lunes, 8 de marzo de 2010

CARTA DE DON JOSÉ MIGUEL GAMBRA

Estimado amigo:

Recientemente he sido nombrado Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista. Desearía, en semejante tesitura, ponerme a tu disposición para cuanto redunde en beneficio de nuestra causa que, como sabrás, se resume en el lema Dios, Patria, Fueros y Rey. Como esa causa resulta, para muchos, desconocida y, cuando se conoce, es frecuente tener de ella una visión distorsionada, quisiera aprovechar esta ocasión para hacerte unas breves consideraciones.

Pocas doctrinas políticas habrán sido tan denostadas como el carlismo, en los tiempos que corren. Muchos no ven en él más que una supervivencia atávica de recuerdos obsoletos, cuando no lo identifican con meras cuestiones de preferencias dinásticas; otros, fieles a los manuales de la historia oficial, lo confunden con una caricatura del absolutismo derrocado por el liberalismo y la democracia. No faltan los que mezclan el carlismo con los orígenes del separatismo, ni quienes lo asimilan a doctrinas fascistas, más o menos pasadas por agua; y los hay --o ha habido-- que se dicen carlistas por socialistas autogestionarios o porque confunden el carlismo con cierto clericalismo, de larvadas inclinaciones demócrata-cristianas.

Denostado por tantos y de manera tan contradictoria, ¿no se te ha ocurrido pensar que, precisamente por ello, el carlismo tiene virtudes insoportables para nuestra decadente sociedad? Amañado por tantos otros, y en direcciones tan dispares ¿no te sugiere eso que la doctrina carlista oculta tesoros de sabiduría, de prestigio y arraigo social que merecen ser instrumentalizadas? Y es que el pensamiento carlista no coincide con ninguna de esas doctrinas que vulgarmente se le achacan, aunque de todas tenga un poco.

El carlismo no es fruto de una invención transeúnte de una escuela filosófica, que la haya elaborado para resolver los problemas sociales o políticos de un momento dado. Al contrario, es el resultado de toda la sabiduría política, recogida y depurada por el cristianismo a lo largo de muchos siglos. Sabiduría ya presente en filósofos paganos, como Aristóteles, decantada y perfeccionada por los padres de la Iglesia, como San Agustín, por filósofos, como Santo Tomás y los grandes pensadores de la escolástica española. Decaída y medio olvidada, tras las necedades prerrevolucionarias del s. XVIII y las subsiguientes perversidades revolucionarias, fue lentamente reconstruida y acomodada a las nuevas circunstancias por los pensadores tradicionalistas españoles, en perfecta consonancia con las encíclicas pontificias del s. XIX y principios del s. XX. En otras palabras, el pensamiento carlista no es sino la que se llamaba "doctrina social de la Iglesia", hasta los tiempos en que casi ha logrado destruirla el modernismo eclesiástico. Doctrina social universal e imperecedera, de la que el carlismo constituye su aplicación a las costumbres y tradiciones de nuestra patria, y que sólo la dinastía carlista ha mantenido incólume hasta hoy, sin tolerar en sus miembros que la legitimidad de origen prevalezca sobre la de ejercicio.

Esta egregia doctrina --dije antes-- algo tiene de cuanto le achacan. ¿Absolutista? Algo, pero bien escaso, porque no admite ni la intromisión del poder real en las prerrogativas eclesiásticas, ni forma alguna de despotismo; pero sí reconoce al REY un ámbito de poder exclusivo, limitado, sin embargo, por el poder de las sociedades inferiores y sometido a los dictados de la ley natural y de la Iglesia. ¿Separatista? No en cuanto proponga secesión alguna, pero sí en cuanto reconoce, frente al uniformismo racionalista, las peculiaridades de los reinos, regiones y municipios, cuyos FUEROS debe jurar el rey legítimo. ¿Socialista? No, desde luego porque defienda forma alguna de totalitarismo, pero sí es lo que Mella llamaba "sociedalista": más sociedad y menos estado. ¿Fascista? Misma respuesta en lo que al estatismo se refiere, pero además coincide con él en su declarado amor a nuestra PATRIA, sin necesidad de divinizarla o hipostatizarla, como hace algún falangismo. Más aún, el carlismo comulga con los anteriores en el odio al capitalismo, nacido de la destrucción de los estamentos del antiguo régimen y fuente de innumerables males e injusticias, contra el cual propone no una revolución, sino una restauración ¿Demócrata cristiano? Católico, sin duda; demócrata también, pero no a la manera en que estamos acostumbrados, con elecciones de partidos obsequiosos en los programas y tiránicos en el poder, sino a la manera de las cortes, cuyos miembros son elegidos por estamentos, entre personas conocidas que, a modo de compromisarios, defienden los intereses de municipios, gremios, regiones y reinos, y no los del partido.

Algo de cada cosa tiene, pero no es un amasijo ecléctico de todo ello. Al contrario, son esas doctrinas, erradas por parciales y desmesuradas, las que, desgajadas del tronco lleno de savia y vitalidad del pensamiento social clásico, se han convertido en nocivas ramas muertas, sólo de lejos parecidas a las del árbol. El todo de esta doctrina es infinitamente superior a la suma de sus partes, pues cada pieza se unifica con las otras y se vivifica porque todas han de tender al bien común de la sociedad y, en última instancia, al bien común del hombre que sólo en DIOS reside.

De suyo esta doctrina es imperecedera, porque hunde sus raíces en la naturaleza social del hombre y ha sido refrendada por el magisterio eclesiástico, que no puede cambiar ni corromperse. Pero sí puede desdibujarse en la conciencia humana y desaparecer por completo en una sociedad. El carlismo, derrotado en tres guerras mantuvo, sin embargo, una admirable vitalidad. Paradójicamente, tras su victoria en la Cruzada del 36, su situación ha terminado por serle mucho más desfavorable, en parte por el maltrato que sufrió durante el régimen franquista, pero, sobre todo, por la defección de los eclesiásticos progresistas que, desde la década de los sesenta, han desautorizado sistemáticamente la concepción del estado confesional, han propugnado la libertad de cultos y han tergiversado la doctrina de la realeza social de Nuestro Señor Jesucristo. Ante este desconcertante hecho, que atenta contra el principio fundamental en que confluye todo el pensamiento social de la Iglesia y del tradicionalismo, cada carlista tiró hacia donde se le ocurrió y surgieron así esos absurdos "carlismos" socialistas, separatistas o demócrata-cristianos de que antes hablé.

Hoy, sólo la Comunión Tradicionalista, con su Abanderado, Don Sixto Enrique de Borbón, al frente, mantiene en su integridad la doctrina carlista; sólo desde sus filas se estudia y se propaga, sin rehuir la acción política. De unos años a esta parte, su reduplicada actividad se ha plasmado en innumerables actuaciones de las que hallarás un elenco en la hoja adjunta. También podrás informarte de nuestras próximas convocatorias, empezando por la Misa que se celebrará el próximo 10 de marzo, en la festividad de los Mártires de la Tradición.

Te ofrezco estas simples consideraciones para invitarte a que te unas a nosotros. La Comunión Tradicionalista necesita apoyo, trabajo y todo tipo de ayudas. Y la necesita tanto como a ella la necesitas tú, católico que asqueado tiras al suelo el periódico y estragado apagas el televisor cuando dan las noticias. Porque somos naturalmente sociables y no podemos mantenernos en la verdadera doctrina ni a solas, ni son el solo apoyo del entorno familiar.

Atentamente:


José Miguel Gambra
Jefe de la Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón

martes, 23 de febrero de 2010

23-F: EL HONOR FRENTE A LA TRAICIÓN


El 23 de Febrero es el día de aquellos hombres que, cumpliendo con el juramento a la bandera, actuando con honor, ofrecieron cuanto tenían a España y los españoles. También recordamos a los que quisieron aniquilar cualquier resistencia, armada o no, engañando y traicionando sin escrúpulo.

Aquella fecha de 1981 fue la consecuencia de unos precedentes históricos que convulsionaron a España espiritual, social y políticamente. Espiritualmente en decadencia, España sufría los nefastos frutos del Concilio Vaticano II que había dado pie a la proliferación de toda clase de sectas, a la secularización de sacerdotes, a la protección oficial de la inmoralidad y a la marxistización de la Iglesia con el Primado Cardenal Tarancón y sus secuaces. Sacudida España socialmente por los movimientos estudiantiles, las revueltas universitarias y las reivindicaciones de los sindicatos bermellones, la fragmentación del pueblo era una crónica diaria. Y políticamente España era un barco que se hundía por las grietas del nacionalismo, los asesinatos de las bandas terroristas y un parlamento donde se sentaban desde Carrillo a Fraga, los nuevos amigos del consenso bastardo.

La situación era insostenible. Los pocos militares que hacían servir los galones al juramento, y no al revés, dieron un paso al frente. Con todas las consecuencias estaban dispuestos a intervenir para cambiar el rumbo a la deriva del pueblo español. Unos, por España, al servicio de ella. Otros sólo actuarían a las órdenes del Jefe de las Fuerzas Armadas: Juan Carlos de Borbón.

Se gestó, precipitadamente, la irrupción en el Congreso de Diputados del Ejército. Después, una vez tomado el hemiciclo, la autoridad militar se haría cargo de los destinos de España. Esa autoridad militar contaría con el apoyo total y absoluto del inquilino de la Zarzuela. El General Armada sería la cabeza visible del golpe de estado haciéndose cargo del poder. Detrás de él, las diversas Capitanías Generales, secundarían, a las órdenes de Juan Carlos, un gobierno de concentración con izquierdas y derechas, liberales y comunistas.

El Teniente Coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero Molina, movido por su amor inquebrantable a España, fue el elegido para entrar en el Congreso. Un hombre íntegro, profundamente patriota, que contaba con el respeto y la admiración de sus subordinados. Después de cumplir su misión dejaría paso al General Armada. Nada sabía el Teniente Coronel de los apaños sucios que habían acordado desde Zarzuela.

Tejero, todo por la Patria. Todo, su carrera, su sueldo, sus galones… años y años de servicio. No lo había ofrecido todo para mayor gloria de Armada, Juan Carlos o cualquiera de los parásitos que ya se estaban repartiendo cargos, ministerios y capitanías. Tejero es un hombre de honor. Y el honor fue su divisa cuando paró el golpe de la Zarzuela y cargando con la responsabilidad de sus hombres los despidió uno a uno a las puertas del Congreso. El golpe quedó parado. No era España lo que allí se defendía. El General Armada le había traicionado mientras en Valencia el General Milans del Bosch regresaba al cuartel con sus tanques dando cumplimiento al deseo y las órdenes de Zarzuela. Si don Jaime Milans del Bosch (gran militar, héroe del Alcázar toledano y juancarlista hasta aquel día) no hubiera dado marcha atrás otro gallo estaría cantando ahora mismo.

El consuelo de Tejero es el deber cumplido. La integridad de una vida. El sacrificio por la Patria y la austeridad y soledad de la celda tras los fríos barrotes.

Alguien estaba a su lado. Alguien que no sabía de traición, sino de lealtad. De amistad y nunca de interés. Alguien que, aquella noche oscura y tenebrosa, lució la claridad y pureza del blanco uniforme de la Armada. Y que llevó al Teniente Coronel Tejero el abrazo de un amigo y la cercanía de un camarada. Era el Capitán de Navío Camilo Menéndez Vives, inmolando sus galones, su carrera, su familia y su vida por un patriota traicionado. Porque “por encima de la disciplina, está el honor”.

Aquel día quedó cortada en el ejército cualquier posibilidad de reacción. Y sin embargo el Valor y el Honor se abrieron paso.

