martes, 23 de noviembre de 2010

HOMILÍA 19 NOVIEMBRE EN SANTA GEMA

LA VERDAD PADECE, PERO NO PERECE

FRANCO Y JOSÉ ANTONIO SON ESPAÑA. Franco, el soldado heroico, José Antonio, el mártir heroico, son España. Es cierto que España es mucho más grande que ellos, pero no es menos cierto que ellos nos devolvieron España, la España de siempre, la España inmortal. De una forma especial quiero agradecer al Caudillo invicto el estar hoy aquí con vosotros, el ser sacerdote católico y tener la posibilidad de celebrar el Santo Sacrificio de la Misa porque fue él quien salvó a la Iglesia Católica del exterminio. Y junto a él, José Antonio quien dio vida a la idea y a todos los caídos que la rubricaron con su sangre.

La Católica España, la TRINCHERA INVENCIBLE DE CRISTO REY, está recibiendo los golpes más virulentos de Satanás y de sus servidores. La España que fundó su unidad nacional en la FE CATÓLICA con el III Concilio de Toledo (586). La España que derrotó y reconquistó al Islam esta bendita “tierra de María”, como la definió Juan Pablo II. La España que evangelizó, que dio a luz DESANGRÁNDOSE a todo un continente entero y cuyos misioneros llevaron la Cruz de Cristo hasta los confines de la tierra.

La España luz de Trento, martillo de herejes, cuna de santos. La España que derrotó a la media luna en Lepanto salvando a la Cristiandad de una nueva invasión islámica. La España que luchó y venció; primero a la revolución religiosa de Lutero, después a la revolución política del liberalismo, tanto progresista (jacobino), como conservador (girondino) que fue exportada por Napoleón. Y por último, la España que derrotó la revolución social del comunismo ateo, la Internacional Socialista y la masonería, el mayor enemigo de Nuestra Santa Madre la Iglesia.

Comprendéis por qué precisamente en España el golpe que Satanás debía descargar debía ser más fuerte que en ningún otro lugar. Ahora aparentemente, PARECE, que finalmente hemos sido vencidos por la revolución sexual, por la cultura, o mejor dicho, por la anticultura del mayo del 68 francés. Pero como diría Santa Teresa de Jesús: “La verdad padece, pero no perece”.

Cuando hoy escucho a personas que sostienen los mismos ideales de Dios y España por los que combatieron y murieron Franco y José Antonio, leyendo entrelineas veo tristeza honda y MUY POCA ESPERANZA. Pidamos al Señor y a la Virgen Santísima el valor, el coraje y la fortaleza de estos dos grandes hombres que no escatimaron sacrificios y que no se guardaron nada para sí mismos inmolando sus personas por completo en el altar del sacrificio a la fe y la Patria.

No vengo hoy a echar incienso a Franco y a José Antonio, no vengo a presentaros sus personas a la ADMIRACIÓN, de sobra son conocidos por todos los aquí presentes. Vengo a proponerlos a la IMITACIÓN. La situación en que los primeros días de la Cruzada de Liberación dejaban a las Fuerzas Nacionales era prácticamente desesperada en comparación con toda la superioridad de las hordas marxistas. Pero fue la FE CIEGA en la VICTORIA la que hizo que estos dos hombres empuñaran la bandera de la Tradición Española más pura y que tras ellos otros muchos, como un solo hombre, siguieran sus huellas de valor, heroísmo sin medida y de sangre.

No es en los en la superioridad de los medios en lo que tenemos que cifrar la esperanza del triunfo, sino en la SANTIDAD DE LA CAUSA que defendemos. Esto, ellos lo tuvieron muy claro. ES DIOS QUIEN DA LA VICTORIA, no nuestras armas. Recordad la Historia de Gedeón, que con un puñado de hombres venció a un ejército inmenso, recordad la victoria de Israel contra los amalecitas por la oración de Moisés, y más cercanos a nosotros recordad la gesta de Bailén o la defensa del Alcázar de Toledo y tantas otras. Y es que la historia se repite porque “la verdad padece pero no perece”.

“Él debe reinar” (1ª Cor 15,25), el Señor tiene que reinar. Lo necesitamos más que nunca ante el dantesco horizonte actual, ante el GROTESCO SUICIDIO de la civilización occidental, ante la apostasía de la antigua Cristiandad, por “los amarguísimos frutos que este alejarse de Cristo por parte de los individuos y de las naciones ha producido con tanta frecuencia y durante tanto tiempo” (Quas Primas n.24).

Cuando los hombres pretender traer el cielo a la tierra, lo que acaban trayendo es el INFIERNO más cruel, precedido de montañas de cadáveres, de destrucción y de persecución a la Iglesia hasta su aniquilación. Todo tiene su raíz en la Encarnación, porque el cristianismo es la Religión del Dios que se hace hombre, y frente a ella se alzan desafiantes; la religión del dios que NO se hace hombre, del Dios que no interviene ni en el mundo ni en la vida y se desentiende de nosotros –el deísmo de la ilustración, el naturalismo cuyo hijo en política es el liberalismo-; y la religión del hombre que se hace dios –el socialismo, el comunismo y la democracia- que conduce necesariamente al laicismo, como podemos ver que ocurre en nuestra Patria al sustituir la Voluntad de Dios por la voluntad del hombre. Qué cierto es que todo error político, en el fondo, no es más que un error teológico. Escuchemos al Santo Padre Pio XI: “Desterrados Dios y Jesucristo de las leyes y de la gobernación de los pueblos, y derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres, hasta los mismos fundamentos de la autoridad han quedado arrancados, una vez suprimida la causa principal” (n.16).

Nuestros mártires y héroes pelearon y murieron por hacer realidad la promesa del Corazón de Jesús grabada a sangre y fuero en el Cerro de los Ángeles: “Reinaré en España”. A los que nos encontramos aquí reunidos nos mueve un fortísimo impulso interior, suscitado por el Espíritu Santo, como el que sintieron aquellos hermanos nuestros en la fe, cuando expectantes se reunían por millares en la explanada de Clermont a finales del siglo XI (1095). Cuando escucharon la convocatoria del Papa a la Cruzada le respondieron con un clamor unánime: “¡Dios lo quiere!” y tomando la espada marcharon a la lucha en defensa de la Cruz de Cristo.

La situación actual no admite términos medios, por eso hoy, desde aquí, en nombre de Cristo Rey y por la sangre de todos nuestros mártires y caídos por Dios y por España os convoco a proseguir con la Cruzada, con el espíritu de la Cruzada que es un espíritu de ESPERANZA, de FE CIEGA en la VICTORIA que Dios NOS QUIERE DAR. Nos van a perseguir con más saña hasta intentar por todos los medios nuestra más completa aniquilación pero: “No tengáis miedo”, nos repetía incansablemente el Vicario de Cristo en la tierra, Juan Pablo II... ¡no tengáis miedo!, también os repito yo hoy. LUCHAMOS POR EL SEÑOR, luchamos por el Señor… Por la fe y por la Patria, por el Altar y por la Familia. ¡Dios lo quiere! Va por Ti Dios Nuestro, somos tus soldados y sabemos que ante Ti nunca seremos héroes anónimos.

Nos encomendamos a la intercesión poderosa de la Virgen Inmaculada, María Santísima y de todos los “que hacen guardia sobre los luceros” para que nos bendigan, nos defiendan y fortalezcan para seguir honrando, para seguir IMITANDO a los que nos precedieron combatiendo, siempre “inasequibles al desaliento”, por Dios y por España. Así sea.

Gabriel Calvo Zarraute

jueves, 18 de noviembre de 2010

ESQUELA, RESPONSO Y ACTO EN LA PLAZA DE ORIENTE

Esquela contratada en ABC, La Razón, El Mundo y la Gaceta para el día de hoy. Sale hoy, únicamente, en ABC, La Razón y El Mundo. Aquí la podéis ver. Anuncia responso y acto a las 12 en la Plaza de Oriente.


martes, 16 de noviembre de 2010

DOS ENFOQUES


ANVERSO PREOCUPANTE

Censura

En su reciente viaje, Benedicto XVI formuló una declaración trascendental sobre la situación española, diciendo con absoluta contundencia que “ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo como lo vimos precisamente en los años treinta, y esta disputa, más aún, este enfrentamiento entre fe y modernidad, ambos muy vivaces, se realiza hoy nuevamente en España” (Zenit, 6 de noviembre de 2010). Pero tan clarísimas expresiones del Sumo Pontífice sobre el renovado ataque irreligioso, fueron rectificadas de inmediato por el vocero papal, Padre Federico Lombardi S.J. Al afirmar que el Papa “no hizo análisis históricos al hablar del anticlericalismo y del laicismo de los años treinta del siglo XX en España, sino que sólo quería recordar un período histórico del país y explicar que hoy la Iglesia busca "el encuentro, no el desencuentro" (cfr. Zenit, 7 de noviembre de 2010). Igualmente puntualizó que al referirse al anticlericalismo de los años treinta en España, “Benedicto XVI no buscaba hacer polémica”.

Corrección

De esta manera, el vocero llegó a decir que “en las intenciones (sic) del Papa hay que excluir la polémica; el pontífice sólo comentó el secularismo en Europa y en España y recordó algunos momentos de la historia”… “Simplemente se refirió al secularismo y en sus palabras no hay que buscar la confrontación”. Acaso en otro tema y circunstancia, semejante galimatías mereciera una sonrisa disimuladora. Pero el intento de corregir las inequívocas palabras e intenciones del Santo Padre, precisamente al alertar cuando manos impías buscan retorcer el espíritu y la historia de España adquiere una significación gravísima. Y se inserta en una peligrosa costumbre que parece haber hecho escuela en los portavoces, buscando acomodar a la “diplomacia” la prescripción evangélica del “sí, sí, no, no”. O enseñando que el Sumo Pontífice “no polemiza” —no discute, no refuta— graves afrentas públicas que interesan a la vida religiosa.


REVERSO CONFORTADOR

Testimonio

Con ánimo antirreligioso y antihistórico el actual gobierno español ha prohibido el ingreso a la basílica del Valle de los Caídos. Una maravilla de Fe y Caridad que sella magníficamente la tragedia española. A causa de la veda, en estos mismos días la comunidad benedictina decidió bajar a las puertas del recinto y allí, al borde de la carretera, celebrar la Santa Misa. Una ceremonia extraordinaria, cuya homilía —de Fray Santiago Cantera Montenegro— verdaderamente también lo fue y vale transcribir algunos de sus pasajes señeros:

“Es preferible una Iglesia mártir —y recordemos que la palabra mártir significa “testigo”— que una Iglesia connivente con el mal por temor a perder un bienestar temporal… Evitemos el odio que pueda surgir en nuestro corazón hacia quienes persiguen la fe. Oremos por ellos y que el amor de Cristo venza el muro del odio. Pero, sin dejar de amarles, sepamos también mostrar nuestra firmeza, porque el Señor está con nosotros y tenemos que defender su heredad, de la que forman parte las iglesias y los lugares de culto… Que podamos decir con convencimiento las mismas palabras que el abad benedictino Santo Domingo de Silos dijera a un rey de Navarra en el siglo XI: “La vida podéis quitarme, pero no más”… Quiero terminar extractando algunos preciosos versos de una canción que entonaban los cristeros mexicanos y que revelan el valor y el anhelo de eternidad que debemos tener. Dicen así: “El martes me fusilan / a las seis de la mañana / por creer en Dios eterno / y en la Gran Guadalupana. […] Matarán mi cuerpo, pero nunca mi alma. / Yo les digo a mis verdugos / que quiero me crucifiquen, / y una vez crucificado / entonces usen sus rifles. […] No tengo más Dios que Cristo, / porque me dio la existencia. / Con matarme no se acaba / la creencia en Dios eterno: /muchos quedan en la lucha / y otros que vienen naciendo. […] ¡Viva Cristo Rey!”

