CAÍDOS

Abierto en el rincón del Guadarrama,
donde España es más muerte y es más gloria,
donde España es más vida y más historia,
por su Escorial segundo te proclama.

Muros el tiempo cuelga y se encarama
sobre ellos la ilusión, sed perentoria
de decir a los hombres sin memoria
que la paz la consigue quien más ama.

De hermandad eres símbolo, y al verte
va cobrando otra vez peso y medida
el pasado, el futuro y nuestra suerte.

Con tu Cruz, que en el seco viento anida,
no eres tierra de ayer para la muerte,
eres tierra de hoy para la vida

José María Alonso Gamo



Convocatoria copiada de la red

El próximo sábado 20 de Febrero nos vamos al Valle de los Caídos a apoyar a la Comunidad Benedictina, asistiendo a la Santa Misa de las 11.00 de la mañana.

Despues de estos últimos días de incertidumbre debemos demostrar que el Valle de los Caídos nos importa y por tanto debemos ser cuantos más podamos mejor en acudir.

Vamos a la MISA conventual, NO VAMOS A NINGÚN ACTO POLITICO NI A REALIZAR REIVINDICACIÓN ALGUNA QUE NO HARÍA OTRA COSA QUE AGRAVAR EL PROBLEMA.

Existirá un servicio de autobuses del que ya informaremos de precios y horas de salida.

Rogamos vayáis comentando en el grupo vuestra disposición al respecto.

AUTOBUSES

Los autobuses saldrán de sitio a desterminar aunque dejamos claro que será lugar céntrico y bien comunicado.

Los autobuses estarán disponibles a las 9.15 de la mañana y saldrán hacia su destino a las 9.45.

La vuelta se realizará a las 13.00 horas aproximadamente.

El precio del autobus es de 11€ por persona incluyendo viaje de ida y vuelta y S.O.V (Seguro Obligatorio de Viajeros).

Forma de pago del bus: Necesariamente por transferencia previa. Nos pondremos en contacto con los que nos manifiesten su deseo de viajar y les daremos las instrucciones precisas para el pago.

Correo electronico habilitado de información: autobuses@elvalledeloscaidos.es

LAS PLAZAS SON LIMITADAS.

Para quienes vayan a ir por su cuenta recomendamos puntualidad tanto en la taquilla del Valle (10.30 - 10.45) como en la Basílica (11.00h).

Hemos concretado con la Hospedería Benedictina un menu de 11€ para quienes quieran comer en el restaurante de la Hospedería (único sitio abierto en el Valle para comer)

domingo, 14 de febrero de 2010

JACQUES CATHELINEAU - EL SANTO DE ANJOU


Un Combatiente bajo el Estandarte del Rey del Cielo

Héroe de Vitral
Hoy, el aniversario que nos reúne, en el fervor del recuerdo y en la fidelidad de la gratitud, es el de la muerte de Jacques Cathelineau, en Sant-Florent-Le-Vieil, hace dos siglos, el 14 de julio de 1793. Su existencia tan breve, exactamente 34 años de edad, su infancia escondida en el corazón de la campiña de Anjou, el repentino surgimiento de un joven sin instrucción militar y sin relaciones políticas, la carga victoriosa que hace de los campesinos un ejército temible; y de un joven de los Mauges sin preparación, un general de un ejército Católico y Monarquista para la defensa de la fe de Cristo, por la fidelidad al Pontífice Romano y por la libertad de profesar la religión con los sacerdotes fieles a la Iglesia de Dios y decir un no absoluto a una Republica persecutoria; esta epopeya, gracias a su carácter y a su dimensión, a su inspiración y a su decisión, evoca irresistiblemente el misterio de una Juana de Arco.