Miguel Menéndez Piñar

lunes, 22 de febrero de 2010

MENSAJE ESPIRITUAL DESDE EL VALLE DE LOS CAÍDOS

Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Acabamos de oír en el Evangelio de San Lucas que, después de su encuentro con Jesús, Pedro y los hijos del Zebedeo “dejándolo todo, lo siguieron”.

¡Con cuánta fuerza han resonado estas palabras en el corazón de quienes hemos recibido la vocación religiosa y/o sacerdotal! Ellas han sido capaces de remover interiormente a gran número de hombres y mujeres, hasta el punto de dejarlo todo para seguir a Cristo.

Jesucristo es capaz, hoy como hace dos mil años, de suscitar entregas absolutas a Él. Ningún hombre puede lograr esto con una actualidad permanente como Él, porque además de Hombre verdadero, es Dios verdadero. Los líderes humanos mueren, los gobiernos caen, los sistemas políticos y económicos sucumben, las ideologías se desvanecen como quimeras que sólo fueron capaces de engendrar utopías teóricas que, las más de las veces, terminaron y terminarán en la frustración y no raramente en la tragedia y el genocidio. Sólo Cristo permanece, con Él su Santa Iglesia, y con ella el sacerdocio y la vida religiosa.

El mayor peligro para los sacerdotes y los religiosos no es la persecución, la muerte violenta, la expulsión y el cierre de sus iglesias, de sus centros de formación y de sus casas de comunidad, porque en todo ello se han enfervorizado más y han resurgido en múltiples ocasiones a lo largo de la Historia. El mayor peligro para los sacerdotes y los religiosos puede venir de que nosotros mismos perdamos la ilusión por nuestra vocación y nos adaptemos a las costumbres del mundo: es decir, la secularización, hasta el punto de abandonar por completo nuestra vocación. Fuera de esto, el Demonio poco puede conseguir con éxito.

En una ocasión, haciendo alarde de la capacidad militar del Ejército soviético, Stalin preguntó con cierta sorna: “¿De cuántas divisiones dispone el Papa?” En el silencio que se hizo, hubo alguien que pensó, sin querer decirlo para evitar mayores persecuciones: “Las divisiones del Papa son los religiosos” [i]. Y es verdad: si los sacerdotes y los religiosos son fieles a su vocación, la Iglesia avanza con fruto en su labor apostólica de anunciar la Resurrección de Cristo, como nos señala San Pablo en la segunda lectura.

Y por eso el Espíritu Santo sigue suscitando vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, como lo hiciera ya con el profeta Isaías, según hemos visto en la primera lectura. El encuentro profundo con la persona de Cristo remueve las entrañas más profundas del hombre.

Dios desea almas que se consagren a Él por completo en la vida religiosa; las anhela, clama por ellas, las llama por su nombre para que se entreguen de lleno a su servicio amoroso y para hacerlas participar de su Amor infinito. Eso es la vocación religiosa: una llamada interior de Dios a una persona para que le dé toda su vida mediante la profesión de unos votos, por los que se liga a Él de manera especial. Por lo tanto, es una llamada que espera una respuesta. La libertad del ser humano para amar es interpelada por un Dios que es Amor.

Y ese Dios llama porque desea otorgar el don de la vocación religiosa. Las almas consagradas a Él se convierten en almas de reparación, dedicadas a desagraviar tantas ofensas e ingratitudes cometidas contra su Amor. Almas volcadas por entero al servicio de Dios en la alabanza, en la adoración, en el espíritu de caridad comunitaria, en la atención a los necesitados, en la educación de los niños… Almas que, siendo sólo de Dios, viven para todos con un amor universal. Almas que participan de la obra redentora de Cristo, con quien se configuran como su Modelo y Maestro. Almas que gozan contemplando su rostro y escuchando en silencio sus palabras, y almas que se abrazan a Él en la Cruz aliviando los dolores ajenos. Almas que han descubierto en la renuncia incluso de muchos deseos lícitos la más seria afirmación de su personalidad y la raíz más profunda de su felicidad. Almas a las que se ha prometido el ciento por uno en esta vida y además la vida eterna.

¡Dios tiene sed de amor, de almas consagradas, de almas de reparación, de almas entregadas a Él de un modo absoluto, que le correspondan en el amor no correspondido por tantos hombres, almas que le amen por los que no le aman, almas sobre las que Él deje derramar todo su Amor para así misteriosamente derramarlo sobre todos esos hombres que no le aman! ¡Almas de Dios por entero, fieles a su vocación religiosa, para quienes Dios tenga en todo la primacía en sus vidas! ¡Almas de Dios y para Dios!

Que María, Modelo de toda vocación religiosa, alcance de Dios el que muchos jóvenes abran sus corazones al Señor y dejen escuchar en su interior si acaso su voz les susurra amorosamente o si incluso clama con fuerza, solicitando su total entrega y consagración a Él.


P. Santiago Cantera Montenegro, OSB (Santa Cruz del Valle de los Caídos).
HOMILÍA – V DOMINGO DE T. O. (CICLO C)

[i] También se cuenta que, al conocer Pío XII esta pregunta de Stalin, contestó: “Dígale a mi hijo José [Stalin] que el Papa podría pedir al Cielo que le enviaran numerosas legiones de ángeles”.

jueves, 18 de febrero de 2010

ANTE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA DE HOY LA PROTECCIÓN A LA IGLESIA AYER

Como abundan los casos actuales de persecución religiosa, en este sistema liberal que sufrimos, traemos otros ejemplos antagónicos que cumplieron con la obligación de tributar honor público a la Verdad. Lean.

“En nombre de la Muy Santísima Trinidad, Considerando:

Que la Santa Sede e Italia han reconocido que convenía eliminar toda causa de discrepancia existente entre ambos y llegar a un arreglo definitivo de sus relaciones recíprocas que sea conforme a la justicia y a la dignidad de las dos Altas Partes y que, asegurando a la Santa Sede, de una manera estable, una situación de hecho y de derecho que le garantice la independencia absoluta para el cumplimiento de su alta misión en el mundo, permita a esta misma Santa Sede reconocer resuelta de modo definitivo e irrevocable la "Cuestión Romana", surgida en 1870 por la anexión de Roma al reino de Italia bajo la casa de Saboya; que es necesario para asegurar a la Santa Sede la independencia absoluta y evidente, garantizarle una soberanía indiscutible, incluso en el terreno internacional, y que, como consecuencia, es manifiesta la necesidad de constituir con modalidades particulares la "Ciudad del Vaticano" reconociéndose a la Santa Sede, sobre este territorio, plena propiedad, poder exclusivo y absoluto y jurisdicción soberana; Su Santidad el Soberano Pontífice Pío XI y Su Majestad Víctor Manuel III, rey de Italia, han resuelto estipular un tratado, nombrando a este efecto dos plenipotenciarios, los cuales han acordado los siguientes artículos:

Artículo 1.° Italia reconoce y reafirma el principio consagrado en el artículo 1° del Estatuto del reino, de fecha de 4 de marzo de 1848, en virtud del cual la religión católica, apostólica y romana es la única religión del Estado.

Art. 2.° Italia reconoce la soberanía de la Santa Sede en el campo internacional como un atributo inherente a su naturaleza, de conformidad con su tradición y con las exigencias de su misión en el mundo.

Art. 3.º Italia reconoce a la Santa Sede la plena propiedad, el poder exclusivo y absoluto de la jurisdicción soberana sobre el Vaticano, cómo está constituido actualmente, con todas sus dependencias y dotaciones, estableciendo esta suerte de Ciudad del Vaticano para los fines especiales y con las modalidades que contiene el presente tratado (...).

Art. 4.º La soberanía y la jurisdicción exclusiva que Italia reconoce a la Santa Sede sobre la Ciudad del Vaticano implica esta consecuencia: que ninguna injerencia por parte del Gobierno italiano podrá manifestarse allí y que no habrá otra autoridad allí que la Santa Sede (...).

Art. 8º ltalia considera como sagrada e inviolable la persona del Soberano Pontífice, declara punible el atentado contra ella y la provocación al atentado, bajo amenaza de las mismas penas establecidas para el atentado o provocación al atentado contra el Rey. Las ofensas e injurias cometidas en territorio italiano contra la persona del Soberano Pontífice, en discursos, actos o en escritos serán castigados como las ofensas e injurias contra la persona del Rey (...).
Art. 12º Italia reconoce a la Santa Sede el derecho de legación activa y pasiva según las normas del derecho internacional (...).

Art. 18º Los tesoros de arte y de ciencia que existen en la Ciudad del Vaticano y en el palacio de Letrán permanecerán visibles a los estudiosos y a los visitantes, reservándose a la Santa Sede, sin embargo, plena libertad de reglamentar la entrada del público.

Art. 20º Las mercancías que provengan del exterior y enviadas a la Ciudad del Vaticano se les permitirán siempre pasar por el territorio italiano con plena exención de derecho de aduana y de consumos.

Art. 24º La Ciudad del Vaticano será siempre y en todos los casos considerada como un territorio neutral e inviolable.

Roma, 11 de febrero de 1929.

Pietro, cardenal Gasparri.
Benito Mussolini."

Pacto de Letrán.
11 de Febrero de 1929
Extractos de la primera parte correspondinete a las cláusulas políticas.

martes, 16 de febrero de 2010

EL VALLE DE LOS CAÍDOS ESTÁ BIEN CUSTODIADO


Como un silencio largo y vigilante
son pluma y bronce en la aridez del muro,
para negar cualquier designio oscuro
y dar eternidad a cada instante.

De la nube a la piedra en vuelo amante,
desde la gloria al pensamiento puro,
cristalizado en éxtasis. Conjuro
de nube y flor en un trenzar triunfante.

Ala de viento y sombra levantada.
Cuatro manos de amor sobre la espada,
velándole a la muerte su reposo.

Guarda de Dios que espera conmovida
un nuevo retornar hacia la vida
de este polvo de España luminoso.

Julio Alfredo Egea

El Templo del Señor de los Ejércitos no puede ser profanado.

lunes, 15 de febrero de 2010

20 DE FEBRERO: AL VALLE DE LOS CAÍDOS

Abierto en el rincón del Guadarrama,
donde España es más muerte y es más gloria,
donde España es más vida y más historia,
por su Escorial segundo te proclama.

Muros el tiempo cuelga y se encarama
sobre ellos la ilusión, sed perentoria
de decir a los hombres sin memoria
que la paz la consigue quien más ama.

De hermandad eres símbolo, y al verte
va cobrando otra vez peso y medida
el pasado, el futuro y nuestra suerte.

Con tu Cruz, que en el seco viento anida,
no eres tierra de ayer para la muerte,
eres tierra de hoy para la vida

José María Alonso Gamo



Convocatoria copiada de la red

El próximo sábado 20 de Febrero nos vamos al Valle de los Caídos a apoyar a la Comunidad Benedictina, asistiendo a la Santa Misa de las 11.00 de la mañana.

Despues de estos últimos días de incertidumbre debemos demostrar que el Valle de los Caídos nos importa y por tanto debemos ser cuantos más podamos mejor en acudir.

Vamos a la MISA conventual, NO VAMOS A NINGÚN ACTO POLITICO NI A REALIZAR REIVINDICACIÓN ALGUNA QUE NO HARÍA OTRA COSA QUE AGRAVAR EL PROBLEMA.

Existirá un servicio de autobuses del que ya informaremos de precios y horas de salida.

Rogamos vayáis comentando en el grupo vuestra disposición al respecto.