“Que la Santísima Virgen nos alcance del Espíritu Santo el don de fortaleza y haga que la visita del Santo Padre traiga sobre nuestra querida y atribulada España frutos copiosos de una fe recia y de un espíritu ardiente”.

Juan E. Olmedo Alba Posse
Noviembre de 2010

viernes, 12 de noviembre de 2010

A DON ÁLVARO DE BAZÁN


El fiero turco en Lepanto,
en la Tercera el francés,
y en todo mar el inglés,
tuvieron de verme espanto.

Rey servido y patria honrada
dirán mejor quién he sido
por la cruz de mi apellido
y con la cruz de mi espada.

Lope de Vega, 1588



No en bronces, que caducan, mortal mano,
Oh católico Sol de los Bazanes
Que ya entre gloriosos capitanes
Eres deidad armada, Marte humano,

Esculpirá tus hechos, sino en vano,
Cuando descubrir quiera tus afanes
Y los bien reportados tafetanes
Del turco, del inglés, del lusitano.

El un mar de tus velas coronado,
De tus remos el otro encanecido,
Tablas serán de cosas tan extrañas.

De la inmortalidad el no cansado
Pincel las logre, y sean tus hazañas
Alma del tiempo, espada del olvido.

Luis de Góngora y Argote, 1588

jueves, 11 de noviembre de 2010

DOMINGO 14 DE NOVIEMBRE: SANTA MISA DE CAMPAÑA EN EL VALLE DE LOS CAÍDOS

Próximo Domingo 14 de noviembre de 2010, a las 11:00 horas, Santa Misa de campaña en la entrada que da acceso al recinto de la Basílica Pontificia de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.
Español: resiste o muere.
Como un silencio largo y vigilante
son pluma y bronce en la aridez del muro,
para negar cualquier designio oscuro
y dar eternidad a cada instante.

De la nube a la piedra en vuelo amante,
desde la gloria al pensamiento puro,
cristalizado en éxtasis. Conjuro
de nube y flor en un trenzar triunfante.

Ala de viento y sombra levantada.
Cuatro manos de amor sobre la espada,
velándole a la muerte su reposo.

Guarda de Dios que espera conmovida
un nuevo retornar hacia la vida
de este polvo de España luminoso.


Julio Alfredo Egea

El Templo del Señor de los Ejércitos no puede ser profanado.

lunes, 8 de noviembre de 2010

MISA DE CAMPAÑA EN EL VALLE DE LOS CAÍDOS.

Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Las lecturas de hoy resultan sugerentes sobre todo para dos aspectos de nuestra vida actual. Por un lado, nos encontramos en el mes de noviembre, dedicado a la intercesión por las almas de los difuntos: se abre con la solemnidad de Todos los Santos, que nos recuerda que todos estamos llamados a la santidad ante Dios y a la salvación eterna; y al día siguiente prosigue con la conmemoración de los Fieles Difuntos, que instituyó el abad cluniacense San Odilón a inicios del siglo XI.

Es precisamente en el segundo libro de los Macabeos donde se encuentran algunos de los textos en los que la Iglesia Católica fundamenta la creencia en el Purgatorio o unas penas purgatorias, que es un dogma de fe definido por el II Concilio de Lyon en 1274. Para pasar a contemplar la belleza infinita de Dios, las almas deben estar limpias de toda mancha dejada por sus pecados. Nosotros podemos ofrecer nuestras oraciones, penitencias, limosnas y sobre todo el Santo Sacrificio de la Misa para que las almas que se encuentran en ese estado puedan pasar a disfrutar de Dios.

En el texto que hoy se ha leído, contemplamos la firme esperanza de los hermanos Macabeos en el premio eterno por su muerte martirial en defensa de la fe. “Dios quiere que todos los hombres se salven”, dice San Pablo. Y Jesús nos habla de la inmortalidad, pues Dios “no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos están vivos”. Dios desea que todos podamos llegar a gozar de la visión de Él en el Cielo. La secta de los saduceos, que trataron de poner a prueba a Jesús, tuvo su origen precisamente en la época de los Macabeos: fueron los judíos helenizantes que colaboraron con las autoridades impías y aceptaron elementos provenientes del paganismo y del racionalismo. Serían unos de los responsables en llevar a Jesús al Calvario. Aquí entra la segunda consideración.

Los Macabeos son un ejemplo de martirio en tiempos de persecución religiosa. No tenían miedo a la muerte, porque creían en el premio eterno. Jesucristo ha culminado lo que ellos anticiparon y se ha convertido en el Gran Mártir de la verdad y del amor de Dios, la Víctima que se ha ofrecido al Padre para redimirnos del pecado y abrirnos las puertas del Cielo. Por eso todos los mártires han dado desde entonces su vida por Él y con Él.

Hoy vivimos tiempos difíciles para la fe en España y el testimonio de los mártires debe servirnos de estímulo frente a la adversidad. Ayer mismo celebrábamos la memoria de los mártires españoles del siglo XX. En el avión de venida, el Santo Padre Benedicto XVI dijo ayer que España está sufriendo una ofensiva laicista muy semejante a la de los años 30. Vosotros mismos lo podéis contemplar hoy en esta celebración, que a mí me recuerda a las misas del Beato mártir Jerzy Popieluszko en la Polonia de los años 80.

Por ello, debemos mirar el valor de los mártires para llenarnos nosotros mismos de valor. Traigamos a la memoria los cerca de 50 católicos asesinados esta semana en Iraq por elementos islamistas. Ojalá los católicos españoles seamos capaces de decir con convicción lo que ha dicho el cardenal arzobispo de Bagdad: “No tememos la muerte”.

Es preferible una Iglesia mártir –y recordemos que la palabra mártir significa “testigo”– que una Iglesia connivente con el mal por temor a perder un bienestar temporal. A medio y largo plazo, la Iglesia que realmente pervivirá será la primera. Hoy no honramos a ciertos eclesiásticos que en los años de la persecución en México pactaron los denominados “arreglos” con el gobierno masónico, sino que veneramos como santos y beatos a los mártires cristeros, procedentes sobre todo del pueblo sencillo.

No tengamos miedo a defender la verdad de Cristo. San Juan Crisóstomo fue desterrado dos veces por denunciar públicamente la corrupción de la corte de Constantinopla, pero ante la persecución afirmaba: “Decidme, ¿qué podemos temer? ¿La muerte? ‘Para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir’. ¿El destierro? ‘Del Señor es la tierra y cuanto la llena’. ¿La confiscación de los bienes? ‘Sin nada vinimos al mundo y sin nada nos iremos de él’. Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes. No temo la muerte ni envidio las riquezas. Yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo: [...] ‘Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo’”.

Evitemos el odio que pueda surgir en nuestro corazón hacia quienes persiguen la fe. Oremos por ellos y que el amor de Cristo venza el muro del odio. Pero, sin dejar de amarles, sepamos también mostrar nuestra firmeza, porque el Señor está con nosotros y tenemos que defender su heredad, de la que forman parte las iglesias y los lugares de culto. Que podamos decir con convencimiento las mismas palabras que el abad benedictino Santo Domingo de Silos dijera a un rey de Navarra en el siglo XI: “La vida podéis quitarme, pero no más”.

Quiero terminar extractando algunos preciosos versos de una canción que entonaban los cristeros mexicanos y que revelan el valor y el anhelo de eternidad que debemos tener. Dicen así: “El martes me fusilan / a las seis de la mañana / por creer en Dios eterno / y en la Gran Guadalupana. [...] Matarán mi cuerpo, pero nunca mi alma. / Yo les digo a mis verdugos / que quiero me crucifiquen, / y una vez crucificado / entonces usen sus rifles. [...] No tengo más Dios que Cristo, / porque me dio la existencia. / Con matarme no se acaba / la creencia en Dios eterno: / muchos quedan en la lucha / y otros que vienen naciendo. [...] ¡Viva Cristo Rey!”.

Que la Santísima Virgen nos alcance del Espíritu Santo el don de fortaleza y haga que la visita del Santo Padre traiga sobre nuestra querida y atribulada España frutos copiosos de una fe recia y de un espíritu ardiente.

Santiago Cantera Montenegro OSB

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

REZO DEL SANTO ROSARIO EN BARCELONA

Rezo del Santo Rosario para pedir por las intenciones y la persona del Padre Santo
El próximo Jueves 4 de Noviembre, en la Plaza de la Catedral, la Asociación Benéfica Jóvenes de San José organiza el rezo del Santo Rosario para pedir por las intenciones y la persona del Padre Santo, nuestro queridísimo Benedicto XVI.

¿Por qué hacemos esto? Podrían decirnos que lo hacemos movidos por el odio que sentimos a aquellos que se juntan ese mismo día en otros lugares de Barcelona para manifestar su descontento con la visita del Papa a Barcelona, en este caso apareceríamos ante el mundo como unos provocadores, alejados totalmente del mensaje evangélico. Pero he de decir que somos ajenos a esta postura en su totalidad, nuestro único objetivo es la caridad, el amor al hermano, nuestro único objetivo es el de llevar el Evangelio a las calles de nuestra ciudad condal, y para ello no queremos escasear en medios, "pobre de mi, sino predico el Evangelio".

Nuestra postura se parece más bien a otra, quizá a la del Reverendo Nick Donnelly diácono de la Diócesis de Lancaster creador del sitio Protect the Pope, a raíz de los ataques a la persona del Santo Padre en su visita a Reino Unido; nuestra postura se parece más a la expuesta por la Señora, la Virgen María en Fátima a los pastores, cuando les dice:"el Santo Padre mucho tendrá que sufrir" y pidió oración y penitencia por su persona.

No queremos ningún tipo de confrontación con otros grupos, no queremos medir nuestras fuerzas con nadie, nuestra manifestación no va contra nada, no es un NO a nada, todo lo contrario, esta manifestación es un SI, un gran SI por la persona del Papa y todo aquello que representa, la Iglesia Católica, esta manifestación es un SI bien grande a la defensa de la Doctrina Católica, y en definitiva, esta manifestación es un gran SI a la persona de Jesucristo, cabeza visible del cual es hoy Benedicto XVI. Recordad las palabras de Juan Pablo II al inicio de su pontificado: "¡No temáis! ¡Abrid más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!" porque como nos recuerda hoy el actual sucesor de San Pedro: "Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada, absolutamente nada, de lo que hace la vida libre, bella y grande" Por tanto, esta manifestación no pretende ser un NO a nada que haga la vida libre, bella y grande, como dice nuestro Papa, esta manifestación es un GRAN SI.

Es posible que algunos opinen que la verdad se defiende sola, que vamos a perder más de lo que ganamos, que la opinión pública puede pensar o dejar de pensar, que seguimos la misma forma de actuar que los que atacan al papa. Hermanos, no permitamos que nuestro espíritu se sumerja en las medianías, no nos dejemos llevar por prudencias humanas alejadas del mensaje evangélico, debemos entregar toda nuestra vida y nuestra juventud, al servicio del Evangelio, al servició de la Iglesia, de qué vale tener vida, de qué vale tener un alma que informe este cuerpo, si no vivimos cada día, para darlo todo por Cristo, nuestro Señor, conozco muchas posibles maneras de vivir, pero no reconozco en ninguna de ellas un ápice de eternidad.

Que Cristo y su Santísima Madre nos infundan a todos nosotros el anhelo misionero del Beato José Samsó Elías, al que elegimos como nuestro protector e intercesor delante del Señor para que la manifestación del próximo día 4 de noviembre sea toda ella a mayor gloria de Dios y sirva para mover bendiciones celestiales sobre la persona y la obra del papa Benedicto XVI.

Marcos Vera Pérez
Jóvenes de San José

viernes, 29 de octubre de 2010

MURIÓ MARCELINO CAMACHO, FUNDADOR DE CC.OO

Para refrescar la memoria de aquellos que ahora se apuntan a las alabanzas del sistema por el comunista Camacho.