Nacido de una familia de artesanos, el joven Jacques crece en el seno de una familia cristiana, donde aprende, como sucedió a muchos en Anjou, a reverenciar en un solo amor a los padres terrenos y al Padre Celeste, a recitar el rosario por la tarde y a no comer el pan sin persignarlo antes y a no pasar delante de un crucifijo sin reverenciarlo. Entre su padre Jean y su madre Perrine Hudon, el hermano mayor Jean y la hermana menor Marie-Jeanne trascurren sus días felices como en todas las casas en que existe el cariño. Pero a los doce años en los Mauges, era necesario ganarse la vida. El párroco de la Capilla de Genet, Don Marchais, amigo del párroco de Le Pin, lo toma consigo a su servicio. En cinco años su fe se refuerza. A Le Pin regresa un joven alto y apuesto, de ojos claros con los cabellos rizados y que sabe expresarse, compañero alegre y cantor en la iglesia del pueblo. A los 18 años se casa con su vecina, Louise Godin, 8 años mayor que él, que le da once hijos de los cuales en 1793, quedaban sólo cuatro hijas y un hijo.

Jacques es vendedor ambulante. Atraviesa el país, los pueblos para vender telas, jabones, hilo, aguja, lana y pañoletas de Cholet, azúcar y sal, medallas y coronas del Rosario. Jovial y servicial, franco y leal, robusto y fino, con el rostro vivaz y dulce, la voz clara, vende su mercancía y comenta las novedades. Que son malas. La Constitución Civil del Clero quiere separar a los obispos y sacerdotes de Roma y les impone el juramento al que tanto Le Pin como La Capilla de Genet rehúsan. Es hora de la prueba y de la persecución. Cathelineau multiplica los peregrinajes a Notre Dame de Charité, a Saint-Laurent de la Plaine y a Notre Dame de Bon Secours en Bellefontaine. De noche, con la cruz procesional por delante, los parroquianos suplican a la Virgen conservar la fe Católica: “Confío, SantaVirgen, en vuestro socorro”. Un amigo suyo, Cantiteau, da su testimonio: “Casi siempre sólo él era el guía, el conductor de centenares de personas que lo seguían. Ya sostenido – como parece – por algo más que humano, recorría hacia atrás y hacia delante, por quince o dieciocho veces, tres leguas, cantando y haciendo de este modo el viaje”. Hoy no es un sacerdote el que guía la procesión. Mañana no será un noble el que guiará la insurrección. Es Jacques Cathelineau, un laico, un simple fiel, fiel a su fe y a su conciencia delante de Dios y delante de los hombres.

De París no sólo llegan malas noticias, también llegan medidas persecutorias. Cantiteau se tiene que esconder. Cathelineau le da valor: “Estese tranquilo, señor Párroco, con mi caja de mercancía llevaré de casa en casa la verdadera fe”.

El Combate por Dios
Ésta fue, repentinamente, la chispa. La Convención decreta el reclutamiento en masa de los ciudadanos para cortar el camino del Oriente a la invasión extranjera, 6.022 voluntarios de Maine-et-Loire, de los cuales 701 eran sólo del distrito de Saint-Florent. Son los jóvenes del pueblo los que se sublevan. La pequeña nobleza que no había podido emigrar, buscaba hacerse la desentendida. El clero que no había podido salir y que se rehúsa a prestar juramento se esconde y trata de calmar los ánimos. La gente del pueblo, cansada, llega a la indignación y los jóvenes campesinos, artesanos y comerciantes se niegan a servir a un régimen que los desprecia y los persigue. Un grito unánime en todos esos pueblos sale de las casas:

“¡NO IREMOS!”El 12 de marzo de 1793, en Saint Florent se da la escaramuza tantas veces descrita y narrada. A partir del día siguiente, según Jean Blon, su primo, la decisión de Cathelineau largamente madurada es tomada. Él se estaba quitando de las manos la masa para el pan que estaba por cocer en el horno. La esposa se le abraza al cuello, le suplica no dejarla sola con los cinco niños menores de doce años. “Ten fe – responde – Dios, por quien voy a combatir, los cuidará a ustedes”. Toma una espada, se pone un rosario al cuello, se coloca un Sagrado Corazón al pecho y parte, por la causa de Dios, seguido de veintisiete hombres sin fusiles, con un trinche, y en el corazón una fe invencible. Entre ellos no hay oficiales, ni nobles ni sacerdotes. Es el pueblo, el buen pueblo de Mauges, son laicos, buenas personas, de condición modesta, tejedores, carpinteros, albañiles, campesinos. Cathelineau hace abrir la Iglesia. “Ustedes no pueden combatir, dice a los viejos, a las mujeres y a los niños – rogad por el éxito de nuestras armas”. Los hombres, que se habían cortado el cabello delante del Crucifijo, cantan el himno de La Pasión con Cathelineau, que los anima a combatir por el Rey, ciertamente, pero se trata de Cristo Rey.

Vexilla regis prodeunt
Fulget crucis mysterium
Qua vita morten pertulit
Et morte vita protulit
Avanzan los estandartes del Rey
Brilla el misterio de la Cruz
Sobre la cual la vida ha soportado la muerte
Y con su muerte da la vida.


Y así se dará, bajo el estandarte del Rey del Cielo, la victoria de estos jóvenes campesinos inexpertos y la derrota de los republicanos, vencidos de los irresistibles golpes del jefe más prestigiado y más popular de la guerra de La Vendeé, conducida por hombres y jefes entre los dieciocho y los treinta y cuatro años. Cathelineau se merecerá el título de “Santo de Anjou”.

El Soldado de Dios
Cathelineau se persigna y se lanza. Lo siguen todos. La guerra de La Vendeé comienza. Una increíble y victoriosa epopeya que lleva a estos hijos de Dios, desde Jallais a Chemillé y vuela de victoria en victoria desde Cholet a Saumur y a Nantes, donde el 29 de junio de 1793 un golpe mortal pega en el pecho del general. Llevado a Saint Florent, muere el 14 de julio. “El buen Cathelineau – anuncia su primo Jean Blon – ha entregado su alma a Dios, que se la había dado para reivindicar su gloria”.

Napoleón que era un experto en hombres y soldados, escribirá en sus Memorias: “Cathelineau había recibido de la naturaleza las principales cualidades de un jefe militar: la inspiración de no dejar jamás descansar ni a los vencedores ni a los vencidos. Nada habría podido parar la marcha de los ejércitos Realistas. La bandera blanca habría ondeando sobre las torres de Notre Dame antes de que fuese posible que los ejércitos de Reno corrieran en ayuda de su gobierno”.

Cardenal Paul Popard

martes, 9 de febrero de 2010

GOBIERNO Y VALLE DE LOS CAÍDOS: CON LA IGLESIA DEBEN TOPAR.

Volvemos a reproducir la Carta Apostólica de S.S. Juan XXIII sobre el Valle de los Caídos por su tremenda actualidad y ante la agresión que sufre por parte del gobierno. Recomiendo prestar atención al último párrafo, palabras que cobran vigor ante la amenaza que estos días sacude a la obra de Cuelgamuros.

CARTA APOSTÓLICA SALUTIFERAE CRUCIS DE SU SANTIDAD JUAN XXIII CON LA QUE SE ELEVA AL HONOR Y DIGNIDAD DE BASÍLICA MENOR LA IGLESIA DE SANTA CRUZ DEL VALLE DE LOS CAÍDOS

Yérguese airoso en una de las cumbres de la sierra de Guadarrama, no lejos de la Villa de Madrid, el signo de la Cruz Redentora, como hito hacia el cielo, meta preclarísima del caminar de la vida terrena, y a la vez extiende sus brazos piadosos a modo de alas protectoras, bajo las cuales los muertos gozan el eterno descanso.