AUTOBUSES

Los autobuses saldrán de sitio a desterminar aunque dejamos claro que será lugar céntrico y bien comunicado.

Los autobuses estarán disponibles a las 9.15 de la mañana y saldrán hacia su destino a las 9.45.

La vuelta se realizará a las 13.00 horas aproximadamente.

El precio del autobus es de 11€ por persona incluyendo viaje de ida y vuelta y S.O.V (Seguro Obligatorio de Viajeros).

Forma de pago del bus: Necesariamente por transferencia previa. Nos pondremos en contacto con los que nos manifiesten su deseo de viajar y les daremos las instrucciones precisas para el pago.

Correo electronico habilitado de información: autobuses@elvalledeloscaidos.es

LAS PLAZAS SON LIMITADAS.

Para quienes vayan a ir por su cuenta recomendamos puntualidad tanto en la taquilla del Valle (10.30 - 10.45) como en la Basílica (11.00h).

Hemos concretado con la Hospedería Benedictina un menu de 11€ para quienes quieran comer en el restaurante de la Hospedería (único sitio abierto en el Valle para comer)

domingo, 14 de febrero de 2010

JACQUES CATHELINEAU - EL SANTO DE ANJOU


Un Combatiente bajo el Estandarte del Rey del Cielo

Héroe de Vitral
Hoy, el aniversario que nos reúne, en el fervor del recuerdo y en la fidelidad de la gratitud, es el de la muerte de Jacques Cathelineau, en Sant-Florent-Le-Vieil, hace dos siglos, el 14 de julio de 1793. Su existencia tan breve, exactamente 34 años de edad, su infancia escondida en el corazón de la campiña de Anjou, el repentino surgimiento de un joven sin instrucción militar y sin relaciones políticas, la carga victoriosa que hace de los campesinos un ejército temible; y de un joven de los Mauges sin preparación, un general de un ejército Católico y Monarquista para la defensa de la fe de Cristo, por la fidelidad al Pontífice Romano y por la libertad de profesar la religión con los sacerdotes fieles a la Iglesia de Dios y decir un no absoluto a una Republica persecutoria; esta epopeya, gracias a su carácter y a su dimensión, a su inspiración y a su decisión, evoca irresistiblemente el misterio de una Juana de Arco.

Nacido de una familia de artesanos, el joven Jacques crece en el seno de una familia cristiana, donde aprende, como sucedió a muchos en Anjou, a reverenciar en un solo amor a los padres terrenos y al Padre Celeste, a recitar el rosario por la tarde y a no comer el pan sin persignarlo antes y a no pasar delante de un crucifijo sin reverenciarlo. Entre su padre Jean y su madre Perrine Hudon, el hermano mayor Jean y la hermana menor Marie-Jeanne trascurren sus días felices como en todas las casas en que existe el cariño. Pero a los doce años en los Mauges, era necesario ganarse la vida. El párroco de la Capilla de Genet, Don Marchais, amigo del párroco de Le Pin, lo toma consigo a su servicio. En cinco años su fe se refuerza. A Le Pin regresa un joven alto y apuesto, de ojos claros con los cabellos rizados y que sabe expresarse, compañero alegre y cantor en la iglesia del pueblo. A los 18 años se casa con su vecina, Louise Godin, 8 años mayor que él, que le da once hijos de los cuales en 1793, quedaban sólo cuatro hijas y un hijo.

Jacques es vendedor ambulante. Atraviesa el país, los pueblos para vender telas, jabones, hilo, aguja, lana y pañoletas de Cholet, azúcar y sal, medallas y coronas del Rosario. Jovial y servicial, franco y leal, robusto y fino, con el rostro vivaz y dulce, la voz clara, vende su mercancía y comenta las novedades. Que son malas. La Constitución Civil del Clero quiere separar a los obispos y sacerdotes de Roma y les impone el juramento al que tanto Le Pin como La Capilla de Genet rehúsan. Es hora de la prueba y de la persecución. Cathelineau multiplica los peregrinajes a Notre Dame de Charité, a Saint-Laurent de la Plaine y a Notre Dame de Bon Secours en Bellefontaine. De noche, con la cruz procesional por delante, los parroquianos suplican a la Virgen conservar la fe Católica: “Confío, SantaVirgen, en vuestro socorro”. Un amigo suyo, Cantiteau, da su testimonio: “Casi siempre sólo él era el guía, el conductor de centenares de personas que lo seguían. Ya sostenido – como parece – por algo más que humano, recorría hacia atrás y hacia delante, por quince o dieciocho veces, tres leguas, cantando y haciendo de este modo el viaje”. Hoy no es un sacerdote el que guía la procesión. Mañana no será un noble el que guiará la insurrección. Es Jacques Cathelineau, un laico, un simple fiel, fiel a su fe y a su conciencia delante de Dios y delante de los hombres.

De París no sólo llegan malas noticias, también llegan medidas persecutorias. Cantiteau se tiene que esconder. Cathelineau le da valor: “Estese tranquilo, señor Párroco, con mi caja de mercancía llevaré de casa en casa la verdadera fe”.

El Combate por Dios
Ésta fue, repentinamente, la chispa. La Convención decreta el reclutamiento en masa de los ciudadanos para cortar el camino del Oriente a la invasión extranjera, 6.022 voluntarios de Maine-et-Loire, de los cuales 701 eran sólo del distrito de Saint-Florent. Son los jóvenes del pueblo los que se sublevan. La pequeña nobleza que no había podido emigrar, buscaba hacerse la desentendida. El clero que no había podido salir y que se rehúsa a prestar juramento se esconde y trata de calmar los ánimos. La gente del pueblo, cansada, llega a la indignación y los jóvenes campesinos, artesanos y comerciantes se niegan a servir a un régimen que los desprecia y los persigue. Un grito unánime en todos esos pueblos sale de las casas:

“¡NO IREMOS!”El 12 de marzo de 1793, en Saint Florent se da la escaramuza tantas veces descrita y narrada. A partir del día siguiente, según Jean Blon, su primo, la decisión de Cathelineau largamente madurada es tomada. Él se estaba quitando de las manos la masa para el pan que estaba por cocer en el horno. La esposa se le abraza al cuello, le suplica no dejarla sola con los cinco niños menores de doce años. “Ten fe – responde – Dios, por quien voy a combatir, los cuidará a ustedes”. Toma una espada, se pone un rosario al cuello, se coloca un Sagrado Corazón al pecho y parte, por la causa de Dios, seguido de veintisiete hombres sin fusiles, con un trinche, y en el corazón una fe invencible. Entre ellos no hay oficiales, ni nobles ni sacerdotes. Es el pueblo, el buen pueblo de Mauges, son laicos, buenas personas, de condición modesta, tejedores, carpinteros, albañiles, campesinos. Cathelineau hace abrir la Iglesia. “Ustedes no pueden combatir, dice a los viejos, a las mujeres y a los niños – rogad por el éxito de nuestras armas”. Los hombres, que se habían cortado el cabello delante del Crucifijo, cantan el himno de La Pasión con Cathelineau, que los anima a combatir por el Rey, ciertamente, pero se trata de Cristo Rey.

Vexilla regis prodeunt
Fulget crucis mysterium
Qua vita morten pertulit
Et morte vita protulit
Avanzan los estandartes del Rey
Brilla el misterio de la Cruz
Sobre la cual la vida ha soportado la muerte
Y con su muerte da la vida.


Y así se dará, bajo el estandarte del Rey del Cielo, la victoria de estos jóvenes campesinos inexpertos y la derrota de los republicanos, vencidos de los irresistibles golpes del jefe más prestigiado y más popular de la guerra de La Vendeé, conducida por hombres y jefes entre los dieciocho y los treinta y cuatro años. Cathelineau se merecerá el título de “Santo de Anjou”.

El Soldado de Dios
Cathelineau se persigna y se lanza. Lo siguen todos. La guerra de La Vendeé comienza. Una increíble y victoriosa epopeya que lleva a estos hijos de Dios, desde Jallais a Chemillé y vuela de victoria en victoria desde Cholet a Saumur y a Nantes, donde el 29 de junio de 1793 un golpe mortal pega en el pecho del general. Llevado a Saint Florent, muere el 14 de julio. “El buen Cathelineau – anuncia su primo Jean Blon – ha entregado su alma a Dios, que se la había dado para reivindicar su gloria”.

Napoleón que era un experto en hombres y soldados, escribirá en sus Memorias: “Cathelineau había recibido de la naturaleza las principales cualidades de un jefe militar: la inspiración de no dejar jamás descansar ni a los vencedores ni a los vencidos. Nada habría podido parar la marcha de los ejércitos Realistas. La bandera blanca habría ondeando sobre las torres de Notre Dame antes de que fuese posible que los ejércitos de Reno corrieran en ayuda de su gobierno”.

Cardenal Paul Popard

martes, 9 de febrero de 2010

GOBIERNO Y VALLE DE LOS CAÍDOS: CON LA IGLESIA DEBEN TOPAR.

Volvemos a reproducir la Carta Apostólica de S.S. Juan XXIII sobre el Valle de los Caídos por su tremenda actualidad y ante la agresión que sufre por parte del gobierno. Recomiendo prestar atención al último párrafo, palabras que cobran vigor ante la amenaza que estos días sacude a la obra de Cuelgamuros.

CARTA APOSTÓLICA SALUTIFERAE CRUCIS DE SU SANTIDAD JUAN XXIII CON LA QUE SE ELEVA AL HONOR Y DIGNIDAD DE BASÍLICA MENOR LA IGLESIA DE SANTA CRUZ DEL VALLE DE LOS CAÍDOS

Yérguese airoso en una de las cumbres de la sierra de Guadarrama, no lejos de la Villa de Madrid, el signo de la Cruz Redentora, como hito hacia el cielo, meta preclarísima del caminar de la vida terrena, y a la vez extiende sus brazos piadosos a modo de alas protectoras, bajo las cuales los muertos gozan el eterno descanso.

Este monte sobre el que se eleva el signo de la Redención humana ha sido excavado en inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre amplísimo templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por los Caídos en la guerra civil de España, y allí, acabados los padecimientos, terminados los trabajos y aplacadas las luchas, duermen juntos el sueño de la paz, a la vez que se ruega sin cesar por toda la nación española. Esta obra, única y monumental, cuyo nombre es Santa Cruz del Valle de los Caídos, la ha hecho construir Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España, agregándola una Abadía de monjes benedictinos de la Congregación de Solesmes, quienes diariamente celebran los Santos Misterios y aplacan al Señor con sus preces litúrgicas. Es un monumento que llena de no pequeña admiración a los visitantes: acoge en primer lugar a los que a él se acercan un gran pórtico, capaz para concentraciones numerosas; en el frontis ya del templo subterráneo se admira la imagen de la Virgen de los Dolores que abraza en su seno el cuerpo exánime de su Divino Hijo, obra en que nos ha dejado el artista una muestra de arte maravilloso. A través del vestíbulo y de un segundo atrio, y franqueando altísimas verjas forjadas con suma elegancia, se llega al sagrado recinto, adornado con preciosos tapices historiados; se muestra en él patente la piedad de los españoles hacia la Santísima Virgen en seis grandes relieves de elegante escultura, que presiden otras tantas capillas. En el centro del crucero está colocado el Altar Mayor, cuya mesa, de un solo bloque de granito pulimentado, de magnitud asombrosa, está sostenida por una base decorada con bellas imágenes y símbolos. Sobre este altar, y en su vértice, se eleva, en la cumbre de la montaña, la altísima Cruz de que hemos hecho mención. Ni se debe pasar por alto el riquísimo mosaico en que aparecen Cristo en su majestad, la piadosísima Madre de Dios, los apóstoles de España Santiago y San Pablo y otros bienaventurados y héroes que hacen brillar con luz de paraíso la cúpula de este inmenso hipogeo. Es, pues, este templo, por el orden de su estructura, por el culto que en él se desarrolla y por sus obras de arte, insigne entre los mejores, y lo que es más de apreciar, noble sobre todo por la piedad que inspira y célebre por la concurrencia de los fieles.