Subversivo individuo envenenado por la mas diabólica ideologia materialista que han conocido los tiempos, el Comunismo, con mas de 120 millones de victimas a sus espaldas.

Al servicio de los intereses criminales de una potencia extranjera cono la URSS, afiliándose al PCE ya con 17 añitos, el tío.

Aprendiz de terrorista durante la Guerra, al sabotear vías ferreas por donde habrían de transitar trenes del bando nacional.

Encarcelado en últimos días de la contienda por la propia Junta de Defensa Republicana de Madrid - al mando del General Segismundo Casado - por demasiado "revoltoso".

Indultado 2 VECES por el Régimen del 18 de Julio: en 1957, y en 1973, tras el "Proceso 1.001". Toma "represion". En su adorada Moscu creo recordar que no se daban indultos a ningun preso...

Peleado desde 1991 con su propio sindicato (CCOO), en 1996 la direccion de este le retira (con un 65 % de votos favorables a tal medida) el cargo de Presidente de Honor que mantenia desde 1987.

Residente en la muy obrera y proletaria localidad de Mahadajonda, en la lujosa zona norte de Madrid.

Y ahora, fallecido, nada menos que el individuo que responde al nombre de Felipe Borbón, le va a presentar sus respetos, EN NOMBRE DE LA CORONA.

¿ Y este ... es un ejemplo de algo?

¡¡¡ MENUDA PRENDA!!!!

J.A.L.

jueves, 28 de octubre de 2010

HALLOWEEN: FIESTA PAGANA Y ANTICRISTIANA

La costumbre, importada de Estados Unidos vía Hollywood con películas que cosecharon un gran éxito en los años 80 como «La noche de Halloween, de John Carpenter, entró con fuerza en España hace varios años y se celebra en la noche del próximo sábado. Las tiendas de disfraces y de «todo a 100» están haciendo su agosto desde hace varios días, con las estanterías de sus establecimientos repletas de trajes de zombies, vampiros, fantasmas, druidas, esqueletos, diablos y hasta seres extraterrestres.

Ocultismo y anticristianismo
Y, ¿qué hay de malo en una simple fiesta para pasárselo bien? «Que tiene un trasfondo de ocultismo y de anticristianismo», señala Joan María Canals, director del secretariado de la comisión episcopal de liturgia de la Conferencia Episcopal Española (CEE). El sacerdote es tajante al respecto: «Los padres deben ser conscientes y encauzar el sentido de fiesta hacia lo bueno y la belleza, en vez de hacia el terror, el miedo y la misma muerte».

Pero, además, Halloween ha supuesto el rescate de una fiesta pagana que celebraban los celtas antes de ser evangelizados. Es la fiesta de la muerte y el terror en la víspera, precisamente, de la festividad católica de Todos los Santos (1 de noviembre) y de los Fieles Difuntos (2 de noviembre), instituida por san Odilón, monje benedictino y quinto abad de Cluny, en el año 998.
Pero la fascinación por el ocultismo atrapa a jóvenes y adolescentes, que se suman a esta fiesta. Ante ello, numerosas asociaciones cristianas han decidido ofrecer sus alternativas. Una de ellas ha surgido en la diócesis de Alcalá de Henares, que la Comunidad de Emmanuel dirigirá a partir de las diez de la noche del próximo sábado. Música, adoración eucarística y baile en «clave cristiana» tratarán de llenar la plaza de los Santos niños y la catedral de la diócesis madrileña.

Ángeles y demonios
Al otro lado del Atlántico, en Santiago de Chile, en la noche del 31 de octubre se celebra la «Fiesta de la Primavera». Nada de monstruos, fantasmas y brujas: todos los disfraces que llevan los niños y jóvenes son de ángeles, princesas y hasta de santos. «La demanda ha ido cambiando en los últimos diez años. Antes, los clientes sólo pedían trajes de terror. Ahora llevan de damas antiguas, reinas, cenicientas y ángeles», ha afirmado la encargada de una de las cadenas de tiendas más importante de la capital chilena. «El objetivo de esta fiesta –han señalado sus promotores– es cambiar la muerte y la oscuridad por la vida; el terror y el miedo por la alegría, y la violencia por la paz».

En París nació la iniciativa de «Holywins», que juega con las palabras «holy» («santo») y «wins» («ganar»). Algo así como «lo santo gana». La propia archidiócesis organiza desde hace varios años la campaña, a la que acuden miles de niños y jóvenes todos los 31 de octubre. «En una sociedad que elude la cuestión de la muerte, la fiesta de Haloween tiene el “mérito” de que nos interroguemos sobre este tema, pero sólo hace referencia a los rituales morbosos y macabros», afirman sus organizadores. Por eso, «los jóvenes de París quieren aprovechar la ocasión de la fiesta de Halloween para testimoniar su fe y su esperanza cristiana ante la muerte en la vigilia de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos». Eso sí, sin cuernos ni tridentes ni kilos de siniestro maquillaje...

Su origen
- Halloween significa «Al hallow´s eve», es decir; «víspera de todos los santos», ya que se refiere a la noche del 31 de octubre. Sin embargo, ha robado su sentido religioso para celebrar la noche del terror y de las brujas.
- La celebración de Halloween se inició con los celtas. Entre ellos habitaban los druidas, sacerdotes paganos adoradores de los árboles, especialmente del roble.
- Una antigua leyenda irlandesa narra que la calabaza iluminada sería la cara de un tal Jack O´ Lantern que, en la noche de Todos los Santos, invitó al diablo a beber en su casa, fingiéndose un buen cristiano

Alex Navajas

jueves, 21 de octubre de 2010

HIPOCRITAS, CON PERMISO, DE NUEVO

Los que se amedrentan y atemorizan por el modo en que les ataca la izquierda progresista, pero, cuando les conviene, recurren a las mismas artimañas totalitarias para defenderse de la verdad de los que queremos una España unida y libre; los que condenaron a muchos españoles al exilio del silencio desde su acomodo al nuevo sistema, y ahora se erigen, pusilánimes y temblorosos, en tramposos defensores de elevados valores al ver en qué ha quedado su sacrosanta transición; los que alardean, vocingleros, de católicos antiabortistas, pero buscan, sin conciencia, una fórmula negociada para convivir tranquilos con el poder que asesina a más de 100.000 seres humanos cada año en España; los que incitan a la lucha por la libertad movilizando voluntades con espíritu de sacrificio, y después, iniciada la lucha, permanecen impasibles y asustados ante la crítica del enemigo; los que hicieron su historia y su grandeza con su propaganda ideológica del liberalismo individualista radical y ahora se escandalizan de sus mejores discípulos que son los socialistas totalitarios; los que hablan de libertad de pensamiento y de libertad de Prensa, y de modo sistemático, y con arreglo a prejuicios irreformables, ahogan ciertas noticias, las desfiguran o las inventan, y silencian cualquier opinión contraria a la suya o incluso las mismas opiniones dependiendo de quién las diga; los que dicen de sí mismos que son la derecha sin complejos o que están orgullosos de sus ideas, pero se les encrespan los nervios ante las opiniones de quien creen lo que no es, causando bochorno a su propio público; los que presumen de antinacionalistas, y defienden el sistema que otorga privilegios de poder y de dinero al enemigo separatista; los que hablan de luchar por una verdadera democracia, pero cínicamente se oponen a la petición de democracia interna en los partidos o a la reforma de la injusta ley electoral actual, según quién lo diga; los que presumen de católicos en oscuros entramados de poder, pero callan –y el que calla otorga-, cuando tienen oportunidad de dar el testimonio que se espera de ellos, para defender, del ataque de ateos profesionales, a los mártires de las persecuciones religiosas en España o los grandes sacrificios de los españoles en la evangelización de América; los cobardes que nunca dieron un paso para jugarse nada por sus principios, porque su amor al dinero les lleva a anular su propia conciencia, arruinando el tesoro de la herencia cedida por los españoles que dieron su vida por nuestra Patria; los que desarrollaron carreras prestigiosas en el Régimen que ahora denigran, para permanecer, cual gorrinos de engorde estabulados, al servicio de quienes, desde secretas tenidas, se visten con los mandiles que tanto daño hacen a España y a la Libertad.

Pero nada es tan oculto que no se haya de manifestar, ni tan secreto que al fin no se sepa (San Lucas, XII, 2). En estos meses hemos aprendido muchas cosas, tantas y tan graves, que a nuestros hermanos podemos repetir aquello de Cristo: "Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía".

Blas Piñar Pinedo,

martes, 12 de octubre de 2010

ORIGEN DEL NOMBRE, CONCEPTO Y FIESTA DE LA HISPANIDAD


En varias oportunidades y en diversas revistas he aclarado conceptos inexactos o confusamente expresados que corren por los libros y la Prensa acerca de los orígenes históricos del nombre, concepto y fiesta de la Hispanidad, por atribuírseme a mí equivocadamente la invención material de ese vocablo, al mismo tiempo que se pasan por alto interesantes circunstancias históricas que señalan el punto de arranque del hermoso movimiento que se distingue con dicho nombre.

Fue mi gran amigo D. Ramiro de Maeztu uno de los primeros que me atribuyeron la creación del vocablo «Hispanidad» en su libro Defensa de la Hispanidad, publicado a principios de 1934. El ejemplar que me envió a mi residencia habitual de Buenos Aires lleva esta dedicatoria autógrafa: «Al Rev. P. Zacarías de Vizcarra, creador del vocablo 'Hispanidad' con la admiración y la amistad de Ramiro de Maeztu.» Y en la página 19 de la obra se lee: «La palabra se debe a un sacerdote español y patriota que en la Argentina reside, D. Zacarías de Vizcarra.»

El inolvidable Cardenal Gomá, en su famoso discurso del teatro Colón, de Buenos Aires, se refirió en términos parecidos al origen del vocablo: «Ramiro de Maeztu –dijo– acaba de publicar un libro en 'Defensa de la Hispanidad', palabra que dice haber tomado del gran patriota Sr. Vizcarra y que ha merecido el 'placet' del académico D. Julio Casares.» (Juan Gil Prieto, O. S. A., «La Sección Española del XXIII Congreso Eucarístico Internacional», Buenos Aires, 1934, pág. 425.)

En el número de febrero de 1936, la revista madrileña «Hispanidad» repetía la misma idea: «Mucho y bueno sabe D. Ramiro de Maeztu –escribía– de la fecunda labor que en la Argentina ha realizado y sigue realizando el autor de la palabra 'Hispanidad'.» Con frase más precavida, por recordar quizá alguna de mis aclaraciones anteriores, escribía así en su obra Ideas para una filosofía de la historia de España el docto catedrático D. Manuel García Morente: «¿Cómo designaremos eso que vamos a intentar definir y simbolizar?... Existe una palabra –lanzada desde hace poco a la circulación por monseñor Zacarías de Vizcarra– que, a mi parecer, designa con superlativa propiedad eso precisamente que la filosofía de la historia de España aspira a definir. La palabra aludida es 'Hispanidad'. Nuestro problema puede exactamente expresarse en los términos siguientes: ¿qué es la hispanidad?» (Signo, 23 enero de 1943).

Veremos en estas líneas cómo es más aceptable la frase del Dr. García Morente que las demás antes citadas, aunque quizá en alguna de ellas se habrá tomado «crear» en el sentido lato de «lanzar a la circulación», que admite explicación satisfactoria.

Antigüedad del vocablo material «Hispanidad»

Basta hojear los viejos diccionarios castellanos para encontrar en ellos esta palabra, aunque con diversa significación de la que ha recibido actualmente y con la esquela mortuoria de «anticuada». Así, por ejemplo, la quinta edición del Diccionario de la Academia, publicada en 1817, dice así: «Hispanidad, s. f., ant. Lo mismo que Hispanismo.» Y a continuación define así esta otra palabra: «Hispanismo, s. m. Modo de hablar peculiar de la lengua española, que se aparta de las reglas comunes de la Gramática. Idiotismus hispanicus.»