Este monte sobre el que se eleva el signo de la Redención humana ha sido excavado en inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre amplísimo templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por los Caídos en la guerra civil de España, y allí, acabados los padecimientos, terminados los trabajos y aplacadas las luchas, duermen juntos el sueño de la paz, a la vez que se ruega sin cesar por toda la nación española. Esta obra, única y monumental, cuyo nombre es Santa Cruz del Valle de los Caídos, la ha hecho construir Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España, agregándola una Abadía de monjes benedictinos de la Congregación de Solesmes, quienes diariamente celebran los Santos Misterios y aplacan al Señor con sus preces litúrgicas. Es un monumento que llena de no pequeña admiración a los visitantes: acoge en primer lugar a los que a él se acercan un gran pórtico, capaz para concentraciones numerosas; en el frontis ya del templo subterráneo se admira la imagen de la Virgen de los Dolores que abraza en su seno el cuerpo exánime de su Divino Hijo, obra en que nos ha dejado el artista una muestra de arte maravilloso. A través del vestíbulo y de un segundo atrio, y franqueando altísimas verjas forjadas con suma elegancia, se llega al sagrado recinto, adornado con preciosos tapices historiados; se muestra en él patente la piedad de los españoles hacia la Santísima Virgen en seis grandes relieves de elegante escultura, que presiden otras tantas capillas. En el centro del crucero está colocado el Altar Mayor, cuya mesa, de un solo bloque de granito pulimentado, de magnitud asombrosa, está sostenida por una base decorada con bellas imágenes y símbolos. Sobre este altar, y en su vértice, se eleva, en la cumbre de la montaña, la altísima Cruz de que hemos hecho mención. Ni se debe pasar por alto el riquísimo mosaico en que aparecen Cristo en su majestad, la piadosísima Madre de Dios, los apóstoles de España Santiago y San Pablo y otros bienaventurados y héroes que hacen brillar con luz de paraíso la cúpula de este inmenso hipogeo. Es, pues, este templo, por el orden de su estructura, por el culto que en él se desarrolla y por sus obras de arte, insigne entre los mejores, y lo que es más de apreciar, noble sobre todo por la piedad que inspira y célebre por la concurrencia de los fieles.

Por estos motivos, hemos oído con agrado las preces que nuestro amado hijo, el Abad de Santa Cruz del Valle de los Caídos, nos ha dirigido, rogándonos humildemente que distingamos este tan prestigioso templo con el nombre y los derechos de Basílica Menor. En consecuencia, consultada la Sagrada Congregación de Ritos, con pleno conocimiento y con madura deliberación y con la plenitud de nuestra potestad apostólica, en virtud de estas Letras y a perpetuidad, elevamos al honor y dignidad de Basílica Menor la iglesia llamada de Santa Cruz del Valle de los Caídos, sita dentro de los límites de la diócesis de Madrid, añadiéndola todos los derechos y privilegios que competen a los templos condecorados con el mismo nombre. Sin que pueda obstar nada en contra. Esto mandamos, determinamos, decretando que las presentes Letras sean y permanezcan siempre firmes, válidas y eficaces y que consigan y obtengan sus plenos e íntegros efectos y las acaten en su plenitud aquellos a quienes se refieran actualmente y puedan referirse en el futuro; así se han de interpretar y definir; y queda nulo y sin efecto desde ahora cuanto aconteciere atentar contra ellas, a sabiendas o por ignorancia, por quienquiera o en nombre de cualquiera autoridad.

Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el día siete del mes de abril del año mil novecientos sesenta, segundo de nuestro Pontificado.

lunes, 8 de febrero de 2010

PÍO MOA SOBRE EL CIERRE DEL VALLE DE LOS CAÍDOS


Pinchar en la foto para escuchar a Pío Moa hablar sobre el cierre del Valle de los Caídos.

martes, 2 de febrero de 2010

¡A MÍ LA LEGIÓN!

CREO que hubiese incurrido en una incuestionable cobardía si hubiese permanecido en silencio ante la última consecuencia de la mal llamada Memoria Histórica, que ha tenido su concreción en el injusto derribo de la estatua dedicada al teniente general Millán Astray.