Por estos motivos, hemos oído con agrado las preces que nuestro amado hijo, el Abad de Santa Cruz del Valle de los Caídos, nos ha dirigido, rogándonos humildemente que distingamos este tan prestigioso templo con el nombre y los derechos de Basílica Menor. En consecuencia, consultada la Sagrada Congregación de Ritos, con pleno conocimiento y con madura deliberación y con la plenitud de nuestra potestad apostólica, en virtud de estas Letras y a perpetuidad, elevamos al honor y dignidad de Basílica Menor la iglesia llamada de Santa Cruz del Valle de los Caídos, sita dentro de los límites de la diócesis de Madrid, añadiéndola todos los derechos y privilegios que competen a los templos condecorados con el mismo nombre. Sin que pueda obstar nada en contra. Esto mandamos, determinamos, decretando que las presentes Letras sean y permanezcan siempre firmes, válidas y eficaces y que consigan y obtengan sus plenos e íntegros efectos y las acaten en su plenitud aquellos a quienes se refieran actualmente y puedan referirse en el futuro; así se han de interpretar y definir; y queda nulo y sin efecto desde ahora cuanto aconteciere atentar contra ellas, a sabiendas o por ignorancia, por quienquiera o en nombre de cualquiera autoridad.

Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el día siete del mes de abril del año mil novecientos sesenta, segundo de nuestro Pontificado.

lunes, 8 de febrero de 2010

PÍO MOA SOBRE EL CIERRE DEL VALLE DE LOS CAÍDOS


Pinchar en la foto para escuchar a Pío Moa hablar sobre el cierre del Valle de los Caídos.

martes, 2 de febrero de 2010

¡A MÍ LA LEGIÓN!

CREO que hubiese incurrido en una incuestionable cobardía si hubiese permanecido en silencio ante la última consecuencia de la mal llamada Memoria Histórica, que ha tenido su concreción en el injusto derribo de la estatua dedicada al teniente general Millán Astray.

Arrancar una página de la historia de España que contiene y refiere el heroísmo sin límite de un soldado español, echar abajo un símbolo de una categoría histórica indudable que representa el más formidable sentido del valor, la más alta prueba de gallardía, el más sublime heroísmo, la más completa y fecunda abnegación, me parece no un error ni siquiera un disparate inconfesable. Estimo que se trata de un alevoso crimen contra la identidad de nuestra tradición militar, contra el ejemplo de alguien que supo aceptar el sufrimiento sin protesta alguna y que llevó hasta sus límites más altos el sentido de la milicia.

¿Se pretende borrar de los anales de la historia todo vestigio de dignidad? ¿Qué se intenta, mancillar los nombres más ilustres de nuestro acontecer nacional? Esta vandálica invasión del Gobierno socialista, esta apoyatura indiscutible de todo lo que significa destrucción de valores esenciales, no puede permanecer indiferente ante los que creemos en valores superiores, en el culto al espíritu y en la estimación verdadera de méritos que constituyen las pruebas más altas del honor.

Vivimos un tiempo en el que corremos el riesgo de avergonzarnos de pertenecer a una Nación gloriosa y antigua como ha sido España. Nos duele la resignación, nos hiere el silencio, nos destroza la indiferencia, nos mancha el olvido. Creemos firmemente que no hay nación en el mundo que pueda ofrecer un palmarés de acciones extraordinarias como puede representar España. Concretamente a mí me duele esta trágica expoliación de virtudes esenciales, este asesinato de nuestras tradiciones, esa labor que pisotea la sangre de nuestros muertos, la señal de nuestros heridos, el holocausto de tantos y tantos soldados anónimos que dieron su vida porque España pudiera tener en la Historia un sitio de insobornable dignidad. Confieso que pocas acciones políticas me han afectado tan directamente como ésta que acontece para mayor escarnio en tierras gallegas, donde nació este ilustre soldado. ¿Es que no hay una voz disidente, un grito indignado, una protesta justificada ante tamaño desafuero?

No solamente me duele este silencio, me repugna esta increíble complicidad de los obligados, también, a alzar la voz. Yo al menos, en mi insignificancia, carente de representación política alguna, jubilado por la edad, pero no derrotado en la esperanza, clamo contra esta monstruosa injusticia. Creo que tranquilizo mi conciencia describiendo mis sentimientos. Pienso que no podría conciliar el sueño si permaneciera callado ante esa incalificable fechoría. Hace unos años, la Legión española me distinguió con la única condecoración que verdaderamente he ostentado durante todos estos años con pleno orgullo, al nombrarme cabo honorario. Hago honor a esta distinción y saludo ante su tumba con gesto legionario a quien ha sido un héroe excepcional y un ejemplo para las futuras generaciones. Al grito legionario ¡a mí la Legión!, acudo. Aquí estoy, mi general.

JOSÉ UTRERA MOLINA
ABC, 2 de Febrero de 2010

lunes, 1 de febrero de 2010

1 DE FEBRERO DE 1977: "POR ENCIMA DE LA DISCIPLINA ESTÁ EL HONOR"


El 1 de Febrero de 1977, en el Hospital Militar Gómez Hulla de Madrid, donde se velaban los cuerpos sin vida del Guardia Civil José María Sainz y de los policías armados Fernando Sánchez Hernández y José María Martínez Morales, asesinados por la banda terrorista ETA, la gente se dió cita para homenajear a sus compañeros y pedir responsabilidades al gobierno.

Ante la tensión generada y los gritos contra la banda terrorista, la debilidad del gobierno y la democracia, el Teniente General Masón Gutiérrez Mellado (Vicepresidente del Gobierno), enfurecido, exigió silencio intentando acallar las voces de los allí presentes. No lo consiguió ya que un MILITAR CON VALOR, el Capitán de Navío Camilo Menéndez Vives, se acercó y contra sus órdenes le respondió: "POR ENCIMA DE LA DISCIPLINA ESTÁ EL HONOR".

Tomen nota quienes encuadrados en el "ejército de España" deben disciplina a las chacones y compañía.

viernes, 29 de enero de 2010

REFERÉNDUM SOBRE LA VIDA DE NACHO ARSUAGA - HAZTE OIR

Al visitar Las Cruces de las Espadas encontrarás desde hoy, 29 de Enero de 2010, un referéndum cibernético. Imaginándonos por un momento que compartimos las propuestas de Hazte Oír para con los niños no nacidos, vamos a aplicarlas sobre Ignacio Arsuaga, dirigente de esta plataforma cívica que pide al gobierno someter a votación la vida de los inocentes.

¿Cómo se sentiría Nacho Arsuaga al saber que su vida depende de una votación? Intentemos hacérselo sentir cibernéticamente. ¿Vida o muerte?

En el margen izquierdo podrás ejercer tu derecho a voto, que se unirá al de la mayoría para saber qué decide sobre Ignacio Arsuaga.

La votación terminará el día 7 de Marzo a las 12:00, coincidiendo con la manifestación de HazteOír en Madrid.

Adelante.

IDEAL DEL CABALLERO CRISTIANO: GODOFREDO DE BOUILLON

Nació en Boulogne-sur-Mer en 1060, hijo de Eustaquio II, Conde de Boloña, y de Ida, hija de Godofredo el Barbudo, duque de la Baja Lorena. Godofredo, como vasallo del Sacro Imperio Romano Germánico, apoyó las pretensiones de Enrique IV en la Guerra de las Investiduras contra el Papa Gregorio VII (1080-1084). En pago, el emperador devolvió el ducado de la Baja Lorena, que había anexionado, y del cual era heredero el joven noble valón. El nuevo duque de la Baja Lorena, de espíritu idealista y extremadamente religioso, vio removerse su interior ante las predicas iniciadas a favor de recuperar los Santos lugares. El Papa Urbano II suplicaba a la nobleza europea porque se sumasen a una Cruzada que permitiese la libre peregrinación delos cristianos a Jerusalén, que los principados turcos impedían con su fundamentalismo. En 1096, Godofredo, junto a sus hermanos Eustaquio y Balduino, tomó la cruz. El 15 de agosto de 1096 un ejército de cerca de cuatro decenas de miles de cruzados se ponía en camino hacia Oriente.

El otoño, los cruzados negociaron con el rey Coloman el paso libre a través del reino húngaro. El ejército pasó con estricta disciplina, a diferencia del contingente popular que anteriormente había seguido a Pedro el Ermitaño, quienes tuvieron que ser atacados por sus saqueos y desmanes con la población campesina. El emperador bizantino, Alejo I Comneno, abasteció de tropas al contingente cruzado, pero estrechamente vigilado por las tropas pechenegas, que hacían su labor de policía, deteniendo a los rezagazos e incluso matando a los cruzados que realizaban actos de saqueo. No obstante, el 23 de diciembre, el ejército de cruzados flamencos y valones estaba en los arrabales de Constantinopla, la segunda Roma. El emperador quiso evitar que el contingente borgoñón se juntase con el normando-siciliano y el aquitano. Los recelos con los bizantinos eran constantes. Los caballeros del norte, eran vistos por los educados griegos, como bárbaros semisalvajes, que en poco se diferenciaban de aquellos que en el siglo V habían arruinado la parte occidental del Imperio Romano. Por su parte, los cruzados veían en aquellos griegos cultivados, hombres pragmáticos, enriquecidos por el comercio con el Oriente, tolerantes con las otras culturas, y desconfiados de todo ideal. La muerte en combate, era algo honorable para un guerrero germano, sí, además se hacía por liberar los Santos lugares, el motivo contraía un mayor honor. Por el contrario, los bizantinos no consideraban la muerte en combate como honorable, ni siquiera si se había luchado en defensa de la religión frente a las tribus nómadas turcas, de religión musulmana. La divergencia de mentalidades debía contraer problemas. Además, Alejo I, como emperador bizantino exigía el juramento de vasallaje de los cruzados en su marcha hacia oriente. Ante la superioridad militar del ejército bizantino, los jefes de la cruzada debieron jurar su fidelidad al emperador. Godofredo, fue uno de los que intervinieron a favor de realizar el juramento, para evitar problemas y asegurar el abastecimiento de los bizantinos a su ejército.

La cruzada estaba bajo la dirección de Raimundo IV de San-Gilles, Conde de Tolosa, de Bohemundo de Sicilia, de Roberto de Flandes y de Roberto de Normandía. Los cruzados fueron enfrentándose con éxito a las tropas turcas que les hicieron frente, y que anteriormente habían exterminado los veinte mil peregrinos que había dirigido Pedro el ermitaño. Los cruzados, no tuvieron un jefe efectivo, aunque Raimundo de Tolosa, destacaba sobre todos ellos. Sin embargo, su jefatura tenía que ser colegiada por la presencia del conde Normandia, jefe natural de los normandos; del de Flandes, que lideraba a los borgoñones; la de Bohemundo, que venía con sus normandos sicilianos y en un grado menor, Godofredo con sus loreneses, aparte de contingentes menores de alemanes e italianos. A pesar de la división en el mando, los cruzados consiguieron derrotar a los turcos seleúcidas en Nicea y en la batalla de Dorylæum (el 1 de julio de 1097).