Tan antigua es esta palabra en su sonido material, que la encontramos en el Tractado de Ortographia y accentos del bachiller Alexo Vanegas, impreso en Toledo, sin paginación, el año 1531 y conservado como preciosidad bibliográfica en la Biblioteca de la Real Academia de la Lengua. «De los oradores –dice Vanegas– M. Tull. y Quinti. son caudillos de la elocuencia, aunque no les faltó un Pollio que hallase hispanidad en Quintiliano», &c. (segunda parte, cap. V).

Más aún: es probable que los romanos del siglo primero después de Cristo empleasen la palabra «hispanitas» (hispanidad) para designar los giros hispánicos del latín de Quintiliano, en el mismo sentido que el propio Quintiliano usa la palabra «patavinitas» (paduanidad) al hablar del latín, de Tito Livio. «Pollio –dice– deprehendit in Livio patavinitatem», es decir: «Polión encontró patavinidad (paduanidad) en Livio.» (De Institutione Oratoria, libro I, cap. V).

Pero date o no date del siglo primero la materialidad de la palabra «Hispanidad» lo cierto es que no tenía la significación que luego se le ha dado, y era además inusitada hasta en su acepción gramatical.

¿Cuándo y por qué se desenterró esta [13] la palabra y se le infundió vida nueva, para encarnar dos conceptos modernísimos?

Esto es lo que tratan de aclarar las presentes líneas.

Orígenes del «Día de la Raza»

El poeta y periodista argentino Ernesto Mario Barreda, en un largo artículo publicado en La Nación de Buenos Aires el 12 de octubre de 1935, narra sus visitas al puerta de Palos y al convento de La Rábida en 1908, la entrega que hizo de un álbum que la Sociedad Colombina dedicó al presidente de la nación argentina, la fundación de la Casa Argentina de Palos, llevada a cabo por el cónsul de aquella república en Málaga, el entusiasta hispanófilo D. Enrique Martínez Ituño, y la celebrada el día 12 de octubre de 1915 por primera vez con el nombre de Día de la Raza en dicha Casa Argentina.

El documento impreso que cita está encabezado así: «Casa Argentina. –Calle de las Naciones de Indias Occidentales. –Carretera de Palos a La Rábida. –Club Palósfilo. –Hijas de Isabel. –Día de la Raza, 12 de octubre de 1915.» Luego se copian unos versos del mismo poeta Barreda alusivos a las carabelas de Colón y se exponen las razones de la nueva festividad, epilogadas con este apóstrofe a España: «Reunidos en la Casa Argentina los Palósfilos y las Hijas de Isabel en este Día de la Raza, hacemos votos para que con tus hijas las Repúblicas del Nuevo Mundo formes una inteligencia cordial. Y un abrazo fraterno sea el lazo de unión de los defensores de la Ciencia, el Derecho y la Paz.»

Esta iniciativa encontró eco en América, y sobre todo en Buenos Aires, aunque no todos los que allí aplaudíamos la sustancia de la fiesta estábamos de acuerdo con el nombre con que se la designaba.

Con fecha 4 de octubre de 1917, el Gobierno de la nación argentina, con la firma del presidente y de todos los ministros, declaró fiesta nacional el 12 de octubre, dando estado oficial a la afortunada iniciativa particular nacida dos años antes en una Casa Argentina.

Aunque en el texto del famoso y magnífico Decreto del Gobierno nacional no se habla de Día de la Raza ni se menciona siquiera la palabra «raza», sin embargo, la mayor parte de la Prensa se sirvió de aquella denominación, y se tituló «Himno a la Raza» el que compuso para el 12 de octubre del mismo año el patriota español don Félix Ortiz y San Pelayo, y fue cantado solemnemente en el teatro Colón por cinco masas corales reunidas.

Por las razones que luego indicaré no me satisfacía el nombre de Día de la Raza, que iba adquiriendo cada vez mayor difusión. Era necesario encontrar otro nombre que pudiera reemplazarlo con ventaja. Y no hallé otro mejor que el de «Hispanidad», prescindiendo de su anticuada significación gramatical y remozándola con dos acepciones nuevas, que describía yo así en una revista de Buenos Aires que no tengo a mano ahora en Madrid, pero que encuentro citada en la mencionada revista Hispanidad de Madrid, en el número de 1 de febrero de 1936: «Estoy convencido –decía en ella– de que no existe palabra que pueda sustituir a 'Hispanidad'... para denominar con un solo vocablo a todos los pueblos de origen hispano y a las cualidades que los distinguen de los demás. Encuentro perfecta analogía entre la palabra 'Hispanidad' y otras dos voces que usamos corrientemente: 'Humanidad' y 'Cristiandad'. Llamamos 'Humanidad' al conjunto de todos los hombres, y 'humanidad' (con minúscula) a la suma de las cualidades propias del hombre. Así decimos, por ejemplo, que toda la Humanidad mira con horror a los que obran sin humanidad. Asimismo llamamos 'Cristiandad' al conjunto de todos los pueblos cristianos y damos también el nombre de 'cristiandad' (con minúscula) a la suma de las cualidades que debe reunir un cristiano. Esto supuesto, nada más fácil que definir las dos acepciones análogas de la palabra 'Hispanidad': significa, en primer, lugar, el conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico diseminados por Europa, América, África y Oceanía; expresa, en segundo lugar, el conjunto de cualidades que distinguen del resto de las naciones del mundo a los pueblos de estirpe y cultura hispánica.»

Estas dos acepciones nuevas de la palabra «Hispanidad» nos podían permitir reemplazar ventajosamente el vocablo «raza» que, como escribía yo en la mima revista, me parecía «poco feliz y algo impropio»; pero no figuraban todavía en los diccionarios. Por eso, en un escrito que publiqué en Buenos Aires en 1926 bajo el título «La Hispanidad y su verbo», y obtuvo amplia difusión en los ambientes hispanistas, elevaba a la Real Academia de la Lengua esta modesta súplica: «Si tuviéramos personalidad para ello, pediríamos a la Real Academia que adoptara estas dos acepciones de la palabra 'Hispanidad' que no figuran en su Diccionario.»

En efecto: en la decimaquinta edición del Diccionario de la Academia, publicada en 1925, seguía presentando la palabra «Hispanidad» como anticuada, con el sentido gramatical de siempre, en esta forma: «Hispanidad, f., ant. Hispanismo.»

Hubo que esperar a la decimasexta edición, divulgada oficialmente en 1939, para encontrar una nueva definición oficial de esta palabra que supone un progreso en la materia, aunque no nos parece todavía suficiente clara ni completa. Dice así: «Hispanidad, f. Carácter genérico de todos los pueblos de lengua y cultura española. 2. ant. Hispanismo.»

Esperamos que el progreso iniciado se completará en sucesivas ediciones del Diccionario oficial.

Impropiedad e inconvenientes de la denominación «Día de la Raza»

Absolutamente hablando, puede darse explicación satisfactoria a la denominación Día de la Raza tomando esta palabra en un sentido metafórico, equivalente a «tipo moral» cualquiera que sea la raza fisiológica a que pertenezcan los que lo comparten.

Pero como no se puede andar explicando continuamente a todo el mundo la significación impropia y translaticia del vocablo, asociamos instintivamente a la palabra su sentido fisiológico, y nos suena como cosa absurda hablar de «nuestra raza» a un conglomerado de pueblos integrados por individuos de muy diversas razas, desde las blancas de los europeos y criollos hasta las negras puras, pasando por los amarillos de Filipinas y los mestizos de todas las naciones hispánicas. En realidad, ni siquiera los habitantes de la Península Ibérica pertenecen a una sola raza. Desde los tiempos prehistóricos viven en España pueblos dolicocéfalos, braquicéfalos y mesocéfalos de las más diversas procedencias, que los historiadores no han sido capaces de fijar. A la variedad de las razas prehistóricas se añadió luego la mezcla de fenicios, cartagineses, griegos, romanos, godos, suevos, árabes, &c., &c... que ha hecho cada vez más absurda la pretensión de catalogar racialmente a los mismos españoles peninsulares. Son, pues, inevitables las sonrisas cuando se habla de «nuestra raza» ante un auditorio de blancos, negros y amarillos y aceitunados, sobre todo si no es blanco el orador.

Por otra parte, tiene algo de matiz peyorativo para las demás razas del mundo el que nuestra supuesta «raza» no se llame «esta» o «aquella» raza determinada, sino precisamente LA RAZA por antonomasia.

No es necesario insistir más para ver las razones que me movieron a escribir que me parecía «poco feliz y algo impropio» el nombre puesto originariamente al Día de la Raza. Lo he podido comprobar experimentalmente en varias partes de América durante mi estadía de veinticinco años en ella.

Ventajas de la denominación «Fiesta de la Hispanidad»

El concepto de la «Hispanidad» no incluye ninguna nota racial que pueda señalar diferencias poco agradables entre los diversos elementos que integran a las naciones hispánicas. Es un nombre de «familia», de una gran familia de veinte naciones hermanas, que constituyen una «unidad» superior a la sangre, al color y a la raza de la misma manera que la 'Cristiandad' expresa la unidad de la familia cristiana, formada por hombres y naciones de todas las razas, y la 'Humanidad' abarca sin distinción a todos los hombres de todas las razas, como miembros de una sola familia humana. Es una denominación que a todos honra y a nadie humilla.

Todas las naciones hispánicas han heredado un patrimonio común, transmitido por antepasados comunes, aunque luego cada una de ellas haya aumentado su herencia con nuevos bienes y nuevas glorias, que constituyen el patrimonio intangible y soberano de cada una de ellas. Pero así como en las varias familias procedentes de un tronco ilustre la existencia de distintos patrimonios privados no impide el amor y culto de las glorias que abrillantan la común prosapia, así también en las naciones, sin menoscabo de las glorias privativas de cada una, cabe el amor y culto del patrimonio común, sobre todo cuando es necesaria la colaboración de todos los herederos para conservarlo y defenderlo.

La denominación «Fiesta de la Hispanidad» presenta a todos los pueblos hispánicos este aspecto agradable y simpático de nuestra gran familia de naciones y constituye una invitación para el estudio y cultivo del patrimonio común, que a todos enorgullece y a todos aprovecha.

Cómo sienten la «Hispanidad» aun aquellos que no sienten la «Raza»

El día 13 de octubre de 1935 se inauguró en Buenos Aires la estatua del Cid Campeador, levantada en el centro geográfico de la ciudad, en presencia del señor Presidente de la Nación, del señor embajador de España y de otras altas representaciones. Pronunciaron los obligados discursos oficiales dos oradores que no llevaban apellidos de origen español ni podían sentir el ideal de la Raza, pero que supieron sentir y proclamar el ideal de la Hispanidad.

El historiador argentino Dr. Ricardo Levene, al explicar la significación de la presencia del Cid en América la encontró en el concepto espiritual de la «hispanidad», que es común a todos los hispánicos, aunque no hayan heredado sangre española. «El pueblo del Cid –dijo–, como entidad ética, fue el creador de una actitud acerca de la fidelidad, acerca de la defensa del desvalido, la dignidad del caballero y el honor del hombre; no sólo el honor exterior, diré así, que nace obligadamente en las relaciones con los demás, sino el honor íntimo o profundo, que tiene por juez supremo a la conciencia individual. Del Cid en adelante, los héroes españoles e hispanoamericanos son de su noble linaje. Es que en América transvasó la desbordante vitalidad de la Edad Medía española, corriéndose impetuosamente por el tronco y las ramas la savia de la raíz histórica... La hispanidad no fue nunca la concepción de la raza única e invariable, ni en la Península ni en América, sino, por el contrario, la mezcla de razas de los pueblos diversos que golpeaban en oleadas sobre el depósito subhistórico. La hispanidad ha dejado de ser el mito del imperio geográfico... La hispanidad no es forma que cambia, ni materia que muere, sino espíritu que renace, y es valor de eternidad: mundo moral que aumenta de volumen y se extiende con las edades, sector del universo en que sus hombres se sienten unidos por el lado del idioma y de la historia, que es el pasado. Y aspiran a ser solidarios en los ideales comunes a realizar, que es el porvenir.» (El Diario Español, Buenos Aires, 14 de octubre de 1935, página 2.)