Arrancar una página de la historia de España que contiene y refiere el heroísmo sin límite de un soldado español, echar abajo un símbolo de una categoría histórica indudable que representa el más formidable sentido del valor, la más alta prueba de gallardía, el más sublime heroísmo, la más completa y fecunda abnegación, me parece no un error ni siquiera un disparate inconfesable. Estimo que se trata de un alevoso crimen contra la identidad de nuestra tradición militar, contra el ejemplo de alguien que supo aceptar el sufrimiento sin protesta alguna y que llevó hasta sus límites más altos el sentido de la milicia.

¿Se pretende borrar de los anales de la historia todo vestigio de dignidad? ¿Qué se intenta, mancillar los nombres más ilustres de nuestro acontecer nacional? Esta vandálica invasión del Gobierno socialista, esta apoyatura indiscutible de todo lo que significa destrucción de valores esenciales, no puede permanecer indiferente ante los que creemos en valores superiores, en el culto al espíritu y en la estimación verdadera de méritos que constituyen las pruebas más altas del honor.

Vivimos un tiempo en el que corremos el riesgo de avergonzarnos de pertenecer a una Nación gloriosa y antigua como ha sido España. Nos duele la resignación, nos hiere el silencio, nos destroza la indiferencia, nos mancha el olvido. Creemos firmemente que no hay nación en el mundo que pueda ofrecer un palmarés de acciones extraordinarias como puede representar España. Concretamente a mí me duele esta trágica expoliación de virtudes esenciales, este asesinato de nuestras tradiciones, esa labor que pisotea la sangre de nuestros muertos, la señal de nuestros heridos, el holocausto de tantos y tantos soldados anónimos que dieron su vida porque España pudiera tener en la Historia un sitio de insobornable dignidad. Confieso que pocas acciones políticas me han afectado tan directamente como ésta que acontece para mayor escarnio en tierras gallegas, donde nació este ilustre soldado. ¿Es que no hay una voz disidente, un grito indignado, una protesta justificada ante tamaño desafuero?

No solamente me duele este silencio, me repugna esta increíble complicidad de los obligados, también, a alzar la voz. Yo al menos, en mi insignificancia, carente de representación política alguna, jubilado por la edad, pero no derrotado en la esperanza, clamo contra esta monstruosa injusticia. Creo que tranquilizo mi conciencia describiendo mis sentimientos. Pienso que no podría conciliar el sueño si permaneciera callado ante esa incalificable fechoría. Hace unos años, la Legión española me distinguió con la única condecoración que verdaderamente he ostentado durante todos estos años con pleno orgullo, al nombrarme cabo honorario. Hago honor a esta distinción y saludo ante su tumba con gesto legionario a quien ha sido un héroe excepcional y un ejemplo para las futuras generaciones. Al grito legionario ¡a mí la Legión!, acudo. Aquí estoy, mi general.

JOSÉ UTRERA MOLINA
ABC, 2 de Febrero de 2010

lunes, 1 de febrero de 2010

1 DE FEBRERO DE 1977: "POR ENCIMA DE LA DISCIPLINA ESTÁ EL HONOR"


El 1 de Febrero de 1977, en el Hospital Militar Gómez Hulla de Madrid, donde se velaban los cuerpos sin vida del Guardia Civil José María Sainz y de los policías armados Fernando Sánchez Hernández y José María Martínez Morales, asesinados por la banda terrorista ETA, la gente se dió cita para homenajear a sus compañeros y pedir responsabilidades al gobierno.

Ante la tensión generada y los gritos contra la banda terrorista, la debilidad del gobierno y la democracia, el Teniente General Masón Gutiérrez Mellado (Vicepresidente del Gobierno), enfurecido, exigió silencio intentando acallar las voces de los allí presentes. No lo consiguió ya que un MILITAR CON VALOR, el Capitán de Navío Camilo Menéndez Vives, se acercó y contra sus órdenes le respondió: "POR ENCIMA DE LA DISCIPLINA ESTÁ EL HONOR".

Tomen nota quienes encuadrados en el "ejército de España" deben disciplina a las chacones y compañía.