La travesía del Asia Menor fue dura. La península de Anatolia estaba arrasada por los ataques de los nómadas turcos y los contraataques bizantinos. En aquel momento, la región se encontraba dividida en pequeños señoríos turcos y armenios cristianos. La principal acción de la cruzada fue la recuperación de la ciudad de Antioquia. Antioquia fue una de las antiguas ciudades del Imperio, Sede de un patriarcado y uno de los centros culturales helénicos. La toma de la gran ciudad se contó con la valentía de Godofredo y sus loreneses que consiguieron asaltar sus fuertes murallas. No obstante, la toma de la ciudad contraería el problema de no devolver Antioquía al Imperio, contrariando al emperador, quien vería, como los cruzados no serían vasallos suyos, sino que se comportarían como señores independientes de un nuevo poder cristiano en la zona. En Antioquía el poder político estaría en manos de los cruzados latinos, pero compartido en el aspecto eclesiástico con los griegos, proimperiales. Godofredo, entretanto, se dirigió hacia Edesa, donde ayudó a su hermano Balduino a establecer otro señorío latino. Edesa sería el principado más adelantado de los señoríos que se conformaran por la irrupción de los cruzados. En este caso, Edesa, la más expuesta en el interior musulmán, contaría con la menor presencia de caballeros francos, pero a su vez, sería el señorío más orientalizado por la colaboración con los francos de la población armenia cristiana. De regreso a Antioquía, participó junto a Roberto, Duque de Normandía, en el consejo de arbitraje organizado para reconciliar la fuerte rivalidad entre Bohemundo y Raimundo de Tolosa. Después del 23 de noviembre de 1098, los provenzales abandonaron Antioquía con Raimundo, pero Godofredo de Bouillon y Roberto, Conde de Flandes, iniciaron la marcha hacia Jerusalén a finales de febrero de 1099. Después de sitiar Gibel, el ejército principal se reagrupó ante Arka (el 12 de marzo), después de un recorrido triunfador que les dio la posesión de las principales ciudades de la costa levantina, como Trípoli y Beirut.

El 7 de junio, los cruzados llegaron ante Jerusalén e iniciaron el sitio de la ciudad. El 15 de julio de 1099, Godofredo y su hermano Eustaquio colocaron una torre de asalto en los muros, siendo los primeros en entrar en la ciudad. La conquista de la ciudad se hizo de manera sangrienta, los musulmanes fueron exterminados y la minoría judía, refugiada en la principal sinagoga, lo fue también por su colaboración con el poder islámico. Únicamente las minorías cristianas árabes fueron respetadas (jacobitas, ortodoxos y armenios). Godofredo, por su parte, se despojó de sus armas y, descalzo y en camisón, se dirigió a rezar al muro del Santo Sepulcro. Los cruzados victoriosos decidieron nombrar un rey que administrase el nuevo estado formado por los territorios conquistados de Palestina. El jefe reconocido de la cruzada era Raimundo IV de San-Gilles, quien rechazó la corona, al saber que no contaba con la unanimidad de todos los componentes de la cruzada. Finalmente, se establecería con sus caballeros provenzales en Trípoli, donde establecería otro señorío latino, donde la lengua de la nueva nobleza fue la lengua de Oc. Con respecto a Roberto de Normandía y a Roberto de Flandes, los otros dos jefes de peso de la cruzada, cumplida la finalidad de liberar Jerusalén y los santos lugares, sólo deseaban volver de nuevo a su dominios europeos, tanto tiempo fuera de ellos. Finalmente, Godofredo de Bouillon fue elegido por unanimidad, aunque rechazó utilizar el término de rey, donde el Señor había sido coronado en con la Corona de Espinas. Godofredo se establecería como defensor del Santo Sepulcro.

Godofredo de Bouillon era el único de los grandes que estaba dispuesto a quedarse, a diferencia de su hermano, Eustaquio, quien volvió a Europa. Godofredo era duque de Lorena, por herencia materna, descendiente del propio Carlomagno. No obstante, este señorio había sido conquistado por el emperador, quien se lo había enfeudado de nuevo, por su lealtad en la guerra de las Investiduras contra el Papa, pero sin carácter hereditario. Por tanto, a Godofredo más le convenía quedarse en Tierra Santa, que volver a tomar el mando de un territorio cuestionado por la autoridad imperial. En cuanto, a su persona, era el único que podía tener la unanimidad del resto de los componentes de la cruzada. Su idealismo caballeresco siempre se había resaltado, intercediendo en las disputas de los compañeros y demostrando su adhesión a la cruzada por su noble religiosidad. Este aspecto era visto por sus soldados hasta como un defecto, por ser Godofredo, famoso por su intensa vida religiosa y llevar una vida ascética. A diferencia de su hermano, Balduino, señor de Edesa, quien era más político y pragmático en el arte de gobernar. Sin embargo, su aspecto físico impresionó a los cristianos árabes, su altura y rubia cabellera, adornada por una barba dorada, representaba la imagen del guerrero venido del norte de Europa, que llevaba pocas generaciones cristianizado, pero que conservaba las virtudes guerreras de sus antepasados.

Godofredo resultó una persona de grandes cualidades, y un gran guerrero, pero siempre se mostró sensible ante las peticiones de la Iglesia, que ante la fuga que había protagonizado la jerarquía griega ante los musulmanes, el patriarcado y el resto de las sedes episcopales fueron ocupadas por francos de rito latino. Godofredo realizó numerosas donaciones al patriarcado, convirtiendo a la Iglesia en uno de los pilares económicos y políticos del nuevo Estado. Como guerrero, Godofredo consiguió derrotar a los egipcios, quienes siempre habían ejercido de potencia regional en la zona. La conquista de la fortaleza de Ascalón, proporcionaba la seguridad del Estado ante una posible invasión egipcia, proveniente desde el desierto del Sinai. Después buscó una salida segura en la costa, por donde pudiesen venir las peregrinaciones y las ayudas militares al nuevo reino, para cuya defensa resultaban imprescindibles. Para ello reconstruyó Jaffa, que se convirtió en el nuevo puerto del reino de Jerusalén. Por la mejor bahía, pensó en sitiar Acre, para lo que solicitó la ayuda de los venecianos. Venecia, Génova, Pisa y Amalfi pronto acudieron a las costas del nuevo reino, solicitando privilegios para sus comerciantes, quienes se instalaron en barrios separados, en las ciudades de la costa. Ellos harían de intermediarios entre las caravanas procedentes de Asia y los consumidores del occidente europeo. A cambio, los señoríos italianos, que rivalizaban entre sí, proporcionaban su ayuda naval a las operaciones militares del nuevo reino. Sin embargo, Tierra Santa se mostrará una tierra fatal para los cruzados. El clima y las enfermedades daban pronto con la vida de los cruzados. La población latina establecida en Palestina, siempre fue poco numerosa y la mortalidad de los niños varones fue grande. Además, la vida guerrera traería siempre un fuerte déficit de caballeros en el reino. Los estados latinos siempre dependerían para su defensa de la ayuda exterior de sus hermanos europeos. El 18 de julio de 1100, Godofredo moría en Jerusalén, un año después de la conquista de la ciudad Santa. El primer monarca jerosolomilitano sería enterrado en la iglesia del Santo Sepulcro, siendo sucedido por su hermano Balduino, señor de Edesa. Godofredo pasaría a la leyenda, como el ideal del caballero cruzado, idealista, cumplidor de su palabra, fiel a la Iglesia, obediente a la autoridad imperial y buen amigo de sus compañeros. Aunque, su corta vida como mandatario no reflejo categoría de estadista, su vida si demostró las cualidades que debía adornar a un guerrero y aun fiel servidor de la Iglesia.

José Luis Orella

jueves, 28 de enero de 2010

SANTO TOMÁS DE AQUINO: LA PIEDAD Y LA PATRIA

El hombre se hace deudor de los demás según la excelencia y según los beneficios que de ellos ha recibido. Por ambos títulos Dios ocupa el primer lugar, por ser sumamente excelente y por ser principio primero de nuestro existir y de nuestro gobierno. Después de Dios, los padres y la patria son también principios de nuestro ser y gobierno, pues de ellos y en ella hemos nacido y nos hemos criado. Por lo tanto, después de Dios, a los padres y la patria es a quienes más debemos. Y como a la religión toca dar culto a Dios, así en un grado inferior, a la piedad pertenece rendir un culto a los padres y a la patria. En este culto de los padres se incluye el de todos los consanguíneos, pues que son consanguíneos precisamente por proceder todos de unos mismos padres. Y en el culto de la patria se incluye el de los conciudadanos y de los amigos de la patria. Por lo tanto, a éstos principalmente se refiere la virtud de la piedad.

Santo Tomás de Aquino
Doctor de la Iglesia

domingo, 24 de enero de 2010

LAS CONQUISTAS DE DIOS: CONVERSIÓN DE FABIO MCNAMARA

La imagen de McNamara está inevitablemente ligada a los años 80, a la movida, a Almodóvar y a todos aquellos iconos vinculados a la música, al rock y a los excesos, la degeneración, las drogas, el sexo... Buscando en internet su nombre podemos darnos cuenta de dónde viene McNamara y la gran distancia que desde allí ha recorrido hasta abrazar, radicalmente, la Fe. Escuchen la entrevista. Merece la pena.

viernes, 22 de enero de 2010

SUBLIME ORACIÓN DEL COMBATIENTE CRISTIANO Y DEL SOLDADO DE LA PATRIA

Oh Dios, señor de los que dominan, Guia Supremo que tienes en tus manos las riendas de la vida y la muerte.

Escúchame:

Haz, Señor, que mi alma no vacile en el combate, y mi cuerpo no sienta el temblor del miedo. Haz que te sea fiel en la guerra, como lo fui en la paz. Haz que el silbido agudo de los proyectiles alegren mi corazón. Haz que mi espíritu no sienta la sed, el hambre, el cansancio y la fatiga, aunque lo sientan mis carnes y mis huesos.

Haz que mi alma, Señor, esté siempre dispuesta al sacrificio y al dolor, que no rehuya, ni en la imaginación siquiera, el primer puesto de combate, la guardia mas dura en la trinchera, la misión más difícil en el ataque. Pon destreza en mi mano para que el tiro sea certero, y caridad en mi corazón. Haz, por favor, que sea capaz de cumplir lo imposible, que desee morir y vivir al mismo tiempo. Morir como tus Santos Apóstoles, como tus Viejos Profetas, para llegar a Ti. Señor te pido que mi cuerpo sepa morir con la sonrisa en los labios, como murieron tus mártires.

Te ruego mantengas mi arma en vela y mi oído atento a los ruidos de la noche. Te pido por mi guardia constante en el amanecer de cada día y por mis jornadas de sed, hambre, fatiga y dolor. Si llegara a cumplir estos anhelos, podrá entónces mi sangre correr con júbilo por los campos de mi Patria, y mi alma subir tranquila a gozarte en el tiempo sin tiempo de la eternidad.

Señor, ayúdame a vivir, y de ser necesario, a morir como un soldado.

Concédeme Oh! Rey de las Victorias, el perdón de la soberbia. He querido ser el soldado mas valiente de mi Ejército y el argentino más amante de mi Patria. Perdóname este orgullo, Señor.