Después de este discurso, que tuve el gusto de escuchar al pie de la estatua del Cid, fue recibida ésta oficialmente, en nombre del Municipio de Buenos Aires, por el doctor Amílcar Razori, que con breves y sentidas palabras entregó «para la contemplación artística y enseñanza moral de los habitantes la figura legendaria del Cid Campeador, hijo de nuestra dilecta España, duro, recio e indómito como las llanuras de Castilla que le vieron nacer, bravío guerrero de las gestas más mentadas al través de los siglos en los campos de batalla y docto en las Cortes ciudadanas, defensor del débil, paladín de la honra, libertador de pueblos, sostén del derecho y de la justicia, paradigma y síntesis, en fin, de las nobles, de las grandes, de las profundamente humanas virtudes españolas.» (El Diario Español, página citada).

Misión ecuménica de la Hispanidad en todas las razas del mundo futuro

Este mundo nuestro que se derrumba, víctima de luchas raciales y apetitos materialistas, buscará un refugio de paz y fraternidad en las veinte naciones católicas de la Hispanidad, salvadas casi íntegramente del incendio de la guerra y relativamente inmunizadas contra las más peligrosas reacciones de la posguerra.

La Hispanidad Católica tiene que prepararse para su futura misión de abnegada nodriza y caritativa samaritana de los infelices de todas las razas que se arrojarán a sus brazos generosos. La Providencia le depara a corto plazo enormes posibilidades para extender en gran escala su acción evangelizadora a todos los pueblos del orbe, poniendo una vez más a prueba su vocación católica y su misión histórica de brazo derecho de la Cristiandad.

Por eso es necesario estrechar cada vez más los lazos de hermandad y colaboración entre los grupos más selectos de la Hispanidad Católica, prescindiendo de razas y colores mudables, para afianzar más las esencias inmutables del espíritu hispánico.

Conclusión

Creemos que estas líneas contribuirán a esclarecer más el origen del nombre, concepto y fiesta de la Hispanidad, y a justificar el empleo cada vez más universal de la denominación «Fiesta de la Hispanidad» en sustitución de la anterior, menos expresiva y simpática, de «Día de la Raza».

Mons. Zacarías de Vizcarra

lunes, 4 de octubre de 2010

EL "CARLISMO" EN "INTERECONOMÍA TV"


Cada domingo por la noche es, para mí, una cita con el recuerdo gracias al trabajo más que bien desempeñado por el equipo del programa “España en la memoria”. Unas veces mejor, otras peor; unas con mayor objetividad y otras con menor; unas veces interesándome y otras veces, simplemente por ver de que va; pero siempre con un saber hacer excelente.

Ayer con entusiasmo mayor que el habitual acudí corriendo, después de asistir a la Santa Misa dominical, a mi cita semanal con “el hombre de los recuerdos”; a ver a una intima amiga de la familia, a un admirado Requeté y a ese “cuenta-cuentos” que llega al corazón de la juventud de una desecha Patria; bien sea la Patria grande como la chica. Pero mi sensación tras el programa fue muy agridulce. En otras palabras, esta cadena, el programa, me decepcionaron.

Bien podía haberse llamado el programa: “Requeté”, “El requeté y Margaritas” “del requeté a la traición y la transición” o simplemente “Requetés; Entre el frente y la retaguardia”; pero jamás hubo de llamarse “El carlismo”.

Resultó ser el programa, para quienes hemos leído los libros del tertuliano Pablo Larraz, un mero y escueto recorrido por sus dos libros. Siendo muy buenos trabajos ambos, el programa de anoche no fue más que la puesta en escena de los testimonios del primer libro, y algo semejante del segundo más toda la batería de fotografías de estos y las impresionantes imágenes ofrecidas por el Señor Arteseros.

Por ello no se puede decir que lo sesgado del mensaje del programa de ayer sea Carlismo. ¡Carlismo es muchísimo más que eso! Carlismo no solo es o son los voluntarios del requeté y las margaritas de después de los sucesos de Asturias y la Cruzada de Liberación Nacional, sino que son los regentes ninguneados, los que los apoyaron, los que les siguieron, los que dejaron todo lo que tenían por la justa causa de Dios y la legitimidad; las mujeres que en cuatro guerras entregaron a maridos e hijos, mujeres viudas, niños huérfanos, patriotas desterrados por el afán desordenado de poder de los liberales durante casi dos siglos. Pero aun así el carlismo tampoco es eso. El carlismo no es únicamente ponerse una boina o cantar el Oriamendi, es una forma de vivir, es una filosofía de vida… Los Reyes Católicos podrían haber sido Carlistas, Felipe II podría haberlo sido de igual manera que también lo pudo ser Don Juan de Austria; porque el carlismo no es más que el Tradicionalismo encarnado en la figura del legitimo heredero Carlos V y su digna y Regia descendencia, en la lucha contra la tiranía del liberalismo y de quienes se profesan enemigos de la Iglesia; en definitiva, ¡la defensa de Dios como ideal máximo y principio fundamental!

Por eso, lo encarnado en los interesantísimos tertulianos Don José Álvarez Limia y Doña Rosari Jaurrieta Baleztena, el puro espíritu con el que testimoniaron, quedo a la sombra ante lo patético y triste del final del programa.

Bien haría Doña Rosari en apuntar que no se habló de Don Antonio Molle lazo. Pero tampoco se hablo del requeté en conjunto, como organización de preguerra y postguerra; tan solo unos destellos, en forma de apuntes por don Benito Tamayo y los cortos en los que se recogía el testimonio del abogado hispalense D. José Luis de la Torre, alumbraron algo de lo que este movimiento supuso; mucho menos entonces se hablo de Carlismo.

Dice siempre el Señor Arteseros que las partes empiezan siendo interesantes llegando a serlo mucho más, aun, conforme se van superando los cortes publicitarios, llegando al sumum en el tramo final. Pues bien señor Arteseros, no fue, ni muchísimo menos, ayer, de esa manera.

Después de una muy interesante y emotiva primera parte, pasamos a una segunda, donde se abundo en testimonio y en documentos, hubo una tercera de transición, llegando finalmente a una cuarta parte LAMENTABLE; si, digo bien; ¡LAMENTABLE! Y no me mal interpreten, ya que no me permitiría escribir esto sin haberlo valorado primero con mis admirados amigos nonagenarios, empezando por mi abuelo y demás excombatientes de la 1ª División de Navarra, con los que tengo ocasión de comer todos los años.

Como decía, el mensaje emitido, dejó mucho que desear por varios motivos. Desglosando el todo de este tramo de programa, señalaré lo patético, escueto y sesgado del mensaje; aunque no sé si se puede llamar de esta manera, porque a estas alturas a un no alcanzo a discernir si lo que tuve ocasión de ver ayer, fue mensaje o simple publicidad del libro de D. Pablo Larraz y Don Victor Sierra-Sesumaga.

Fue Don Benito Tamayo, oportuno; y Don pablo Larraz escueto en palabras; Don Luis Hernando de Larramendi, mero espectador y Don José Álvarez Limía y Doña Rosari Jaurrieta Baleztena, verdaderos protagonistas. Pero Don victor Sierra Sesumaga… Casi mejor que se hubiese quedado usted en casa caballero. Y es que, el ser coautor de un libro no le da a uno, por mucho afán que tenga, titulo alguno para hacer las valoraciones que este señor se permitió hacer, ayer noche.

Comenzó mi descontento cuando esta persona, en el marco general del que se hablaba, el Carlismo, se permitió el lujo de afirmar, más que de forma categórica, que dicho “movimiento” terminaba con su generación, que era algo triste pero que así era…

Pues bien muy señor mío y con todos mis respetos: ¿y las generaciones venideras, qué? ¡Está usted muy equivocado, caballero! Es más, me permitiría afirmar que usted no tiene ni idea de Carlismo por muchos libros que pueda llegar a escribir.

Como decía arriba, el tradicionalismo es intemporal y por lo tanto desde que este se plasma en la línea legitimista de Don Carlos, también lo es; ¡Mal que le pese a alguno! Además, ¿Quién es usted para impedirnos, a los jóvenes, a los nietos, bisnietos, e incluso algún hijo; desarrollar nuestra forma de vida? ¡Que usted no la siga como debiera, no quiere decir que deje de haber gente que sí que lo haga; que la hay!

Pero bueno el programa continuaba: imágenes de Pamplona y MonteJurra; parecía que se iba a arreglar el “lapsus”, cuando dicho caballero, se permitió soltar otra afirmación rotunda y muy, muy seria a mi parecer, como si de lastre se tratase. Y dígame usted, D.Victor ¿Quiénes somos para comparar los sucesos del año 76 con un atentado terrorista como el de Begoña?

Sin entrar en que ocurrió o dejo de ocurrir en dicho acto del Santuario de Nuestra Señora de Begoña, si le diré, de nuevo caballero, que si algo he “mamado” y bien además, de las enseñanzas de mi abuelo, es que: ¡¡¡El Carlismo, ¡Jamás! De manera absolutamente rotunda, fue terrorista!!!

Independientemente de a que rama del carlismo pertenezca usted, no sé cómo puede afirmar, tan a la ligera, y más en televisión, lo que afirmó; máxime cuando se conoce de primerísima mano la intervención en dicho acto de los servicios de inteligencia nacionales, ministros del gobierno e influencia de grupos paramilitares tanto italianos como argentinos; como maniobra del mencionado gobierno de transición para quitarse de en medio a una fuerza tal como el Carlismo.

Y no contento con estos desafortunados comentarios, porque deslices desde luego no fueron, se permitió usted el comentario, cínico y en absoluto consecuente con la postura que mostro a lo largo del programa, de que el “oriamendi” tenía que escucharlo de pie… Pues mire caballero si usted tiene que escucharlo de pie, yo lo haré sentado.

En definitiva se mostró eso, un carlismo de transición, no un requeté, no un sentido del carlismo, no una filosofía ni origen del carlismo, sino un carlismo aparentemente mermado que algunos quieren. Pero desde luego, eso no es Carlismo, de la misma manera que no lo es la “regencia nacional de Estella (RENACE)”, ni lo es la “patraña autogestionaria y socialista” que los “huguistas” venden.

¡Más valdría ser hoy en día como el viejo capitán de Pueyo y no predicar un Carlismo como el que se vio ayer noche en la mesa de los “desentendidos”!

Carlismo está bien claro lo que es: DIOS – PATRIA - REY ; ¿Un trilema permanente! Y creo que es bien claro lo que supone.

Dios - Uno y Trino.

Patria – España, destino de unidad indivisible.

Rey legitimo.


Si alguna de estas faltase, podrá llamarse como se quiera llamar, pero jamás, Carlismo.

Con tristeza y resignación de que se muestren las cosas como se muestran, y se cuente la historia como se cuenta; con un Viva Cristo Rey, un Viva España y un Viva el Rey Legítimo, me despido.