Escrito encontrado en la libreta de combate del Sargento Mario Antonio "perro" Cisnero.
Caído en combate en la Gesta de Malvinas en 1982.

miércoles, 20 de enero de 2010

MI PRINCIPAL RAZÓN EN CONTRA DE UN REFERÉNDUM SOBRE LA LEY DEL ABORTO



La vida o la muerte del inocente no puede estar jamás sujeta a la voluntad de la mayoría (casí siempre manipulada).

lunes, 18 de enero de 2010

PALABRAS DE BLAS PIÑAR EN EL ACTO DE HOMENAJE A ION MOTA Y VASILE MARÍN

Camaradas y amigos:

Volvemos aquí, como todos los años, a beber del manantial que en este cabezo brota y que nos ofrece agua limpia y fresca que ahoga la sed; una sed que nos urge a buscar la buena doctrina y a fortalecer la voluntad que necesitamos para proseguir el combate por la causa nobilísima de Dios y de la Patria.

Esta causa sufre el mayor acoso, el mas intenso de la historia, porque hace penetrar su bisturí en lo mas hondo del ser humano, y, a su vez, el mas extenso, porque no tiene fronteras. Es un acoso superior al de las tres revoluciones, la religiosa de Lutero, la política de 1789, en Francia, y la social, de 1917, en Rusia. Hoy nos enfrentamos a una revolución cultural que pretende, no un cambio de las estructuras de la Iglesia, del Estado o de la Sociedad, sino un cambio del hombre, y por consiguiente, de su identidad. Se trata de olvidar y de sustituir los principios ideológicos y morales de la civilización cristiana, que nos han conformado, por otros diametralmente distintos, que nos hagan pensar, hablar, obrar y omitir, de otra manera. La conquista del alma es lo que importa, para que, sin resistencia, se haga realidad la teología de la muerte de Dios, desparezcan las naciones bajo la rectoría de un gobierno mundial, y las sociedades, amordazadas y teledirigidas, se conviertan en masas muertas sin posibilidad de levadura que las vitalice. Conquistar las almas y arrancar o corromper las raíces históricas de nuestros pueblos. He aquí las dos consignas fundamentales de la revolución cultural.

Para la revolución cultural, el hombre es un ser intrascendente, que puede construir el utópico paraíso marxista del proletariado, o el paraíso burgués del bienestar. A lo sumo, al hombre lo contemplan como elector o elegible, en política, o como productor o consumidor, en economía.

Pues bien, la buena doctrina, que nos ofrece el manantial que aquí brota, nos enseña que el hombre es, ante todo, un hijo de Dios, portador de valores eternos, y que el combate por la Patria exige la presencia activa de militantes “mitad monjes, mitad soldados”, dispuestos, como decía José Antonio, “a dar la existencia por la esencia”.
Este concepto del hombre y del quehacer político, lo representan y lo personifican, como arquetipos Mota y Marín, los dos camaradas rumanos que voluntariamente, vinieron a España para combatir y morir en una guerra a la que se ha llamado, y con razón, la última Cruzada del Occidente cristiano.

¡Qué curioso y que significativo, que sin haberse conocido, Codreanu y José Antonio compartieran la doctrina y la táctica!

No puede sorprendernos, porque ambos sabían que en el cielo, como nos cuenta el Apocalipsis, se había librado una batalla en la que se enfrentaron San Miguel y los ángeles fieles contra el dragón, diablo o Satanás y sus ángeles, rebelados contra Dios, Y sabían también Codreanu y José Antonio, que la lucha angélica en el cielo y en la eternidad se continúa en el tiempo y en la tierra.

El mismo texto sagrado nos informa que el diablo, “lanzado a la tierra con sus ángeles rebeldes, lleno de furor, guerrea contra los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen la confesión de Jesucristo”. (Apc. Cap.12).

Por eso, San Pablo nos advierte que nuestra pelea no es tanto contra los hombres, sino en realidad, contra los espíritus malignos. Hemos de estar, por lo tanto “en guardia y a pie firme, ceñidos con el cíngulo de la verdad, armados con la coraza de la justicia, calzados los pies, prontos a seguir y predicar el Evangelio, embrazando en todos los encuentros la virtud de la fe”.

Solo así podremos apagar los dardos encendidos del diablo. ( Efesio, 6, 12). Y así lo hicieron Mota y Marín, porque solo con esas armas se vence en esta batalla en el tiempo y en la tierra; y se vence no solo con la Victoria, sino con la muerte para conseguirla. Ellos, por Dios, por Rumania, por España, por la civilización cristiana “entregaron sus vidas hasta perderlas por obedecer a Dios” (Apc. 12,11).

Blas Piñar
Majadahonda, 17 de Enero de 2010

sábado, 16 de enero de 2010

SOBRE MALES MAYORES. DE HAITÍ Y EL ABORTO


Ante la tremenda catastrofe de Haití, donde ha sido arrasada la tierra y su población, Monseñor Munilla nos ha invitado a reflexionar sobre los diversos tipos de males. Sin quitar ni un ápice de la gravedad tremenda del terremoto -y con la urgente necesidad de ayudar a aquellas gentes- debajo cuelgo gráficamente un mal mayor. Un mal protegido y amparado por la Ley y el Estado que descuartiza los cuerpos con vida de aquellos niños inocentes que crecen en el vientre de sus madres. En número, por cierto, ampliamente mayor que las víctimas del reciente terremoto. Allí ha muerto la gente en circunstancias trágicas; aquí, y en muchas partes, ASESINAN a seres humanos inocentes todos los días.

De ellos nadie se acuerda... ¡hipócritas!







Al aborto dedicó hace pocos días su homilía Monseñor Martínez, arzobispo de Granada. Aquí les dejo el video.


jueves, 14 de enero de 2010

EL ODIO CONTRA LOS HÉROES


La memoria de este tipo de héroes y sus hazañas es lo que quiere borrar el gobierno de España.

miércoles, 13 de enero de 2010

EN RECUERDO DEL "ADALID DE LA BUENA DOCTRINA", DON RAFAEL GAMBRA CIUDAD




ADALID DE LA BUENA DOCTRINA

El 13 de enero pasado murió Rafael Gambra Ciudad, y tengo que decir que me ha invadido una sensación de orfandad doctrinal. Creo, sin temor a equivocarme, que ha sido el más grande y el más fiel filósofo español de la segunda mitad del siglo XX, una época especialmente turbulenta también para la filosofía. Estoy convencido, y ejemplos abundantes tenemos en altas esferas, de que no puede haber recto pensamiento, sana doctrina, sin una buena filosofía. Y también de que no es posible una acción correcta sin un pensamiento adecuado.

Rafael Gambra es un adalid, el más importante en las últimas décadas, de la filosofía cristiana de siempre. Cómo olvidar esa magnífica síntesis que es su Historia Sencilla de la Filosofía. O el Curso elemental de Filosofía, del que han bebido varias generaciones de jóvenes españoles, y a cuya fuente hay que seguir acudiendo. Supo resistir a la nueva filosofía, perniciosa, impulsada por hombres como Maritain o Theilard de Chardin, que ha acabado por imponerse, momentáneamente, en el universo católico. Y que ha traído, como consecuencia, una nueva teología que se distancia del Magisterio tradicional de la Iglesia; una moral de situación, alejada de las normas objetivas; y, por último, la consiguiente secularización, casi total, de la vida pública de los hombres y de las sociedades.

Gracias a la rectitud de su filosofía pudo mantenerse Gambra, fiel en lo dogmático y en lo moral, y siguió proclamando siempre los deberes de la comunidad política para con la religión. Y, pese a que fue un hombre más de pensamiento, por cierto brillantísimo, que de acción, no dudó en acudir en defensa de la Fe a los campos de batalla, cuando sólo contaba con dieciséis años de edad. Le esperaba el Requeté, como buen navarro que era. Me consta lo mucho que sufría al contemplar el contraste entre la Navarra de entonces y la de hoy. Fue un carlista militante hasta el final de sus días. En Tradición y Mimetismo perfiló magistralmente el concepto de Tradición, como algo dinámico, que se enriquece con el paso del tiempo rescatando lo mejor del pasado para sumarlo a lo bueno del presente y lograr con ello un futuro mejor. Pienso que podemos encontrar fácilmente la esencia de la Tradición en la parábola de los talentos. Y creo que, aún cuando sea perfectamente lícito encuadrarse en uno de sus compartimentos, no debe rehusarse la contemplación de todo ese más amplio sector del pensamiento hispano que el profesor Francisco Torres ha definido últimamente como Tradicionalidad. Confieso que no logro encontrar más españoles (de proyección y repercusión nacional, se entiende), que hayan defendido expresamente en los últimos tiempos la aplicabilidad de la doctrina cristiana en todos los ámbitos de la vida, también el sociopolítico, que Rafael Gambra y Blas Piñar. Ellos fueron los abanderados, Blas Piñar en Las Cortes y Rafael Gambra fuera de ellas, de la resistencia a la primera gran incursión del liberalismo en la España contemporánea, con ocasión del debate sobre la Ley de Libertad Religiosa, en 1967. Y es que me parece que es un deber moral, sobre todo en tiempos difíciles, procurar una mínima unidad de acción entre los que, por pertenecer a esa Tradicionalidad, mantienen una unidad de pensamiento.

En su obra La Unidad Religiosa y el Derrotismo Católico dejaba constancia del cambio doctrinal, en el terreno católico, sobre los deberes de la comunidad política para con la Verdadera Religión, e incluso del retroceso anímico de aquél que comienza a hacer más concesiones al error que defensas de la Verdad.

En El Lenguaje y los Mitos denunció el juego de los vocablos, principalmente en la mutación de los conceptos, como trascendental instrumento para, alterando la mentalidad de las personas, provocar el cambio en la concepción de la existencia del hombre y, por consiguiente, en la razón de ser de los pueblos. Y tantos elementos más de una obra colosal que nos deja, cumpliendo maravillosamente ese deber de tradición.

Admirado profesor Rafael Gambra, que su magisterio le valga el premio eterno. Descanse en paz.

Camilo Menéndez
2004

martes, 12 de enero de 2010

EXEQUIAS MOSÉN MARINÉ









Celebradas por el padre Pedro de la Inmaculada Muñoz Iranzo, asistido como diácono por el Rdo. Miguel-Ángel Barco López y como subdiácono por el Rdo. Carlos Bey García. Parroquia de San Félix Africano. Rito extraordinario.

lunes, 11 de enero de 2010

11 DE ENERO DE 2010: HACE OCHO AÑOS MURIÓ EL PADRE JOSÉ MARÍA ALBA




¡POR CRISTO, POR MARÍA, POR ESPAÑA; MÁS, MÁS Y MÁS!

ELOGIO FÚNEBRE EN HONOR DE MOSÉN MARINÉ


Por alguno de esos incomprensibles designios que la Providencia nos tiene reservados fui el último sacerdote que tuvo el privilegio de conversar con mosén Mariné. En varias ocasiones lo habíamos visitado en estos últimos años en alguno de sus ingresos hospitalarios. Intuíamos que esta era la última ocasión en que íbamos a verlo.

Su pensamiento era lucidísimo. Hablaba con normalidad aunque en varias ocasiones se le veía agitado por las molestias que ciertamente le causaban alguno de los aparatos que le ayudaban a mantenerse en vida. El trato que recibió del personal sanitario del Hospital del mar fue excelente. A su lado la fiel señora Amparo, verdadero ángel tutelar, estuvo pendiente de cualquier detalle que pudiera hacer menos dolorosos los momentos por los que atravesaba. También desde el punto de vista religioso estuvo bien atendido tanto por el capellán del hospital como por los diversos sacerdotes que en días anteriores le habían visitado. Detalle de extraordinaria cortesía, que le honra como obispo y como caballero, fue la visita del Cardenal-Arzobispo de Barcelona en la noche de Navidad.

Mosén Mariné sabía que se estaba muriendo, pero pudimos charlar con absoluta serenidad, como si de un día cualquiera se tratase. Confiando quizá en las muchas ocasiones que en su vida había practicado la comunión de los nueve primeros viernes ó en la asistencia que su santo patrón, que lo es también de la buena muerte, le dispensaría, nuestro querido mosén se tomaba esos últimos momentos de su existencia con absoluta tranquilidad. Como los santos que, aún advertidos del final de su existencia, no dejan de hacer lo que están haciendo, porque están cumpliendo con la voluntad de Dios, porque están siempre en su presencia.

Pocas horas después las nubes derramaban su llanto sobre la ciudad de San Paciano y Santa Eulalia, como si se hubiesen querido unir al de quienes tanto lo estimábamos. No se trataba de un agua de rocío vivificador, pero tampoco de una tormenta estridente, sino de una lluvia resignada como lo fueron las lágrimas de Nuestro Señor ante la muerte de su amigo Lázaro.

Noventa años de vida y sesenta y cinco de sacerdocio dan para mucho y más cuando se trata de un infatigable y esforzado sacerdote como lo fue nuestro padre.
Tuvimos el placer de conocerlo hace ya muchos años, en la Parroquia que durante muchos años regentó y materialmente edificó, San Félix Africano. A veces -bromeando- le decíamos que aquello parecía la piscina de Siloé a la que iban esperando el milagro tullidos, ciegos y paralíticos. Allí acudía gente de toda Barcelona. No importaba la clase social. Salía una duquesa y entraba un grupo de gitanos. Lo llamaban el padre de los gitanos, porque allí los acogía, los bautizaba, los casaba y respetaba sus antiguas tradiciones. Pero daba igual que se tratase de personas opulentas como de mendigos. Todos se beneficiaban de su ayuda tanto espiritual como material. Y es que mosén Mariné a todos acogía. Aquellos a los que las puertas de las iglesias se les cerraban encontraban acogida en San Félix. ¡Cuántos bautizos y bodas allí se celebraron de personas a quienes en otras parroquias se había despreciado! ¡Cuántos sacerdotes de paso por Barcelona podían allí celebrar la Santa Misa, mientras muchas parroquias estaban siempre cerradas! Y -sobre todo- ¡cuántas vocaciones fructificaron en seminarios de todo el mundo -gracias a mosén Mariné- mientras en la Archidiócesis de Barcelona disminuían aceleradamente! Si el sacerdote es el dispensador de sacramentos, mosén Mariné fue esencialmente eso, sacerdote, como lo fuera el Santo Cura de Ars.

Nació al año siguiente de finalizar la Primera Guerra mundial. Como tantos de sus coetáneos vivió momentos de sufrimiento. Fue movilizado durante nuestra Guerra civil y conoció a muchos que sufrieron el martirio durante la persecución religiosa.
Descubrió en edad muy tierna su vocación sacerdotal y fue siempre fiel a ella. Gustaba mucho de recordar como a sus quince años tuvo la oportunidad de ver personalmente en Barcelona al cardenal Pacelli, legado pontificio al Congreso eucarístico de Buenos Aires, quien años después sería S.S. el Papa Pío XII, el Pastor Angelicus. Y algo de ese carácter angélico tenía también la personalidad de mosén Mariné. Siempre dispuesto, haciéndose todo para todos. Nunca tenía una negativa para nadie: innumerables moribundos recibieron su atención en cualquier lugar y a cualquier hora.

Llamaba mucho la atención el hecho de que era querido no sólo entre sus feligreses, que incluso acudieron a él para que nos solicitase el pronunciar el pregón de las fiestas del barrio, sino que encontramos personas que le apreciaban mucho en casas regionales, en celebraciones castrenses, en parroquias distantes... Al contrario que el héroe de Zorrilla, subió a los palacios y bajó a las cabañas pero para enaltecer la virtud y para dejar recuerdo dulce de si. En este Año sacerdotal fallece a uno de los más eximios modelos de sacerdote que hemos conocido.

Con el fallecimiento de mosén Mariné la archidiócesis de Barcelona pierde quizá al último representante de una tradición de eclesialidad. El esplendor de las grandes figuras sacerdotales del siglo XIX y comienzos del XX, después del implacable tamiz del martirio -como el que sufrió el próximamente beato Dr. Samsó- fue recuperado después de la contienda. Ordenado sacerdote por el Dr. Modrego, mosén Mariné vivió el desafío de restaurar la vida religiosa de Barcelona, de apagar los odios, de reconciliar. Él y muchos otros eclesiásticos de gigante talla se empeñaron en ello. ¡Y vaya si lo consiguieron! Basta pensar en lo que eclesial y socialmente significó el XXXV Congreso eucarístico internacional celebrado en Barcelona en 1952. Mosén Mariné tuvo la suerte de vivir unos momentos -privilegiados en la historia- en los que la Catolicidad se respiraba en el ambiente, en que Dios era debidamente honrado en todas las esferas de la sociedad. Y convencido de su vocación y fiel a la Tradición de la Iglesia, nunca vaciló cuando muchos de sus integrantes iniciaron aquello que con patéticas palabras Pablo VI definió como autodemolición.

Mientras muchos eclesiásticos abandonaban el camino por el que a lo largo de la Historia de la Iglesia los santos habían transitado, mientras corrientes teológicas absurdas se interrogaban sobre la identidad sacerdotal, mosén Mariné siempre lo tuvo claro, el sacerdote era el alter Christus, el que renovaba en el altar el sacrificio de Cristo.

Con el fallecimiento de mosén Mariné evocamos hoy el recuerdo de muchos religiosos que en torno a la Asociación de sacerdotes y religiosos de San Antonio María Claret y la Hermandad sacerdotal española, arropados por monseñor Guerra Campos, el cardenal Marcelo González y algún otro prelado, continuaron fieles a la Tradición de la Iglesia. Nos vienen a la memoria las figuras de mosén Bachs, Vilaseca, del padre Oltra, de los jesuitas Roig Gironella, Solá, Alba, Udina Martorell, Piulachs, del sagrado orador Ricart Torrens, del latinista Félix Lasheras, de mosén Serinanell, del salesiano Ángel García… Es conmovedor el relato de aquellos momentos que el canónigo Luis Madrid Corcuera detalla en su libro “Historia de un gran amor a la Iglesia no correspondido”. Sólo Cristo y nosotros el día del Juicio final sabremos lo que estos meritorios eclesiásticos llegaron a sufrir. Mosén Mariné no cejó nunca en su empeño de llevar las almas a Cristo. Fue humilde, fiel servidor de Cristo, trabajador infatigable. No es extraño que cuando la maledicencia de muchos hermanos suyos en el sacerdocio urdían manejos contra su persona un eclesiástico de gran inteligencia, cual fue el cardenal Jubany, los acallara con autoridad diciendo que nadie molestase a mosén Mariné. Aunque no estuviese de acuerdo con algunas de sus decisiones, su fino olfato le decía que mosén Mariné era un abnegado sacerdote que irradiaba santidad.

Admirador de ese personaje providencial que fue Juan Pablo II y del entusiasmo del pueblo polaco por la devoción a María, cuando gran parte del clero los ridiculizaban, mosén Mariné entronizó una imagen de la Virgen de Czestokova en su parroquia y ningún domingo, después de la misa solemne, dejaba de invocar a María sin pecado concebida.

Cuando en la mayor parte del mundo la misa codificada por san Pío V era marginada y sus devotos perseguidos y humillados, mosén Mariné no dejó nunca de celebrarla y qué satisfacción fue para él ver como el Papa felizmente reinante, Benedicto XVI, afirmaba finalmente que siempre estuvo en la verdad, que nunca el rito fue abolido, como lo fue el constatar hace sólo algunas semanas que aquel legado apostólico cuya visión tanto impresionó al adolescente Mariné, el Papa Pacelli, veía aprobado el decreto reconociendo sus virtudes heroicas.

Con el fallecimiento del padre Mariné acaba un capítulo de la historia de la archidiócesis de Barcelona. Aquellos clérigos formados en la ortodoxia de la Teología, de los latines y de los gregorianos han dejado de existir. La Iglesia triunfante de otrora, norte de la sociedad, casi pregustación del Reino de los cielos no es hoy en día más que una organización como tantas otras, que tiene que acostumbrarse a vivir en minoría cuando no en persecución, con una mínima aceptación social, con unos servidores fracasados y desmotivados, con todos sus tesoros echados a perder, y sus fieles como un pequeño resto de Israel agonizante.

Encomendemos a Quien todo lo puede el alma de nuestro amado mosén José Mariné para que el Sumo Sacerdote, al que tantas veces tuvo entre sus manos bajo la especie del Pan de la Eucaristía, lo acoja ahora en las suyas, porque mosén Mariné fue esencial y ontológicamente sacerdos, sacerdote, siempre sacerdote, sólo sacerdote.

José-Apeles Santolaria de Puey y Cruells, pbro.

martes, 5 de enero de 2010

CORTOS DE RAZONES, LARGOS DE ESPADA


Eres joven y guipuzcoano, según deduzco por tu carta y el remite.

Escribes como lector reciente de la última aventura de nuestro amigo Alatriste, contándome que es el primer libro de la serie que cae en tus manos. Te ha gustado mucho, dices, excepto el hecho «poco riguroso» y «poco creíble» de que una galera española estuviera tripulada por soldados vizcaínos que combatían al grito de "Cierra España" ; en referencia a la Caridad Negra , que en los últimos capítulos combate a los turcos, en las bocas de Escanderlu, llevando a bordo a la compañía del capitán Machín de Gorostiola. Y añades, joven amigo -lo de joven es importante-, que eso no disminuye tu entusiasmo por la historia que has leído; pero que el episodio de los vizcaínos te chirría, pues parece forzado. «Metido con calzador -son tus palabras- para demostrar que los vascos (y no los vascongados, don Arturo) estábamos perfectamente integrados en las fuerzas armadas españolas, lo que no era del todo cierto.»

Son las siete últimas palabras del párrafo anterior las que me hacen, hoy, escribir sobre esto; la triste certeza de que realmente crees en lo que dices. Te gusta la novela, pero lamentas que el autor haga trampas con la Historia real; la auténtica Historia que -eso no lo cuentas, pero se deduce- te enseñaron en el colegio. Así que, con buena voluntad y con el deseo de que yo no cometa errores en futuras entregas, me corriges. Debería, a cambio, escribirte una carta con mi versión del asunto. El problema es que nunca contesto el correo.

No tengo tiempo, y lo siento. Esta página, sin embargo, no es mala solución. La lee gente, y así quizá evite otras cartas como la tuya. De paso, extiendo mi respuesta a la cuadrilla de embusteros y sinvergüenzas de los sucesivos ministerios de Educación, de la consejería autonómica correspondiente, de los colegios o de donde sea, que son los verdaderos culpables de que a los diecisiete años, honrado lector, tengas -si me permites una expresión clásica- "la picha histórica hecha un lío".

Machín de Gorostiola es un personaje ficticio, como su compañía de infantería vizcaína. En efecto. Pero uno y otros deben mucho al capitán Machín de Munguía y a los soldados de su compañía, «la mayor parte vascongados», que, según una relación del siglo XVI conservada en el Museo Naval de Madrid, pelearon como fieras durante todo un día contra tres galeras turcas, en La Prevesa.