José-Ángel de Zubiaur y Mayans

Carlista y nieto de sendos abuelos requetés del
18 de julio y abuela y tías-abuelas Margaritas
Tomado del Blog Sanguis Martyrum

viernes, 1 de octubre de 2010

CARTA AL CAUDILLO


Mi General:

Muy pronto se van a cumplir los XXV años de su partida hacia la verdadera Patria. El Creador lo llamó a su lado el 20 de noviembre de 1975, treinta y nueva años después de que los generales alzados contra el crimen organizado en democracia republicana y partitocrática. lo eligieran Generalísimo de los Ejércitos nacionales para conducirlos a la Victoria. Veintisiete meses después, el triunfo era una realidad y España se veía libre de todo tipo de mafias. En primer lugar de la Supermafia mundialista, madre de todas las mafias(“¡el Poder Supremo sin rostro!”) y, al mismo tiempo, de sus hijas:

la mafia masónica
la mafia marxista
la mafia liberal capitalista
la mafia separatista.


No pretendo amargarle el paraíso pues, aparte de conocer por la fe que en el Cielo no hay sufrimiento posible, tiene usted la ventaja de conocer el desenlace final: la victoria última, total y absoluta de Cristo sobre todos sus enemigos (que son los enemigos de España).

Mi carta es un desahogo, un estímulo y un modo de ahorrarme la tentación del desaliento y de trasmitir a mis lectores la esperanza cierta en el triunfo final, mientras contemplamos inermes la desintegración, aparentemente imparable, de España y de los valores que la hicieron grande. Sin la cual sería descorazonador revisar los últimos veinticinco años de la vida nacional.

La Historia auténtica (la verdadera y real, no la “virtual” que nos venden hoy) recordará siempre el espectáculo impresionante de un pueblo leal a su Caudillo, ofreciendo al Mundo un testimonio nunca visto anteriormente, de adhesión y gratitud. La práctica totalidad del pueblo español (exceptuadas unas minorías muy concretas de “reprimidos” que no contaban, ni significaban nada) lloró su partida. Desgraciadamente, al dejarnos usted, se les abrieron las puertas a los vencidos y, desde ese momento, todo empezó a “cambiar” en la nación que usted dejó renacida y rehecha tras siglos de gobiernos nefastos y de borbonismo.

Cuando en el espejo de la divinidad pudo ver usted, con claridad meridiana, sus propios errores (que como humano los tuvo) habrá comprendido lo caro que nos está saliendo el peor de sus fallos (en el que incurrió sin pretenderlo, animado de los mejores deseos por el bien de España): la trágica equivocación de

haber creído que un Borbón podía cambiar de naturaleza y ser leal a la Monarquía Tradicional, esa que –por su exclusiva iniciativa—se reinstauraba como coronación de la Victoria del pueblo alzado en armas contra “la República del crimen” (denominación plagiada, título de un libro)

Cerró usted su ciclo vital sobre este valle de lágrimas, con un testamento admirable que no me canso de releer. En él queda retratada su personalidad y en él se halla la clave del porqué pudo usted convertir aquella piltrafa de nación que era España en 1936, en la patria próspera que nos dejó en 1975. Sin doblar la rodilla ante nadie, supo hacerse respetar por todas las naciones, incluidas las que tiene como meta borrarnos de la faz de la tierra (Inglaterra, por ejemplo).

Usted, ¡Caudillo!, creía en Dios y no lo ocultaba, ni se avergonzaba de demostrarlo impulsando una legislación cristiana y, así, pudo decirnos --¡sin mentir!--:

“Quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir”

Y, Cristo, fiel a su promesa de “confesar delante de su Padre” a quien no se avergonzase de “confesarle delante de los hombres” le habrá recompensado con creces su proceder.

Desde la adolescencia dedicó todas sus energías, tiempo y ambición a servir a la Patria que los politicastros habían hundido en el desprestigio y llevado al desastre del 98. En el silencio, en la oración –en la adoración nocturna, huyendo de la vida libertina—en el estudio, en la responsabilidad, en la información, en la organización del trabajo de sus soldados en África... y en el valor probado en los frentes de batalla (que le llevaron al generalato con 34 años y a ser en plena juventud el militar de más prestigio) se fue preparando para coronar con éxito “la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre”.

Confiando usted, ¡mi general!, en que sus colaboradores eran de su mismo paño, decía adiós a la vida satisfecho y esperanzado de que la Patria no volvería a retroceder, ni a caer en las garras de quienes la odian a muerte. Jamás hubiera sospechado usted que había criado buitres carroñeros, negros cuervos, que esperaban verle cerrar los ojos para revenderla.

No es que usted no conociera el percal: ¡los había vencido, precisamente, porque los conocía bien! (y se había mantenido en el poder cumpliendo su promesa de completar la derrota total de las ratas que durante siglos habían roído las entrañas de la Patria)... y nos advertía del posible peligro que usted creía lejano:

“¡No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta!”

Pues bien, ¡mi General!, aquellos que usted había elegido para perfeccionar su Obra y continuar por el camino emprendido hacia la verdadera prosperidad, conspiraban, traicionaban y vendían su alma a Satanás mientras usted quemaba sus últimas energías en servicio de España.

Luego la cobardía vergonzante se convirtió en cinismo y alardearon de su traición como su mayor mérito a la hora de mendigar legitimidad democrática.

La Supermafia (que yo llamo, desde hace años, “el Poder Supremo sin rostro”) tras ponerles el pie en el cuello y obligarles a morder el polvo, les ordenó abrir todas las puertas, demoler todas las defensas, desmontar toda la industria básica y convertir a España en un zoco de “siervos baratos” (“nación de servicios” lo llaman ellos) y en refugio de los maleantes todos del orbe (traficantes de droga, de armas, terroristas y demás cofrades del hampa) resumiendo: ¡en la “cloaca de Occidente”!. Y, sobre todo exigió impunidad para los asesinos de ETA y garantía de que los nacionalismos tendrían libertad absoluta para destruir la nación que más odia. Las mil víctimas (¡que seguirán aumentando!) la chulería de Arzallus y Pujol y la de todos los “ayotolás” que van surgiendo en el resto de las regiones, son la “burla sangrante” de cada día.

Como premio a su vileza, sumisión, abyección y bajeza concedió a esos políticos (antes “pacifistas y antimilitaristas”) el triste privilegio de enviar a los jóvenes españoles a morir en defensa de los intereses del capital angloamericano (¡para más INRI especialmente judío); no por la Patria el honor o en beneficio de España.

Han fulminado al Ejército vencedor (que usted mandó como Generalísimo) y gracias al cual, hoy, es rey de España un Borbón y, en su lugar, se han sacado de la manga un ejército profesional cuya misión será colaborar en la eliminación de las naciones y el advenimiento del Gobierno Mundial, al servicio del Poder Supremo sin rostro; pero que puede estar seguro, ¡mi General!, de que ¡jamás servirá para defender a España ni su unidad indisoluble!

Mientras tanto “él” se ríe a mandíbula batiente de la inepcia de nuestros gobernantes (que se creen el ombligo de la política mundial) haciendo de marionetas suyas en las diversas organizaciones a su servicio.

Sus “herederos políticos” lucieron, ¡eso sí!, las credenciales que les permitía presentarse como “continuadores de la obra de Franco” para beneficiarse del crédito que esto suponía en esos momentos y sin el cual nunca el pueblo español hubiera digerido su juego sucio; pero, de inmediato, olvidaron sus juramentos y se empeñaron a fondo en el vil oficio de traidores perjuros. Ahora, en el colmo de cinismo, van a conmemorar por todo lo alto los “XXV Años de la Traición y el Perjurio” (con otro título, por supuesto).

De sus consejos, se mofaron. Lejos de mantener la unidad y la paz que usted nos trajo y cuando ya nos habíamos olvidado por completo de la que ellos llaman la “Guerra incivil”, se pusieron de inmediato a desenterrar muertos y a hurgar en las heridas cicatrizadas. Y los hijos de los vencedores creyeron que, para medrar, el camino más rápido era hacer el juego a los derrotados, convertidos en vencedores a la sombra de la Supermafia, ésa que no pudo levantar cabeza en vida de usted. Y, olvidando que “los enemigos de España y la civilización están alerta” y de tomar las medidas oportunas, se pasaron con armas y bagajes al campo contrario.

E, igualmente, lejos de “poner a un lado toda mira personal frente a los intereses de la Patria” convirtieron a España en una “olla podrida” donde se han cocinado todas las corrupciones. Ninguno de cuantos han accedido al poder han pensado para nada en España, ocupados únicamente en medrar y acaparar poltronas para ellos y sus partidarios, mercando con todo lo vendible, despilfarrando el patrimonio nacional (material, espiritual, económico, industrial,...) en esa lonja de contratación y expolio “legalizado” en que se transformó España al irse usted, (con la aquiescencia de todas las Instituciones) en provecho propio o en regalos y prebendas para sus amigos o sus “amos”.

Por otra parte, ¡hablar de justicia social y cultura... es llorar! Hasta los teóricamente enemigos del Régimen anterior (según la versión progresista) es decir, los obreros, se cansan de proclamar que “con Franco estaban mejor protegidos”. Porque el obrero es hoy “un simple objeto, menos que una máquina”, pues al eliminar de las leyes el sentido cristiano, lo único que cuenta es el dinero y la rentabilidad. El obrero español solo tiene precio como máquina. El hombre que hay en él ya no cuenta. Y, en cuanto a cultura, aparte de haber reducido a mínimos los niveles de la educación básica, media y universitaria –¡niveles de risa!—hemos cambiado de órbita. De la cultura nacida y apoyada en las facultades superiores del alma y, en especial, la inteligencia, hemos pasado a la que se fundamenta en los genitales. El español ha tirado por la borda su cultura milenaria, impregnada de herencias grecorromanas y de esencias cristianas para suplirla con la obsesión del sexo, el erotismo, las aberraciones marginales, la literatura de cloaca y albañal, el cine de lo mismo y los “tertulianos” (¡pozos de saber monocolor, adoradores de la democracia y pontífices de la memez!)

Pero donde han batido el récord del menosprecio a sus consejos y de la traición a lo jurado es en lo referente a “mantener la unidad de las tierras de España”. Desde el primer momento se aplicaron a seguir fielmente las consignas de las logias para poner en la Constitución la bomba de relojería que permitiere dinamitar esa unidad en el momento oportuno, utilizando para ello “la rica multiplicidad de sus regiones”. En vez de perfeccionar los diversos órganos del cuerpo de España, (atendiendo su sabio consejo dándole mayor vitalidad al que rescató de la agonía, se han dedicado a degollarlo y trocearlo para dejarlo desangrar y que su nombre desaparezca de la faz de la tierra. Acatando (todos los partidos sin excepción) la orden recibida de sus amos “exteriores” a través de las terminales del Poder Supremo sin rostro. (¡la misma para todos!), y perfectamente expresada por cierto personajillo... y conocida de todos: que cuanto antes, España “no sea reconocida ¡ni por la madre que la parió!”

Y, ciertamente lo han logrado. La España de hoy no tiene nada en común con la que usted nos legó. “Ya, ¡no es una, ni es grande, ni es libre!”

“¡Quisiera en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España...!

¡Mi General!, esta es una frase sin sentido para el español de hoy. Prohibido, además, por la letra y el espíritu de la Constitución y, (¡mucho peor aun!) desaprobado por la Iglesia postconciliar como ¡gravemente incordiante para la libertad religiosa y el ecumenismo!, pero que nos llena el alma de fuerza e ilusión y, por lo tanto, la España auténtica se lo agradecerá siempre.

Usted se fue al Cielo a tiempo, en el momento justo. Hoy, a nadie le interesa “unir los nombres de Dios y de España”, salvo a una minoría sabedora que “¡de Dios no se burla nadie!”, importando poco si es rey, presidente del Tribunal Supremo, de cualquier otro Alto Tribunal; jefe de Gobierno, presidente de Endesa o del Banco Santander. Y en la certeza de que, aunque la nueva Reconquista dure ocho siglos, la “toma de Granada” es segura y Boabdil “¡volverá a llorar!...” mientras entrega las llaves a Isabel de Castilla, Reina de España.

Este español de a pie se despide de usted y le saluda, brazo en alto, con un

¡Arriba España!

Gil de la Pisa Antolín
Resurge Hispania

lunes, 27 de septiembre de 2010

HIMNO DEL ASEDIO DEL ALCÁZAR TOLEDANO

En el 74 aniversario de la liberación del Alcázar toledano rendimos homenaje a los defensores heroicos de la fortalezar con el recuerdo, primero, y el anhelo, después, de seguir por siempre su ejemplo de lealtad.

Cantemos del Alcázar las glorias de la raza.
Cantemos con orgullo sus rasgos de valor,
a fin de que resurja grandiosa nuestra España
con plétora de vida y esplendida de honor.
Luchemos con denuedo
y llenos de vigor,
rompamos el asedio
con ímpetu y ardor.
¡Heroicos militares! ¡Intrépidos paisanos!
Templemos los aceros al rudo pelear.
Juremos no rendirnos, diciendo a los tiranos,
nosotros a la Patria tenemos que salvar.
Traidores y farsantes
que negáis la Religión y albergan vuestros pechos
el rencor y la pasión;
no olvidéis que en la contienda
se decide el porvenir,
y por eso lucharemos ya dispuestos a morir.
Esas bombas y granadas
que nos tiran sin cesar, nunca pueden abatirnos,
ni tampoco amedrentar.
La victoria está cerca
y precisa combatir,
demostrando a los rufianes
que podemos resistir.
¡Valerosos defensores del Alcázar!
¡¡VIVA ESPAÑA!!

martes, 7 de septiembre de 2010

OTRA VEZ LOS MILITARES

Hace algún tiempo corrió por Internet un escrito firmado por Julio Shöen Geary que tuvo una gran difusión, incluso fuera de España. En él meditaba el autor sobre la actitud extraña y sumisa de un Ejército heredero (no había habido rotura alguna) de aquel que se denominó Ejército Nacional. Ha pasado algún tiempo, un par de años, y no podemos decir que todo sigue igual porque todo ha empeorado. Lo que sí podemos decir es que este Ejército, sea el que sea, es irreconocible.

El sistema político, que se autodenomina “de libertades”, controla perfectamente la prensa, de forma que las quejas, los duros comentarios, la auténtica desazón, por no decir el simple y castellano cabreo, en eso que se llama la gran familia militar, quedan matizados o ensordecidos por discursos, revistas, ceremonias, desfiles o desfilitos. Pero ahí está Internet, sin barreras ni controles (por ahora) donde el profundo y hasta desesperado malestar de esa familia militar es una olla que empieza a estar a una presión, todavía controlada, pero que el tiempo dirá cuánto durará ese “control”. Presión desde abajo, porque los mandos que van accediendo a puestos de responsabilidad, elegidos a dedo por aquellos que saben a quien han de nombrar, nada harán que pueda hacer peligrar su puesto o cargo.

Hay un nada despreciable número de generales y almirantes en la reserva que escriben sobre temas muy importantes y cultos, hasta filosóficos, sobre la disciplina, el honor, el compañerismo, la lealtad…., todo en niveles de cátedra, pero con los pies elevados del suelo un par de palmos, levitando. No pisan la tierra que tiembla. Estos generales en la reserva, a los que hemos admirado como profesionales ejemplares, mantienen hoy un prudente silencio, cuando no una actitud dolida pero disciplinada, ante las humillaciones, los desprecios y las más brutales ofensas a un Ejército al que ellos han pertenecido y, nos imaginamos, pertenecen todavía. Y soportan estoicamente las ofensas a una Bandera cuyo escudo ha presidido las Salas de Banderas de sus Regimientos o sus navíos o ha cubierto los féretros de sus compañeros asesinados. Y cuando un general se atreve un día a decir algo que es el pensamiento común de todos sus compañeros, y que no sólo es lógico y aplastantemente razonable, sino “constitucional”, al ser sancionado por el rencor institucionalizado, ningún compañero en los niveles del generalato es capaz de salir a la palestra y decir: “tiene razón y yo suscribo lo que él ha dicho”. Nadie. Pero no nos engañemos, si es otro militar de grado inferior el sancionado, que también quiso mostrar su crítica opinión de forma dura pero razonable, encontrará a su alrededor un desolador vacío al que le someten sus compañeros en activo. ¿Qué es lo que está pasando?

Se echa sobre los estrechos hombros del presidente Rodríguez Zapatero la responsabilidad de esta campaña que ha desembocado en la miserable Ley de “Memoria Histórica”, pero es algo que viene de lejos, de muy lejos, prácticamente desde el día en que Franco fue enterrado en el Valle de los Caídos. Desde entonces, este Ejército ha ido retrocediendo, actitud que no ha dejado de hacer desde hace treinta y cinco años.

Muchos años de retirada y derrota. Ante la falacia de una legalidad vigente basada en el rencor, el odio y la venganza, se han admitido las mayores humillaciones, cuando no auténticas vilezas. Primaba la idea de que permitiendo ciertas cosas, aquellos se contentarían y algo se podría salvar. Una práctica guerrera que conduce gloriosamente al desastre.

Pero también se ha tratado, desde los propios mandos del Ejército de justificar ciertas actitudes de los que detentan el poder. Basta un ejemplo. Recordamos a un general, compañero de promoción, que delante de las cadetes de la Academia General de Zaragoza, formados ante nosotros los veteranos, después de su arenga en la que citaba el “Decálogo del cadete”, le hicimos ver nuestra extrañeza al no hacer mención a que este Decálogo fue redactado por Franco, siendo General Director de esa Academia. Nos respondió que Franco ya era para los cadetes un personaje tan lejano como Cisneros. Borrar a Franco de nuestra propia Historia era asumido por parte de nuestros mandos como algo normal.

Si los generales, hoy en la cúpula y en otros destinos y cargos importantes, leyeran u oyeran todo lo que se comenta de ellos por Internet o en tertulias y peñas, empezarían a meditar sobre el peligroso suelo que pisamos, porque un Ejército sin moral, sin objetivos definidos y claros y, sobre todo, dividido, es una máquina inservible.

Todos sabemos que el Ejército ha de estar sometido al poder, llamemos constitucional, otros prefieren llamarle poder civil, pero este “Poder” no es el de la secta política, es decir, que en el caso del Ejército, las disposiciones que le afecten de forma radical no puede ser el resultado de una actitud de secta política, que hoy dicta esto y mañana otra secta lo modifica, hasta que la anterior, si recupera el poder, vuelve a las andadas en un miserable ping-pong entre partidos, utilizando a una institución de las dimensiones y categoría del Ejército, como simple carta de baraja en un juego de tahures y rufianes.

Hemos llegado a un punto de difícil retorno. Una partida de ganapanes de la política quieren humillar, poner de rodillas a toda una institución. Ahí está el caso sangrante (sólo un ejemplo más) de que dos ministras, de rara catadura moral, sean las que, siguiendo la órdenes de su señor natural el presidente Rodríguez Zapatero, deciden eliminar una estatua del comandante Franco de un acuartelamiento de la Legión en Melilla. La ministra de la llamada, cualquiera sabe por qué, Cultura, y cuyo nombre hemos tenido que buscar en Internet, ha dictaminado que esa estatua, ni por su valor artístico ni por el histórico, debe permanecer en ese Acuartelamiento. ¿Quién se ha alzado desde sus cargos en la cúpula militar contra esa estúpida infamia? Nadie. Y aquellas publicaciones militares, oficiales y para-oficiales siguen publicando anagramas, diagramas, estudios estratégicos para el futuro del Cono Sur, o sobre la uniformidad deseable, pero silencian estos hechos. Mientras que en otras publicaciones que se interesan por lo militar, en cuanto se tocan estos temas, los foros que provocan arden por los cuatro costados. Porque muchos militares activos o retirados, pese a la aplastante y continua labor de la rencorosa política de unos y de la cobardía de otros, conservan eso que llaman dignidad.

El cierre del Museo Militar de Montjuich, ante la sumisión, cuando no cobardía, de las instituciones militares; el canibalismo rencoroso que ha primado en el nuevo Museo Militar en el Alcázar de Toledo; la retirada de placas en calles, cuarteles o centros militares de aquellos que las RROO denominan héroes y que forman parte de una Historia y tradiciones que al parecer hay que conservar; la aceptación, otra vez sumisa, del abyecto travestismo en el Ejército; el convertir a las Residencia Militares en baratos “meubles”…; toda esa basura va convirtiendo a una institución cargada de gloria en un fantoche de caseta del pim-pam-pum.

Todavía no hemos llegado ahí, pero no pasará mucho tiempo para que, entre rencorosos y cobardes, consigan que los símbolos tradicionales del Ejército desaparezcan, y que sus referentes heroicos sean Durruti (ya se expone algo suyo en un museo militar valenciano), el Lister, el Campesino o que André Martí sea considerado un genio militar al organizar las Brigadas Internacionales, cipayos de la URSS cuyo nombre pronto ostentará, con toda seguridad, algún acuartelamiento del “nuevo” Ejército.

Y así ¿hasta cuándo? ¿Es que queda algo por demoler? Cuando al fin alguien se alce para impedir la desaparición de un Ejército cargado de Historia, se encentrará que no hay nada que salvar, porque ya no existe.

Jesús Flores Thies

miércoles, 25 de agosto de 2010

LEYENDAS NEGRAS DE AYER Y HOY


Cuando se aborda la historia de la Iglesia católica, tarde o temprano nos encontraremos con el fenómeno historiográfico que se ha dado en llamar leyenda negra. Ésta consiste en una labor de propaganda, de desinformación, que, a través de la presentación tendenciosa de los hechos históricos, bajo la apariencia de objetividad y de rigor histórico o científico, procura crear una opinión pública, bien anticlerical, bien anticatólica. Por eso se aparta de lo que podría aceptarse como una simple crítica, una denuncia honesta y rigurosa de los errores cometidos por los miembros de la Iglesia, dando en cambio una imagen voluntariamente distorsionada del pasado de la Iglesia, para convertirla en una descalificación global de una misión milenaria, tanto antes como, sobre todo, en la actualidad.

La leyenda negra de la Iglesia no es un asunto baladí que deba ser objeto de preocupación sólo para los historiadores. Lo cierto es que todos los católicos nos jugamos mucho en la lucha contra sus manipulaciones. Y es que la descalificación global de esta institución religiosa a largo de toda su historia compromete seriamente ante la opinión pública su legitimidad social y moral de cara al futuro. Un fenómeno reciente como la polvareda social levantada por la novela El Código Da Vinci resulta ser un magnífico ejemplo del peligro que la manipulación de la historia de la Iglesia entraña para su acción pastoral actual.

Los ataques, desde antiguo

En realidad, los ataques demagógicos y panfletarios contra el pasado y el presente de la Iglesia datan de muy antiguo. En efecto, podemos encontrar diatribas furibundas contra el cristianismo católico por parte de autores paganos grecorromanos (Celso, Zósimo, Juliano el Apóstata…), de los diferentes heresiarcas medievales y de los polemistas judíos y musulmanes. Pero la polémica anticatólica se acentuó y cobró una especial virulencia en la segunda mitad del siglo XVI, cuando las discusiones entre católicos y protestantes invadieron también el campo historiográfico y literario, surgiendo entonces todo un modelo de difamación sistemática de la Iglesia.

Más en concreto, encontramos el origen del discurso anticatólico actual en la llamada leyenda negra, un conjunto de acusaciones contra la Iglesia y la monarquía hispánica que se generó y se desarrolló en Inglaterra y Holanda, en el curso de la lucha entre Felipe II y los protestantes.