En cuanto a lo de "Cierra España", ni es consigna franquista ni del Capitán Trueno. Quien conoce los textos de la época sabe que, durante siglos, ése fue usual grito de ataque de la infantería española -en su tiempo la más fiel, sufrida y temible de Europa-, que en gran número, además de soldados castellanos y de otras regiones, estaba formada por vizcaínos; pues así, vizcaínos, solía llamarse entonces a los vascos en general, «a veces cortos de razones pero siempre largos de bolsa y espada». Y guste o no a quien manipuló tus libros escolares, amigo mío, con sus nombres están hechas las viejas relaciones militares, de Flandes a Berbería, de las Indias a la costa turca.

Los oprimidos vascos fuisteis -extraño síndrome de Estocolmo, el vuestro- protagonistas de todas las empresas españolas por tierra y mar desde el siglo XV en adelante. Ése fue, entre otros muchos, el caso de los capitanes de galeras Iñigo de Urquiza, Juan Lezcano y Felipe Martínez de Echevarría, del almirante Antonio de Oquendo, su padre y su hijo Miguel, o de tantos otros embarcados en las galeras del Mediterráneo o en la empresa de Inglaterra. Las relaciones de Ibarra, Bentivoglio, Benavides, Villalobos o Coloma sobre las guerras del Palatinado y Flandes, los asedios, los asaltos con el agua por la cintura, las matanzas y las hazañas, las victorias y las derrotas, hasta Rocroi y más allá incluso, están salpicadas de tales apellidos, sin olvidar las guerras de Italia: en Pavía, por ejemplo, un rey francés fue capturado por un humilde soldado de Hernani, en el curso de una acción sostenida por tenaces arcabuceros vascos. Y te doy mi palabra de honor de que aquel día todos gritaron, hasta enronquecer, "Cierra España": voz que, en realidad, no tenía significado ideológico alguno. Sólo era un modo de animarse unos a otros -eran tiempos duros- diciéndole al enemigo de entonces, fuera el que fuera: Cuidado, que ataca España.

Así que ya ves, amigo mío. No inventé nada. El único invento es el negocio perverso de quienes te niegan y escamotean la verdadera Historia: la de tu patria vasca -«La gente más antigua, noble y limpia de toda España», escribía en 1606 el malagueño Bernardo de Alderete- y la de la otra, la grande y vieja. La común. La tuya y la mía. ¡¡¡¡¡ E S P A Ñ A !!!!!


Arturo Pérez-Reverte

lunes, 4 de enero de 2010

Para este nuevo año: ATREVERSE Y ARRIESGARSE

Atreverse y arriesgarse. He aquí dos verbos reflexivos, para tratar de conjugar ideológicamente.

Cuando reflexionaba sobre lo que debía escribir pensé en dos posibilidades: una, poner el énfasis en la situación actual de España; otra, acudir a los Principios, que, por un lado, nos son consustanciales, y por otro, pueden proporcionar la luz indispensable que se precisa para conocer las causas que han provocado esa situación, a fin de buscar, encontrar y ofrecer las soluciones adecuadas.

Opté por la segunda de las posibilidades; y de aquí la alusión a los verbos reflexivos atreverse y arriesgarse; porque el atrevimiento de la opción elegida, comporta el riesgo de que pudiera entenderse que me despego de la realidad, que evado lo concreto que nos inquieta y acucia, para irme por las ramas de lo abstracto y subirme a las nubes de las teóricas exposiciones doctrinales.

Espero, sin embargo, que se interprete así, y ello por dos razones: porque el drama español de nuestro tiempo -enmarcado en la crisis profunda de la civilización que heredamos- es tan evidente y tan conocido que parece innecesario que nos recreemos en su examen, y porque sólo la contemplación, asimilación e incidencia operativa de un manojo de ideas hará posible un proceso de purificación y de restauración, necesario a dos niveles: el individual y el colectivo.

La semilla ideológica que hemos de echar en nuestro propio surco y cuidar después con esmero, es la del rescate del hombre, porque el hombre, como decía un gran Pensador, es el eje del Sistema. ¿Y por qué hay que rescatar al hombre? Pues, sencillamente, porque el hombre, seducido, está secuestrado. No se trata de un secuestro físico -aunque halla secuestros físicos- sino de un secuestro de su interioridad, de su mente y de su conciencia. Al hombre, campo específico de un combate espiritual, o se le concibe como un ser sólo inmanente o como un ser transcendente. Pues bien, de acuerdo con una u otra concepción, el Régimen, que presupone la sociedad en que el hombre vive, será configurado de una u otra manera.

Para nosotros, el hombre es un ser que está en el tiempo y en el espacio, es decir, en el Cosmos, influido y condicionado por él, pero no aprisionado y encorsetado en él. El destino del hombre no se encierra e incluye con el del resto de lo creado, sino que salta sus fronteras y las trasciende para encontrarse con el Creador. El hombre es criatura, evidentemente, pero es, por delegación vicaria, "dominus", por decreto divino, "icono Dei", y por la gracia, hijo de Dios.

Del lado opuesto, la concepción inmanente del hombre, le expolia de tales calificaciones, para reducirlo a un ser biológicamente más desarrollado, fruto de una larga evolución -por cierto no probada- que ha permitido hacer de un bípedo implume un animal dotado de razón y lenguaje. Con esa excepción, que le singulariza en el muestrario del Cosmos, el hombre se inscribe y circunscribe en éste de manera absoluta. El Cosmos le envuelve, le absorbe, le incrusta, le identifica con él, sin que le sea posible sustraerse ni liberarse de la finitud y caducidad del mismo.

Pero hay más. El hombre es, por su propia naturaleza -y el hecho nadie lo discute desde cualquiera de las dos posiciones señaladas- un ser social. El hombre vive en sociedad, y esta sociedad, "civitas hominis", una de dos: o contempla al hombre como icono "Dei", y en tal caso ha de construirse, como quería San Agustín, al modo de la ciudad de Dios, "civitas Dei", o despoja al hombre de esa cualidad sublime, lo achata e imanta a este mundo, y en tal caso, el Príncipe de este mundo acaba convirtiendo la ciudad del hombre en "civitas diaboli". De este modo, el combate, que se presenta "ab initio" como una lucha en la intimidad del ser de cada uno, individualmente considerado, deviene una lucha por la configuración de la sociedad en la que vivimos y, en consecuencia, por la superestructura, es decir, por el Sistema, que cultural, económica y políticamente la preside y gobierna.

El ambiente en que nos movemos y el entorno que contemplamos, nos ofrecen, con respecto al hombre, una visión secularizada o mundanizada, que acaba desconociendo o marginando su condición de icono "Dei", y con respecto a la sociedad, un alejamiento de Dios, una quiebra constante de la ley divina, como rectora de su dinámica, que la va corrompiendo hasta el laberinto sin escape de la "civitas diaboli".

Toda empresa de restauración de la comunidad exige, pues, la primacía del rescate del hombre. Cualquier intento que pretenda eludir la clave -el hombre - para sustituir, reemplazándolo, al Sistema vigente, supone un trabajo, aunque ilusionado, inútil, porque equivale a edificar sobre arena movediza.

Dibujemos, pues, las líneas maestras de la "civitas hominis" si la queremos, para que cumpla su cometido, como imagen o icono de las "civitas Dei". No me refiero ahora a la Jerusalén celestial, ni a la Iglesia triunfante. Pongo ante la vista, la convivencia trinitaria de las Personas, que no está reñida con la unidad consustancial e indivisible de un solo Dios. Esta diversidad de la unidad es la pauta de la "civitas" o comunidad de la misteriosa, pero revelada vida trinitaria.

La unidad de la "civitas hominis", por su origen-naturaleza del hombre -y por su objeto- el bien común- presenta, como la vida trinitaria, la diversidad de los que rezan, de los que trabajan y de los que combaten. No quiere decir ello que se excluya a los que integran cada uno de los tres estamentos del quehacer de los otros, de que una barrera los separe e incomunique en compartimentos estancos, de que no recen los que trabajan, o de que no trabajen los que han de combatir. Se trata del quehacer "ex oficio" o ministerial de cada uno de ellos; y los tres quehaceres son fundamentales, de tal modo que si en la sociedad no se reza, no se trabaja o no se combate para defenderla, la sociedad se deshilacha y autodestruye.

¿Y acaso, el ambiente en el que nos movemos y el entorno que contemplamos, no nos ofrecen una sociedad en la que apenas se ora, en la que el desempleo es estructural, en la que se ha adormecido la voluntad de combatir? La disminución de vocaciones, el paro y la objeción de conciencia son síntomas que permiten un diagnóstico escasamente optimista sobre el futuro de una sociedad en la que el deterioro de lo trinitario -sotana, mono y uniforme; cruz, martillo y espada- afecta inexorablemente a su unidad y, por ello, a la convivencia pacífica de aquellos que la integran.

Tratemos, pues, de rescatar al hombre, para que sea posible el rescate de la comunidad. Para ello es indispensable que haya rescatadores, y que estos rescatadores tengan la dotación doctrinal suficiente y el ánimo decidido de acometer la empresa con el temple heroico que la misma, por su enorme dificultad, demanda.

A tal fin sirve lo que me atrevo a llamar alegoría política del fuego, porque el rescatador ha de recibir, como los Apóstoles en la jornada de Pentecostés, su llama de amor viva, en frase de San Juan de la Cruz, una llama que hace inasequible al desaliento, que como en la escena bíblica de la zarza la hace arder sin cesar pero no la consume nunca.

Las propiedades del fuego las han de hacer suyas los rescatadores, porque el fuego calienta, ilumina, purifica, endurece y ablanda. Y de todo ello necesitan los hombres y la sociedad de hoy.

El fuego de los rescatadores desentumece y ha de calentar, apasionar, poner en ebullición, acabando con la tibieza del tiempo presente. A los tibios los vomita Dios.

El fuego de los rescatadores ha de iluminar hacia dentro la inteligencia obnubilada por la confusión, y hacia fuera el camino cubierto por la oscuridad. Hay que devolver la transparencia.

El fuego de los rescatadores ha de purificar, quemando el rastrojo, para arar de nuevo la tierra, y el magma que impide sobre el metal la obra del orfebre. Hace falta la alegría contagiosa de los corazones limpios.

El fuego de los rescatadores ha de endurecer nuestro barro personal, que se deshace, con la fortaleza que tanto precisan las voluntades debilitadas por las victorias del enemigo y por el abandono de los viejos camaradas. Perseverar hasta el fin.

El fuego de los rescatadores, por último, ha de ablandar el corazón de piedra, que se escuda en mil pretextos -disfraces del orgullo y del egoísmo- para continuar impasible ante el caos. Sin la fragua no podrá trabajarse el hierro en el yunque. El amor de caridad a la Patria así lo exige.

El capítulo de la Historia que estamos viviendo es decisivo, pero no está decidido el desenlace como un maleficio que no se puede evitar y ante el que sólo es posible la resignación.

La esperanza es virtud del hombre itinerante y desaparece por ello en la eternidad. Esa desaparición se hace cruel para el hombre condenado. El dejar toda esperanza, que decía Dante al referirse al infierno, adquiere el tono sublime de la maldición divina.

Pero nosotros estamos todavía en el tiempo, y todo tiempo, como devenir, incluye con la espera la esperanza. Continuar en la empresa, a pesar de todo, es una cuestión de esperanza; y la esperanza sólo se conserva y perfecciona con el amor, con el fuego del amor sobrenatural, que calienta, ilumina, purifica, endurece y ablanda lo que está frío, oscuro, manchado, petrificado o débil.

¿Y acaso no padecen de esta múltiple enfermedad los españoles de hoy? Queremos ser, con todas sus consecuencias, los rescatadores que el momento demanda; y para lograrlo queremos ser, igualmente, los hombres de fuego que España necesita. Lo demás nos será dado por añadidura.

Blas Piñar