El anticatolicismo llegó a ser, con el tiempo, parte integral de la cultura inglesa, holandesa o escandinava. Escritores y libelistas se esforzaron por inventar mil ejemplos de la vileza y perfidia papista, y difundieron por Europa la idea de que la Iglesia católica era la sede del Anticristo, de la ignorancia y del fanatismo. Tal idea se generalizó en el siglo XVIII, a lo largo y ancho de la Europa iluminista y petulante de la Ilustración, señalando a la Iglesia como causa principal de la degradación cultural de los países que habían permanecido católicos.

En los prejuicios difundidos sobre la historia de la Iglesia se observan dos elementos básicos y, en no pocas ocasiones, íntimamente entremezclados: la visión de la Iglesia medieval y moderna como una institución oscurantista, reaccionaria y enemiga de todo progreso intelectual o social; y su caricaturización como una fuerza represiva e intolerante, enemiga de los derechos humanos y promotora de las Cruzadas y la Inquisición.

Se suele afirmar, por ejemplo, que las Cruzadas fueron guerras de agresión provocadas contra un mundo musulmán pacífico. Esta afirmación es completamente errónea. Ahora mismo tenemos en nuestras pantallas una película, El reino de los cielos, bastante proclive a esta angelización de los musulmanes del medievo. Pero lo cierto es que, desde los mismos tiempos de Mahoma, los musulmanes habían intentado conquistar el mundo cristiano. E incluso habían obtenido éxitos notables. Tras varios siglos de continuas conquistas, los ejércitos musulmanes dominaban todo el norte de África, Oriente Medio, Asia Menor y gran parte de España. En otras palabras, a finales del siglo XI, las fuerzas islámicas habían conquistado dos terceras partes del mundo cristiano: Palestina, la tierra de Jesucristo; Egipto, donde nace el cristianismo monástico; Asia Menor, donde san Pablo había plantado las semillas de las primeras comunidades cristianas... Estos lugares no estaban en la periferia de la cristiandad, sino que eran su verdadero centro.


¡Así se escribe la Historia!

Otro lugar común de la leyenda negra anticatólica es –no podía ser de otro modo– la acción de la Inquisición en la Edad Media y la Moderna. Por ejemplo, todo el mundo ha oído hablar del caso de Galileo Galilei, casi siempre de modo deformado, ya que no se suele explicar que el sabio italiano apenas sufrió otro castigo que un cómodo arresto domiciliario en un palacio cardenalicio. Por el contrario, son pocos los colegiales que saben que Antoine Lavoisier, uno de los fundadores de la Química, fue guillotinado a causa de sus ideas políticas, por un tribunal durante el Terror jacobino, al grito de ¡La Revolución no necesita científicos! No olvidemos tampoco que, en Ginebra –la Meca del protestantismo–, Juan Calvino no dudó en mandar a la hoguera al ilustre descubridor de la circulación de la sangre, nuestro compatriota Miguel Servet. El científico aragonés fue tan sólo una de las quinientas víctimas de diez años de intolerancia calvinista en una ciudad con apenas diez mil habitantes. Con esta proporción brutal de represaliados, la Inquisición española habría debido quemar ¡un millón de personas cada siglo! –en realidad, fueron tres mil en trescientos años–. Aun así, Torquemada ha pasado al argot popular como sinónimo de intolerancia, y Calvino es ponderado por muchos como uno de los padres de las democracias liberales del norte de Europa.

Un ejemplo reciente de cómo la leyenda negra ha cobrado nuevos bríos últimamente lo hallamos en el ya mencionado Código Da Vinci. Su autor, Dan Brown, deja caer que la Iglesia habría quemado a cinco millones de brujas (p. 158), cuando todos los especialistas, con Brian Pavlac a la cabeza, limitan la cifra a 30.000, a lo sumo, para el período 1400-1800 (por cierto, el 90% víctimas de la Inquisición protestante, y no de la católica).

Esto conecta con el ominoso concepto de Gendercide (genocidio de las mujeres), que han acuñado el feminismo y el lesbianismo radicales en las universidades norteamericanas. Esto es, la criminalización de la Iglesia católica, que cargaría con una mancha histórica tan negra como el Holocausto nazi. De la misma forma que el nazismo ha quedado desacreditado para siempre jamás por su ejecutoria asesina contra los judíos, la Iglesia carecería de toda legitimidad como institución por su pasado criminal en relación a las mujeres. Barbaridades como ésta se leen y se escuchan en algunos departamentos de Gender studies de los Estados Unidos.

No en vano, el Código Da Vinci se basa en una serie de absurdas creencias neo-gnósticas y feministas que entran en oposición directa no sólo con el cristianismo, sino con la Historia académica tal y como es enseñada en todas las universidades respetables del mundo. Mucho se ha hablado de la inverosímil hipótesis de Dan Brown de que Cristo y María Magdalena estaban casados y tuvieron descendencia, pero eso sólo es la punta de un iceberg de disparates. Convenientemente camufladas tras la atractiva trama narrativa propia de un thriller policíaco, el autor va deslizando aquí y allá ideas propias de una cosmovisión que enseña que el cristianismo es una mentira violenta y sangrienta, que la Iglesia católica es una institución siniestra y misógina, y que la verdad es, en última instancia, creación y producto de cada persona.

La realidad, como es

Volviendo al espinoso asunto de la Inquisición, si queremos ser rigurosos, hay que señalar que el Santo Oficio era un tribunal dedicado a investigar si entre los católicos había herejes, un tema gravísimo entonces, al que ahora no se da importancia porque las sociedades no son confesionales. Pero es que entonces las disputas teológicas daban lugar a guerras y conmociones sin cuento (las guerras de religión en Europa provocaron un millón de muertos entre 1517 y 1648). Por consiguiente, la Inquisición era un instrumento básico para el mantenimiento de la paz en un reino. Por otro lado, un hecho no suficientemente conocido es que la Inquisición no tenía jurisdicción alguna sobre los no bautizados. Por tanto, ni judíos ni musulmanes podían ser juzgados, detenidos o acosados por la Inquisición.
Ciertamente, el Santo Oficio usaba el tormento como todos los tribunales de la época, pero generalmente con mayores garantías procesales, ya que se realizaba siempre en presencia del notario, los jueces y un médico, y sin que se pudieran causar al reo mutilaciones, quebrantamiento de huesos, derramamiento de sangre ni lesiones irreparables. Finalmente, hay que llamar la atención sobre el hecho de que la mayoría de las penas eran de tipo canónico, como oraciones o penitencias. Las condenas a muerte fueron rarísimas, y sólo en casos muy graves sin arrepentimiento, pues si había arrepentimiento había indulgencia con el reo. Como ya se ha dicho, en sus tres siglos de historia, la Inquisición ajustició a unos 3.000 reos (de un total de 200.000 procesados). Esta cifra, con ser alta, representa tan sólo la décima parte de los asesinados en Francia por el régimen del Terror jacobino en el periodo 1792-1795. Es decir, en tan sólo tres años, los hijos de la Ilustración iluminista habían multiplicado por diez las víctimas fruto de trescientos años de actuación de la Inquisición católica. ¿Y quien se atreve hoy en día a mentarle este hecho a un defensor de la democracia liberal, cuyos fundamentos mismos sentó la Revolución Francesa? ¿Por qué, entonces, tenemos los católicos que aguantar día sí día también que algunos sectarios nos recuerdan la Inquisición cada vez que nos identificamos como hijos de la Santa Madre Iglesia?

Alejandro Rodríguez de la Peña

lunes, 9 de agosto de 2010

HA MUERTO DON ANTONIO LEAÑO 10 de enero de 1916 – 3 julio de 2010

El deliberado titulo Don Antonio, con el que abrimos nuestra crónica fúnebre, tan castizo y distintivo en nuestra Madre Patria, tiene una connotación especial y no se le aplica a cualquiera. Denota respeto y distinción y aquel a quien la voz pública se lo otorga, es porque lo ha merecido por su trayectoria de gente de bien, su hidalguía y su señorío. Es el caso de Antonio Leaño, pero se equivocaría quien imaginara un personaje distante y engreído, pues consciente de su responsabilidad y logros aunaba a ellos una modestia y simpatía que lo hacía accesible para quien lo trataba.

Con un fino sentido de la dignidad de las personas lo mismo pudo tratar con el más sencillo empleado de la Universidad que con los muchos Presidentes de la República que le tocaron en su trayectoria; y todas las personas valoraron su estilo y personalidad indiscutible y lo recuerdan con afecto y admiración.

Conocido en muchos ámbitos por sus logros como fundador de una Universidad, como empresario exitoso, como hombre público de convicciones profundas e inocultadas, como audaz o como líder social de dotes innatas, tuvo por sobre todo esto la cualidad muy distinta y muy honrosa de haber estructurado toda su actividad y su vida sobre las bases de un catolicismo activo y militante del cual vemos ya muy rara vez en nuestro laicizado contexto manifestaciones tan definidas y valientes. Polémico para algunos por ello, pero respetado por amigos y adversarios por su firmeza y su gran coherencia de pensamiento y acciones, es un ejemplo para muchos en esta época de relativismo en la que nada es malo, todo es bueno y no hay valores referentes.

La vivencia de sus convicciones nunca la constriñó al ámbito privado y una anécdota de un acto meramente académico nos da indicios de esa coherencia. Al finalizar un espléndido discurso a una generación de nuevos médicos de la Universidad, ante una numerosa cons, al desearles a los nuevos médicos el éxito profesional, lo termina nada menos que con una cita del viejo Catecismo de Ripalda para recordarles sin lugar a dudas que “El fin del hombre es amar y servir a Dios en esta vida para después verlo y gozarlo en la otra…”

Las crónicas de su vida –narrada ya en varias reseñas periodísticas con motivo de su deceso- nos cuentan hazañas juveniles que nuestra adormilada capacidad de asombro debe reconocer que rayan en lo increíble como la de crear audazmente una universidad al lado de su hermano Ángel Leaño, ambos de escasos veinte años, partiendo de la nada, sin recursos económicos y teniendo al poderoso mundo oficial y político de 1934 en contra.

Los motores de los hermanos Leaño eran: una Fe temeraria en Dios así como en los hombres; y unas convicciones profundas heredadas de su padre, un católico visionario quien formo en ellos el espíritu de lucha con una orientación recta.

Hubo en Antonio Leaño un acentuado sentido familiar que lo hizo no sólo padre de su propia familia, sino centro de un clan familiar que le reconocía su liderazgo y personalidad, y que fue objeto de su generosidad prodiga en consejos y apoyos. Y hay que resaltar que a pesar de lo numeroso del grupo, su atención alcanzaba a llegar en forma personal a cada uno de los integrantes. Esto creo un sentido de unidad y lealtad que ha perdurado por encima de diferencias y de el hay ejemplos notables. El tema de Dios, Patria y Familia en su caso no fue un simple lema, sino la expresión más acabada de su actuar ante la vida.

Entre las muchas palabras y discursos que se han oído con motivo de su desaparición física hay un hermoso elogio que lo describe como un hombre generoso al cual nadie que se acercó solicitando su ayuda o apoyo y salió sin recibirlo, y hay que decir que fueron muchos. Y lo más notable es que por su modestia y discreción, no quedaron registros ni se sabrá lo que hizo por muchos familiares, amigos, colaboradores, estudiantes y organizaciones sociales. Gracias de todas maneras y en nombre de cada uno Don Antonio.

Aunque hacía tiempo se había retirado de la vida pública. Y por ello se le veía poco, su partida ha sido muy sentida pues deja un hueco muy grande en su familia y en su patria; deja una trayectoria social y empresarial notable que admirar y seguir, y deja un ejemplo de convicciones, hombría y valor en todo sus actos.

Juan Ángel Leaño Aceves.

Nuestra humilde oración por Don Antonio Leaño y el más sentido pésame a toda su ejemplar familia. Página dedicada a dar el último adiós y homenaje a Antonio Leaño